Espíndola, el pibe de Rojas, metió el gol del Pueblo Viejo y mandó a la Argentina a la final del Suramericano
El seleccionado Sub-18 de Placente venció 1-0 a Perú en Rosario con un remate a un minuto del final y ahora va por la dorada frente a Paraguay, el único que lo había derrotado en el torneo
Una final se define como se define un asado en barrio: cuando todos ya están por levantarse de la silla, alguien tira el dato que cambia todo. Así jugó otra vez esta Argentina de Placente, que viene haciéndose fuerte en el cierre de los partidos como si tuviera un pacto con los últimos minutos. El de este miércoles en el Coloso del Parque fue otro capítulo de esa novela: el equipo se moría de sed frente a un Perú que se plantó con las dos líneas juntas y la mandíbula tensa, hasta que apareció el pibe que nadie tenía en la libreta. Santiago Espíndola, de 18 años, nacido en Rojas, criado en el Club Argentino y moldeado en River, agarró una pelota que sobraba afuera del área y la mandó a guardar junto al palo. Gol a los 89. 1-0. Y al Estadio Newell's Old Boys se le cayó la última lágrima.
Otra vez el Verdinegro, el equipo del Pueblo Viejo, sacó adelante una final con la fórmula que ya es marca registrada en estos Juegos Suramericanos Santa Fe 2026. Ya lo había hecho frente a Uruguay, cuando Joaquín Domínguez Ávila facturó a falta de un cuarto de hora para otro 1-0 ajustado. Ya lo había hecho contra Venezuela, cuando Ramiro Tulián clavó el 1-1 en el minuto 94 y mandó la historia a penales. Tres partidos al hilo resolviendo en el epílogo. Si esto fuera una película, dirían que el guion es repetitivo. Si fuera un DT rival, diría que es preocupante. Si fuera este columnista, diría que mientras dure, se disfruta.
Cómo se cocinó el gol y cómo se paró Placente
La jugada del gol fue de manual, pero de esos manuales viejos que casi nadie relee. Saque lateral en campo peruano, pelota que picó en el área, rebote que cayó a metros del borde, y Espíndola -que había arrancado como mediocampista central junto a Facundo Carrizo y terminó siendo el único cinco tras el ingreso de Uriel Ojeda- la tomó de volea y la puso junto al palo. Antes de eso, la Argentina había hecho el gasto: cuatro o cinco mano a mano desperdiciados por Domínguez Ávila, que se fue con la espina de no haberla metido él, y un dominio que no se traducía en el marcador. Perú, mientras tanto, esperaba agazapado como gato en el patio, listo para pegar un zarpazo. No llegó a tiempo. Casi llega, eh: el arquero Díaz se llenó la boca de aire en el descuento. Pero el reloj, por una vez, le dio la derecha a los de Placente.
El dibujo inicial del DT fue un 5-2-3 con los laterales Thiago Pérez y Matías Salas pisando fuerte por los costados, y arriba un trío con Subiabre, Domínguez Ávila y Tulián. Espíndola y Carrizo fueron los duales del medio. En el complemento, Ojeda entró por Carrizo y el esquema se reacomodó sobre la marcha, como en cualquier potrero cuando alguien se cae y hay que cubrir un hueco. Funcionó. Espíndola, que venía de jugar los cuatro partidos del torneo -290 minutos en una semana-, se bancó el doble rol y terminó coronándolo con la mejor noticia del día.
La final ya tiene rival y tiene historia
- Paraguay será el rival del viernes a las 15, en busca de la medalla dorada de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026.
- Los guaraníes llegaron a la final tras ganarle 1-0 a Chile en la otra semifinal.
- En el debut del torneo, la Albirroja se impuso 2-1 sobre la Argentina: fue la única derrota del conjunto de Placente en lo que va del campeonato.
- El ganador se llevará el oro y se subirá a lo más alto del podio en Santa Fe; el perdedor, la plata y un sinfín de preguntas.
Hay algo de justicia poética en que el destino haya puesto otra vez a Paraguay en el camino. Los del Pueblo Viejo perdieron en el debut y desde entonces no volvieron a tropezar. Ahora les toca cruzarse con el único que los hizo morder el polvo. Es como si el torneo les hubiera guardado la última silla, la que está reservada para el que va a terminar definiendo el cuento.
El pibe que vino de Rojas y se crió entre enganches
Espíndola no es un nombre que circule en la mesa de los domingos, todavía. El muchacho llegó a River a los 13 años, cuando todavía jugaba de enganche en el Club Argentino de su pueblo. En el club de Núñez lo pasaron al mediocentro y en la Reserva se ganó el puesto. Este Suramericano, para él, fue una montaña rusa: arrancó entrando desde el banco en el debut, se ganó la titularidad en el segundo partido y de ahí no se la sacó nadie. Cuatro encuentros, 290 minutos y el gol que vale una final. Con 18 años y un apellido que todavía suena a promesa más que a realidad, ya tiene en la mochila un tanto que va a salir en cada compacto de acá a 2030.
“Buscamos sostener el esfuerzo con encuentros cada dos días, y la alegría de haber convertido el gol de la clasificación es enorme para todo el grupo”Santiago Espíndola, mediocampista de la selección argentina Sub-18
Si me dejan tirar un pronóstico, y con el derecho a errar que siempre me reservo, me la juego: el viernes, a las 15, en Santa Fe, la Argentina va a sacar otra vez el gol del final, otra vez a hacer hinchar el pecho a último momento, otra vez a ganarlo por la mínima. Es una corazonada, claro. Pero este equipo ya nos enseñó que cuando el reloj entra en descuentos, conviene no cambiar de canal. Si me equivoco, ya sabemos dónde nos leemos.
