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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La calle ya le ganó a la encuesta: siete de cada diez argentinos ven la economía en rojo y la mayoría cree que todavía no se toca fondo

El relevamiento de septiembre de Latam Pulse confirma lo que se escucha en cualquier verdulería del conurbano y en las mesas de los pueblos vitivinícolas: el 71% califica la situación del país como mala, el 75% dice lo mismo del mercado laboral y el 60% mira con preocupación la economía de su propio hogar. Para los próximos seis meses, la expectativa dominante es que todo empeore.

Por Agustina QuirogaVitivinicultura y campo · · hace 1 h
La calle ya le ganó a la encuesta: siete de cada diez argentinos ven la economía en rojo y la mayoría cree que todavía no se toca fondo

La encuesta Latam Pulse de septiembre, elaborada sobre 2.067 personas en la Argentina, ofrece una fotografía descarnada de cómo los argentinos perciben su economía cotidiana, y el resultado es mayoritariamente negativo en todas las variables consultadas: situación del país, mercado laboral y economía del hogar. Al evaluar la economía nacional, el 71% respondió que la situación es mala, el 21% la calificó como buena y el 9% como normal, lo que deja un saldo de 50 puntos porcentuales de diferencia a favor de la visión pesimista. La mirada sobre la propia economía familiar también fue desfavorable, aunque con menor intensidad: el 60% la consideró mala, el 20% normal y el 20% buena, con un saldo de 40 puntos negativos.

El mercado laboral concentró, una vez más, la evaluación más dura de toda la serie. Tres de cada cuatro encuestados lo definieron como malo, apenas el 13% lo vio como bueno y el 12% como normal, y la brecha entre percepciones favorables y desfavorables trepó hasta los 62 puntos, un número que cuesta leer sin pensar en los casi cinco millones de personas que, según datos oficiales recientes, tienen problemas de empleo en el país.

Expectativas para los próximos seis meses: la mayoría anticipa que el piso todavía no llegó

Las proyecciones para los próximos seis meses siguen exactamente la misma tendencia que el diagnóstico del presente, y eso es lo que más preocupa a los analistas. El 55% de los consultados anticipa que la economía del país empeorará, el 31% prevé una mejora y el 14% no espera cambios, mientras que sobre el mercado de trabajo el 57% proyecta un deterioro y el 31% una mejora, y en lo que respecta a la economía familiar el 48% cree que irá peor, el 32% que mejorará y el 20% que permanecerá igual. Cuando la mayoría descree del futuro cercano en tres dimensiones distintas al mismo tiempo, el problema deja de ser coyuntural y se vuelve estructural.

La percepción de inflación también creció de manera alarmante: el índice Atlas-CPI de septiembre llegó a 30,6 puntos, frente a los 27,9 de agosto y los 23,7 de julio, lo que marca el valor más alto desde abril. No se trata de una proyección del índice oficial sino de un indicador que refleja cómo sienten los encuestados la evolución de los precios en su vida diaria, y el salto de casi siete puntos en apenas dos meses muestra que el bolsillo lo está registrando antes de que cualquier estadística formal pueda confirmarlo.

El malestar se traduce en consumo, y el consumo en menos trabajo

  • El 58,5% afirmó que reducirá la compra de bienes duraderos en los próximos meses, una proporción que creció 11,3 puntos respecto de agosto, lo que anticipa una nueva parate en sectores como electrodomésticos, automotrices y construcción, todos ellos con fuerte demanda de mano de obra.
  • Solo el 14,2% prevé incrementar ese tipo de adquisiciones, un dato que deja a la reactivación del consumo interno sin base para sostenerse.
  • En la lista de problemas más mencionados, el desempleo quedó segundo con el 44%, apenas por debajo de la corrupción, señalada por el 50,3% de los consultados, y superando a la inflación, mencionada por el 27,8%, un orden que refleja que para los argentinos el flagelo más visible ya no es el precio del tomate sino la falta de un ingreso estable.

En los pueblos del interior, donde la vitivinicultura y la producción primaria marcan el pulso económico de toda la comunidad, esta percepción encuentra un correlato directo: cuando un productor decide postergar la compra de un tractor, un viñatero no renueva los hilos de sus parrales o una bodega frena la incorporación de personal temporario, lo que se está votando en la encuesta es exactamente eso, y el 58,5% de respuestas adversas sobre bienes duraderos es la traducción contable de una desconfianza que ya se vive en las fincas. La pregunta que queda flotando es la de siempre: si los hogares ajustan, las empresas venden menos, y el mercado laboral que el 75% de los argentinos ya considera malo termina de derretirse, quién va a pagar la cuenta de una economía donde la mitad de la población cree, con fundamentos, que lo peor todavía no pasó.

AQ
Agustina QuirogaVitivinicultura y campo

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