La Argentina se planta en San Sebastián con dos películas que van por la Concha de Oro
Glaxo, de Benjamín Naishtat, y Mis muertos tristes, de Pablo Larraín, encabezan una delegación que además suma el estreno de Lo dejamos acá, con Darín y Peretti, más una batería de documentales y proyectos en diversas secciones del festival vasco.
Lo de Benjamín Naishtat me tiene particularmente expectante: cada vez que se sube a una película, uno sabe que va a recibir una sacudida. Y esta vez el director de Puesta de blanco y Rojo se viene con todo, con una Glaxo que pone a Lali Espósito en el ojo de la escena festivalera europea, después de haber pasado por Toronto y antes de recalar en Londres, como me contaron los organizadores del encuentro. La película, que se proyecta el domingo en la sala principal del Kursaal, forma parte de esa camada de cine argentino que no le pide permiso a nadie y se anima a discutir los temas más incómodos de nuestra historia reciente.
Pero ojo, porque la verdadera sorpresa de esta edición 74 del Festival de San Sebastián es que la Argentina no llega en chancletas: llega pisando fuerte, con dos títulos en la carrera por la Concha de Oro, ese trofeo que en esta parte del mundo tiene un peso simbólico enorme. La otra candidata es Mis muertos tristes, una coproducción con Chile que lleva la firma de Pablo Larraín, ese realizador chileno que ya nos tiene acostumbrados a las joyitas incómodas. La película se proyecta el lunes, apenas un día después que Glaxo, y tiene como protagonistas a Mercedes Morán y Dolores Fonzi, dos actrices que cuando se juntan en un mismo plano siempre prometen algo memorable. Además, va a estar presente Mariana Enríquez, la autora del libro que dio origen a la historia, lo que le da un condimento especial al asunto porque son esas novelas que cuando las leí me dejaron una marca que todavía me dura.
Lo dejamos acá, con Ricardo Darín
Y como si todo esto fuera poco, el martes llega el estreno mundial de Lo dejamos acá, con Ricardo Darín y Diego Peretti, dos actores que con solo nombrarlos ya sabemos que estamos frente a algo serio. Lo que me llama la atención es que Darín va a estar presente en la función, lo que me parece un gesto lindo de parte de un actor que suele cuidarse mucho de los flashes. Eso sí, hay que apurarse a verla en pantalla grande porque esta es la única oportunidad: su estreno en Netflix está previsto para el 16 de octubre y no va a pasar por las salas argentinas, una decisión que a mí, particularmente, me genera algo de ruido, porque uno siempre prefiere ver este tipo de historias en el cine.
La cosecha completa
Pero la delegación argentina no se agota en la competencia principal, ni mucho menos. En la sección Zabaltegi-Tabakalera se va a ver Pedro en el país, un documental de Naishtat y María Alché que abre esa programación. También están seleccionadas A veces me entra tristeza, otras veces rebelión, de María Aparicio, y El fantasma, de Ignacio Masllorens y David Lamelas. La grilla se completa con Cine vivo, un artefacto, de Albertina Carri, una propuesta que combina un corto, un libro y una performance, y que se va a ver fuera de concurso.
- Viajes y placeres, de Mariano Luque.
- La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti.
- El tren fluvial, de Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale.
Dónde, cuándo y a qué hora
Para los que quieran planificar la visita al Kursaal, que es el corazón del festival en esa ciudad vasca, les paso los datos: las funciones principales empiezan a las 19,30 hora local, aunque conviene chequear la programación oficial porque algunos títulos tienen horarios diferenciales. Las entradas para las galas en la sala principal arrancan en los 12 euros, mientras que las proyecciones en Zabaltegi-Tabakalera y otras secciones paralelas suelen rondar los 5 o 6 euros, con descuentos para estudiantes y acreditados. La apertura oficial está prevista para el 18 de septiembre con Geister, de Fati, así que a marcar el calendario. Eso sí, las funciones de Glaxo, Mis muertos tristes y Lo dejamos acá suelen agotarse rápido, así que lo más sensato es comprar las entradas con anticipación a través de la web del festival. Por lo pronto, lo que les digo es que el cine argentino llega a San Sebastián con argumentos de sobra como para soñar con volver a casa con alguna que otra estatuilla debajo del brazo, algo que ya logró Naishtat en su momento y que ojalá se repita este año, porque estas películas bien lo merecen.
