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La compra silenciosa de Nintendo que enterró dos películas para adultos durante más de una década

En 1993, la compañía japonesa adquirió los derechos de las parodias pornográficas de Super Mario para que nadie pudiera verlas. La estrategia funcionó durante años, hasta que una copia parcial reapareció en 2009.

Por Agustina QuirogaVitivinicultura y campo · 5 de septiembre de 2026 · hace 1 h

A comienzos de los años noventa, en pleno auge del personaje creado por Shigeru Miyamoto, el director y actor Buck Adams detectó una oportunidad comercial en el fenómeno de Super Mario y produjo una parodia pornográfica de las aventuras del fontanero bigotudo. El rodaje se completó en apenas dos jornadas de trabajo, con un presupuesto cercano a los veinte mil dólares, y el material acumulado resultó tan voluminoso que la producción terminó por dividirse en dos entregas independientes: Super Hornio Brothers y una secuela que llevaría por título King Pooper Returns.

El estreno de ambas cintas coincidió, de manera casi providencial para los intereses de la empresa japonesa, con el lanzamiento de la película oficial Super Mario Bros., dirigida en 1993 por Rocky Morton y Annabel Jankel. Aquella adaptación cinematográfica fue un fracaso rotundo de taquilla y recibió críticas despiadadas en todo el mundo, lo que dejó la imagen de los personajes seriamente dañada en el imaginario colectivo. En ese contexto adverso, la compañía decidió mover ficha también sobre las parodias y adquirió los derechos de ambas producciones poco después de su aparición en el mercado.

Una operación deliberada y silenciosa

La compra se ejecutó con una discreción calculada al milímetro. El objetivo de la empresa no era explotar comercialmente el material ni darle una segunda vida a través de alternativos, sino lisa y llanamente archivarlo para que dejara de circular y no generara publicidad adicional en torno a la marca. La estrategia resultó ser extraordinariamente efectiva: durante años circularon dudas genuinas sobre si aquellas películas habían existido realmente o si se trataba de una leyenda urbana más dentro del folklore de los videojuegos.

Recién en 2009 hizo su aparición en distintos sitios de internet una copia parcial de Super Hornio Brothers 2: King Pooper Returns, que incluía además un resumen argumental de la primera entrega. El actor Ron Jeremy, protagonista de ambas producciones, confirmó públicamente que los derechos pertenecían a la empresa japonesa y que, por lo tanto, no resultaba legalmente posible reeditarlas ni distribuirlas por ningún canal. La película original, la primera de las dos, continúa hasta hoy sin aparecer en ninguna plataforma accesible.

“El episodio quedó como un caso singular en la historia de la protección de propiedad intelectual en la industria del entretenimiento: una empresa de videojuegos comprando cine para adultos, no para distribuirlo, sino para que nadie pudiera verlo.”Análisis editorial

Una mancha que la empresa nunca quiso exponer

  • 1993: estreno simultáneo de las dos parodias y de la película oficial Super Mario Bros., que fracasa en taquilla.
  • Pocos meses después: la empresa japonesa adquiere en silencio los derechos de ambas producciones pornográficas.
  • Más de una década de olvido forzoso, con dudas generalizadas sobre la propia existencia del material.
  • 2009: filtración parcial de la segunda entrega; confirmación del protagonista de que los derechos son de la empresa.
  • La primera película permanece desaparecida y sin posibilidades legales de ser reeditada.

La pregunta que sobrevuela el caso es tan incómoda como inevitable: ¿sabías de la existencia de estas cintas, o fue la empresa lo suficientemente eficaz como para mantenerlas enterradas en el olvido hasta hoy? La respuesta, para miles de fans del fontanero que crecieron creyendo conocer cada rincón de la saga, probablemente sea un rotundo no.

AQ
Agustina QuirogaVitivinicultura y campo

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