Jonathan Lipnicki se saca el traje de niño prodigio para meterse en la piel de un depredador en Primetime
El actor que el mundo conoció como el hijo de Tom Cruise en Jerry Maguire y como Stuart Little presenta en el Festival de Venecia un thriller psicológico dirigido por Lance Oppenheim, donde Robert Pattinson interpreta al periodista Chris Hansen. La película reabre el debate sobre los límites éticos de los operativos televisivos contra pedófilos.
A los 35 años, Jonathan Lipnicki ya no es el nene rubio de anteojos que Tom Cruz levantaba en andas en los pasillos de una agencia deportiva californiana ni el ratón blanco que hablaba con acento británico en la pantalla grande. En Primetime, el thriller psicológico que se presentó a comienzos de septiembre en el Festival Internacional de Cine de Venecia y fue ovacionado durante siete minutos, el actor nacido hace tres décadas y media se anima a uno de los papeles más incómodos que un intérprete de su trayectoria puede encarar: el de un adulto que concurre a una cita pensando que va a encontrarse con un menor y termina cara a cara con las cámaras de un programa de investigación.
Una película que nace de un formato televisivo real
El proyecto marca el debut en el largometraje de ficción de Lance Oppenheim, un realizador que hasta ahora se había concentrado casi con exclusividad en el género documental, y se apoya en los operativos reales que el periodista Chris Hansen condujo durante años en la pantalla estadounidense. La mecánica resultaba tan simple como perturbadora: adultos que se hacían pasar por adolescentes contactaban por internet a personas que buscaban encuentros sexuales con menores, acordaban un punto de encuentro y, cuando el sospechoso llegaba al lugar, aparecía Hansen con sus preguntas incómodas y, en muchos casos, la policía detrás de cámara.
En esa lógica se inscribe el personaje que Lipnicki interpreta: uno de esos hombres que cae en la trampa, sorprendido por el conductor cuando intenta concretar lo que cree que será una cita con un chico. Robert Pattinson, por su parte, se pone en la piel del propio Hansen y le pone cuerpo a un profesional que se volvió famoso por hacer televisionadas las miserias más oscuras de la red.
El material que Lipnicki esperaba y la escena que lo intimidó
Lejos de esquivar el desafío, el actor asegura que fue exactamente el tipo de propuesta que venía esperando. Había rezado por un material oscuro, confesó, en una frase que condensa la voluntad de correrse de la imagen de niño prodigio que lo acompaña desde que en 1996, con apenas seis años, se puso en la piel de Ray Boyd, el hijo de Tom Cruise en Jerry Maguire, trabajo por el que ganó un Critics Choice Award y un Young Artist Award y que le abrió las puertas de Hollywood.
“Había rezado por un material oscuro.”Jonathan Lipnicki
La película además le exige una escena de desnudo frontal, un registro que el actor ya había explorado en la obra teatral Lost Girls pero que, en el contexto de este personaje, le resultó particularmente intimidante. No es para menos: la desnudez aquí no es un recurso estético gratuito sino parte de la radiografía de un hombre que queda expuesto en el sentido más literal y más periodístico del término.
- Lipnicki se consagró como niño actor en 1996 con Jerry Maguire, donde interpretó a Ray Boyd junto a Tom Cruise y Renée Zellweger y ganó un Critics Choice Award y un Young Artist Award.
- En 1999 llegó Stuart Little, una de las películas familiares más taquilleras de su generación, con una recaudación cercana a los 300 millones de dólares a nivel global y una secuela posterior.
- Primetime es apenas la segunda película de su etapa adulta que llega a las salas de cine, un dato que ilustra la dificultad de los intérpretes que comenzaron de niños para sostener carreras longevas.
- La película marca el debut de Lance Oppenheim en el género de ficción después de una carrera centrada en documentales, y tuvo su premiere mundial en el Festival de Venecia con una ovación de siete minutos.
Ética, rating y un debate que la película reaviva
Primetime no se limita a reconstruir los operativos: instala una pregunta de fondo sobre los límites del periodismo televisivo cuando se cruza con la intervención policial y la búsqueda de audiencia. Los señuelos eran adultos, las cámaras esperaban y los sospechosos quedaban atrapados en un espectáculo que mezclaba investigación, confesión y castigo mediático. La película de Oppenheim toma ese mecanismo y lo pone bajo la lupa, en un momento en el que las plataformas de streaming y las redes sociales reeditaron, con otras herramientas, la misma tensión entre información, entretenimiento y exhibición del ajeno.
La pregunta que sobrevuela el estreno es tan incómoda como el propio personaje de Lipnicki: cuando un medio de comunicación anticipa un delito, lo provoca y lo filma en vivo, quién es el verdadero protagonista de la escena, el señuelo o el cazador. Venice, la meca del cine de autor, ya le dio su veredicto con siete minutos de aplausos; al público y a la crítica especializada les tocará ahora discutir si Primetime se anima a hacer con su propio formato lo que sus personajes le hicieron a los suyos.
