Hidratarse no es solo tomar agua: claves para reponer lo que el cuerpo pierde según el contexto
La sed, las comidas y el agua suelen alcanzar para el día a día, pero una gastroenteritis o un entrenamiento largo cambian la ecuación. Especialistas y organismos internacionales marcan las diferencias entre bebidas deportivas, sales de rehidratación y la hidratación de rutina.
Son las diez de la mañana en la farmacia de la esquina y Marta, vecina del barrio La Estación, repite la misma duda de cada verano: si a su nieto le cae mal el agua de la canilla, ¿una bebida deportiva sirve para reponerlo? La pregunta, que parece simple, esconde una confusión que atraviesa a la mayoría de los pacientes que atiendo en el mostrador cada semana. Acá en Chimbas, la gente toma lo que tiene a mano y recién consulta cuando el cuadro se complica.
La regla general es bastante tranquila: el agua, sumada a una alimentación variada, alcanza para mantenernos hidratados en la vida de todos los días. No hace falta salir a comprar suplementos ni bebidas especiales cuando uno está sano, come con regularidad y presta atención a la sed. Los minerales que el cuerpo necesita para funcionar se consiguen sin grandes esfuerzos a partir de las comidas cotidianas.
Los electrolitos que ya están en la mesa
Estos minerales, que los especialistas llaman electrolitos, cumplen tareas silenciosas pero claves: distribuyen el agua en el organismo, hacen funcionar los nervios y permiten que los músculos se contraigan y se relajen como corresponde. El potasio llega a través de frutas, verduras y legumbres; el calcio y el magnesio se obtienen de lácteos, semillas, frutos secos y algunos vegetales; el sodio y el cloruro entran principalmente con la sal y los alimentos procesados.
Cuando no hay pérdidas importantes de líquidos, ya sea por sudor, vómitos o diarrea, no hay beneficios demostrados en sumar esos minerales mediante suplementos. El organismo, en condiciones normales, regula su propio equilibrio y un consumo extra puede alterarlo en lugar de ayudarlo.
Cuando la diarrea cambia todo
El escenario cambia de manera notoria cuando aparece una gastroenteritis. Una bebida deportiva, por más publicidad que tenga, no equivale a una solución de rehidratación oral. La Organización Mundial de la Salud y Unicef recomiendan sales con proporciones definidas de glucosa y electrolitos para prevenir o tratar la deshidratación vinculada con ese cuadro. Su función es distinta de la que cumplen las bebidas destinadas a acompañar el esfuerzo físico.
La explicación es más concreta de lo que parece: la glucosa ayuda al intestino a absorber sodio y agua, y por eso esas soluciones incluyen una combinación precisa que también aporta cloruro, potasio y citrato. La diferencia no es un detalle ni un marketing: es la razón por la que un chico con diarrea puede tolerar una fórmula y no otra.
Si el cuadro viene con confusión mental, desmayos, vómitos que no paran, imposibilidad de beber o signos de deshidratación grave, no hay bebida que reemplace la consulta médica. Elegir un producto por cuenta propia, en esos casos, puede hacer perder horas valiosas.
El deporte prolongado: otro terreno
El terreno del ejercicio tampoco admite respuestas universales. El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte señala que las bebidas con carbohidratos y electrolitos pueden ofrecer ventajas durante esfuerzos prolongados, sobre todo cuando se superan los sesenta minutos con calor o humedad elevada. Para entrenamientos más cortos, la evidencia de diferencias frente al agua pura es bastante escasa.
La cantidad a reponer tampoco es la misma para todos: la sudoración y la pérdida de sales varían según la persona, la temperatura y la intensidad del esfuerzo. Y beber de más también trae sus riesgos, porque puede modificar los niveles de sodio en sangre, especialmente en actividades muy largas.
Marta se va de la farmacia con su sobre de sales en el bolso y la indicación escrita, porque dice que de memoria se le olvida. Antes de irse me pregunta, ya en la puerta, si a ella, que camina todos los días hasta la plaza, le alcanza con el agua del termo. Le digo que sí, que beba cuando tenga sed y que coma tranquilo, que para eso están las frutas y la sopa de la noche. Se va conforme. Y eso, muchas veces, es lo que la gente espera cuando se acerca a preguntar: una respuesta simple, honesta y a la medida de lo que vive.
