Miércoles, 23 de septiembre de 2026
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La isla olvidada: una aventura Filipina donde la amistad se banca cualquier mundo

La nueva película animada de DreamWorks se mete de lleno en la adolescencia, el viaje interno y los recuerdos compartidos, con todo el vértigo visual que pidió la generación que se crió entre los ochenta y los dos mil.

Por Emilio BravoCultura y espectáculos · 23 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Lo dijo una vez un viejo cantor sanjuanino, cuando le preguntaron por qué se aferraba a sus temas de siempre: «uno canta lo que le quedó guardado, y eso siempre vuelve». Esa idea, la de que lo vivido se vuelve a aparecer cuando menos lo esperás, es exactamente el motor emocional de La isla olvidada, la nueva apuesta animada de DreamWorks que llega a las salas con una aventura ambientada en Filipinas. Y la verdad, viéndola con tiempo, se entiende por qué los realizadores apostaron por ese lugar: pocas geografías cargan con tanta mitología propia, tan presente la fantasía en lo cotidiano, como para ponerle color de fondo a una historia que es, en el fondo, de dos chicas aprendiendo a despedirse.

Para los que todavía no la conocen, vale la pena empezar por el lugar antes que por el espectáculo, que es una de las cosas que más me gusta rescatar del cine cuando se toma ese trabajo. La historia sigue a Raissa y Jo, dos adolescentes filipinas que están a punto de tener que separarse, y que de pronto se ven envueltas en una aventura que las lleva a saltar de mundo en mundo, a conocer personajes de lo más variados y, claro, a vérselas con una villana que las persigue a lo largo del recorrido. La dirección está a cargo de Joel Crawford y Januel Mercado, y se nota que este segundo, nacido en el país del que habla la película, conoce de cerca las costumbres, los códigos y hasta el humor que la película va desparramando en cada escena, porque La isla olvidada no usa a Filipinas como un decorado exótico de esos que ya estamos cansados de ver: la incorpora, con sus tradiciones, sus colores y su manera particular de mirar el mundo, como parte indisoluble de lo que se cuenta.

Un relato con vértigo y corazón

El gran hallazgo del guion es entender que la aventura externa funciona como espejo de una interna. Las protagonistas van saltando entre escenarios que parecen sacados de una mezcla entre un videojuego, una serie ochentosa y un sueño compartido, y en cada uno se cruzan con alguien nuevo que las obliga a revisarse. Hay gags visuales a montones, persecuciones que no dan respiro, y ese humor físico que DreamWorks maneja como pocos, pero también hay lugar para los silencios, para las palabras que pesan y para el momento exacto en que una amistad se vuelve el ancla más firme que tienen. La villana no está pintada con trazos simples, y los aliados que se van sumando al grupo tampoco son perfectos ni unidimensionales, algo que se agradece muchísimo en un producto pensado también para un público de cuarenta, cincuenta y sesenta años que va a encontrar más de una resonancia con sus propias separaciones, sus mudanzas y sus vínculos que cambiaron con el tiempo.

“«Uno canta lo que le quedó guardado, y eso siempre vuelve».”Cantor sanjuanino, en una entrevista radial

Donde la película pega más fuerte, al menos en mi lectura, es en el tramo final, cuando lo que se viene sosteniendo desde el principio, esa idea de que los recuerdos compartidos pueden más que cualquier distancia, explota en pantalla con una honestidad que a uno, ya grandecito, lo deja con un nudo en la garganta. No es una historia solemne: hay comedia, hay acción bien resuelta, hay guiños a series ochenteras que van a hacer ruido en la sala, y está todo condimentado con un ritmo rapidísimo que no da respiro. Pero por debajo late algo que a mí, particularmente, me reconcilia con la animación para toda la familia: la idea de que los vínculos que de verdad importan son los que sobreviven a los cambios, incluso cuando esos cambios duelan, incluso cuando ya no podamos volver a ver a alguien como lo veíamos antes.

Dónde verla y qué tener en cuenta

  • Salas de cine comerciales en todo el país, en sus horarios habituales de matinée, tarde y noche.
  • Entradas disponibles en boleterías y en las plataformas digitales de las cadenas que la exhiben.
  • Formato en 2D y 3D, según la sala, con funciones subtituladas y dobladas al español.
  • Apta para grandes y chicos, aunque por sus temas -separación, recuerdos, adolescencia- engancha especialmente a un público de cuarenta para arriba, que es el que más onda le va a encontrar.
  • Para complementar la función, el portal de la película suele incluir tráilers, fichas técnicas y notas de los directores, accesibles de manera gratuita online.

En definitiva, La isla olvidada es de esas películas que uno sale recomendando sin que le pregunten mucho, sobre todo si al otro le gusta la animación bien hecha y las historias que no le tienen miedo a la emoción. DreamWorks acertó con el equipo creativo, eligió bien el lugar y, lo más importante, se animó a contar una aventura donde el motor no es una búsqueda de tesoro ni una guerra contra el fin del mundo, sino algo mucho más cotidiano y, por eso mismo, mucho más universal: lo que hacemos con los recuerdos cuando la gente que queremos cambia de rumbo. Y si alguno de los que está leyendo esto tiene cerca a un adolescente al que quiere arrancarle una conversación sobre la amistad, la separación y todo eso que a los cuarenta, cincuenta o sesenta nos sigue dando vueltas, esta película puede ser un buen punto de partida, palabra.

EB
Emilio BravoCultura y espectáculos

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