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Gasly le pasa la pelota a Colapinto: en Monza, el francés apuesta al pibe y se acuerda de su propia gloria

Pierre habló antes del Gran Premio de Italia, se puso cariñoso con el pilarense y se dio el gusto de recordar que él, en este mismo circuito, supo ganar. Mientras tanto, el equipo sigue sumando piezas y rascándole puntos a Racing Bulls.

Por Facundo YacanteDeportes · 3 de septiembre de 2026 · hace 2 h

A veces la vida se parece a esas cenas de fin de año donde alguien se sienta a la mesa y, de repente, te dice que está conforme con cómo vienen las cosas. Algo así se sentó Pierre Gasly en el paddock de Monza, ante los micrófonos que siempre andan dando vueltas, y se despachó con una definición que, si uno la piensa un segundo, suena casi a manual de convivencia: estamos trabajando bien juntos. Así, sin anestesia. El francés se permitió elogiar a Franco Colapinto, ese pibe al que el pueblo racingero ya empezó a llamar simplemente "el de Pilar", aunque los más fanatizados siguen diciendo "el pilarense" como si fuera un título nobiliario.

Lo que pasa es que Alpine acaba de confirmar lo que en los pasillos de la Fórmula 1 se venía masticando desde hace semanas: Colapinto sigue. La escudería lo mantiene para 2027, lo cual en este rubro equivale a decir "te banco un par de temporadas más". Y Gasly, lejos de esquivar el tema, lo sacó a la palestra con una sonrisa que se le notó a kilómetros. "Me alegro por Franco", arrancó. Y enseguida completó: "Creo que él ha aprendido mucho durante estos últimos dos años en la Fórmula 1". Dos años no es poca cosa. Es, en este negocio, casi una era geológica.

Monza, ese lugar donde los fantasmas aparecen

Pero hablemos de Monza, porque acá la cosa se pone interesante. Monza es para la Fórmula 1 lo que el Monumental es para el fútbol: un templo donde las leyendas se reciclan y los recuerdos te pueden morder en cualquier momento. A Gasly le pasa eso. En este mismo trazado, allá por 2020, cuando todavía el mundo era otro y el coronavirus apenas asomaba, el francés ganó su única carrera en la categoría. Sí, una sola. La del domingo que el cielo de Italia se tiñó de rosa con un AlphaTauri que no tenía nada que perder y todo por ganar.

“Monza es especial. Mi primera victoria aquí hace que todo sea aún más especial. Entrar al circuito, al paddock y sentir esa energía especial.”Pierre Gasly

Así lo dijo él, con esa solemnidad que sólo tienen los pilotos cuando hablan de los circuitos que les prestaron una alfombra roja. Y ahora, cinco años después, vuelve con otro auto, con otra vida y, sobre todo, con otro compañero de garage. Que es argentino. Y que, según cuentan los que miran de cerca, viene madurando a fuerza de carreras, de errores y de esas discusiones internas con ingenieros que nunca salen en la cámara.

Lo que aprendieron en Zandvoort y lo que viene

  • En el Gran Premio de Países Bajos, Alpine metió mejoras que ahora también tendrá Colapinto. O sea, dos pilotos con la misma actualización, algo que en la Fórmula 1 no es menor: a veces las piezas valen oro y el que las prueba primero marca el camino.
  • Gasly terminó octavo en la carrera sprint y décimo en la carrera principal. Puntos al hilo, algo que para una escudería media como Alpine significa oxígeno puro.
  • El francés reconoció que el formato sprint les jugó en contra: "Fue complicado realmente sacarles el máximo provecho, al ser un fin de semana con formato sprint". La queja clásica de un piloto cuando tiene poco tiempo para ajustar lo que recién llega al auto.
  • Y agregó, con tono de mecánico que mira el horizonte: "Aprendimos mucho y me siento más cómodo en el coche, con más potencial". Traducción: la cosa viene mejorando, despacio, pero viene.

Acá entra el tema del campeonato de constructores, que es donde a Alpine se le cocina la cosa. Racing Bulls, el equipo de Red Bull que muchos llaman "la academia", viene peleando el quinto puesto. Y Gasly lo sabe. Por eso tiró la frase que los estrategas de cualquier equipo adoran escuchar: "Antes del verano habíamos quedado por detrás del top 10 y no teníamos todo el potencial para luchar por los puntos. Ahora estamos nuevamente ahí arriba". Ahí arriba. Con todas las comillas que se quieran, pero ahí arriba.

Yo, la verdad, miro todo esto con una mezcla de ternura y de sana envidia. Ternura, porque ver a un piloto francés bancar a un piloto argentino en pleno corazón europeo tiene algo de película de sobremesa. Sana envidia, porque mientras algunos andamos cambiando de opinión sobre cualquier cosa, estos dos muchachos están aprendiendo a sacarle décimas a un auto que hace dos meses no les daba ni los buenos días. Y todo eso en un ambiente donde los contratos se firman a las apuradas, las cámaras te graban cada gesto y los mecánicos te cambian las ruedas en dos segundos.

Monza, entonces, se presenta como esa sobremesa italiana donde los platos van llegando uno tras otro. El viernes, con la tanda de entrenamientos. El sábado, con la clasificación. Y el domingo, con la carrera principal, esa que vale por tres en cualquier estadística. Alpine llega con el viento a favor, con las mejoras probadas, con un Gasly que en este circuito sabe ganar y con un Colapinto que, si le prestan el auto como a su compañero, puede dar la sorpresa que los argentinos esperamos cada quince días.

¿Puede Alpine aprovechar este envión y meterse de lleno en la pelea por el quinto puesto? Puede. ¿Puede Gasly volver a subirse a lo más alto del podio en su circuito fetiche? Eso ya es más complicado, porque la diferencia con McLaren, con Mercedes y con Ferrari sigue siendo un océano. Pero ojo: en la Fórmula 1, las casualidades existen. Y Monza, históricamente, fue el circuito donde las casualidades se disfrazan de hazañas. Si me preguntan a mí, el pronóstico me lo reservo: ya aprendí que en este rubro, errar es gratis y pronosticar es un deporte de riesgo. Lo que sí puedo asegurar es que el fin de semana va a ser movido, que el público italiano va a poner la mística que siempre pone y que, en alguna curva, el nombre de Colapinto va a sonar por los parlantes como si fuera el de un vecino del Pueblo Viejo que se mandó una genialidad.

FY

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