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La rompe: Podoroska se metió en una final del WTA después de trece años y ahora va por todo en San Pablo

La rosarina liquidó a Paula Badosa en dos sets y el domingo se mide con la española Kaitlin Quevedo por el título del WTA 250 paulista. De yapa, recupera 118 puestos en el ranking y vuelve a poner a una argentina en una definición del circuito mayor después de una década y pico de silencio.

Por Facundo YacanteDeportes · 20 de septiembre de 2026 · hace 1 h

A veces uno se levanta con la sensación de que el lunes va a ser eterno, mira la cafetera, suspira y se acuerda de que el despertador sonó hace una hora. Bueno, multiplicá esa sensación por trece años y entendé lo que significa para el tenis argentino que Nadia Podoroska haya vuelto a meter a una compatriota en una final del circuito WTA. Porque trece años, che, son los que pasaron desde aquella definición de Bogotá 2013 en la que Paula Ormaechea se topó con Jelena Jankovic y se volvió con las manos vacías. Una eternidad. Y la rosarina, con su derecha cruzada y esa sonrisa que nunca se le va, acaba de cortar la racha.

La del Pueblo Viejo hizo el trabajo en San Pablo con la eficiencia de la gente que sabe que no hay margen: le ganó a Paula Badosa por 6-3 y 6-4 en un partido donde la española, ex número dos del mundo y hoy ubicada en el puesto 70, nunca terminó de encontrar respuestas. Para que te ubiques: la última vez que se habían visto las caras había sido en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (los que se jugaron en 2021, claro está), y también en un cruce del circuito ITF en México en 2014. Badosa tenía el antecedente a favor, pero esta vez fue la argentina la que escribió el libreto.

Un primer set a pedir de la Peque y un segundo set de dientes apretados

La Peque arrancó como si viniera en moto: quebró rápido, se puso dos breaks arriba y manejó la primera manga con la calma de quien paga el alquiler en término. Badosa intentó reaccionar, se arrimó, pero el 6-3 estaba cantado. En el segundo parcial la cosa cambió de color: fueron quiebres y más quiebres, un ida y vuelta que dejó el score 4-4 con dos rupturas por lado. Ahí, con la mandíbula tensa y el aliento contenido, Podoroska consiguió el quiebre decisivo en el décimo game y cerró el match por 6-4. Sin tercer set. Sin sufrimiento extra. Con la efficiency que le faltó durante meses.

El ranking, el salto y la rival del domingo

  • Podoroska arrancó el torneo en el puesto 317 del ranking mundial y ya tiene asegurada la subida hasta el 199, un salto aproximado de 118 lugares.
  • Su mejor marca histórica fue el número 36, alcanzado en julio de 2021, y viene de una inactividad prolongada que la había alejado del circuito.
  • El domingo a las 14.30 la espera Kaitlin Quevedo, española ubicada en el puesto 105, que viene de ganarle a la francesa Anna Blinkova por 6-4, 2-6 y 6-4.
  • Será el primer cruce profesional entre la argentina y la española, así que no hay antecedentes para mirar ni para sacar pecho.

Lo de la semifinal de Roland Garros 2020 ya quedó lejos en el calendario, pero dejó la huella de que esta chica sabe pisar las canchas grandes. Volver a una final del WTA, después de una lesión larga y de un ranking que la había empujado al olvido, tiene algo de revancha personal y algo de hazaña colectiva. Porque no es solo ella: es el tenis femenino argentino entero el que vuelve a tener a una representante en una definición del circuito mayor. Y eso, en un país donde la pelea por la pelota es histórica, se festeja.

Qué esperar de la final ante Quevedo

Si te tengo que ser sincero, y con el permiso de la cábala, veo a la Peque arriba en la final. La veo levantando el trofeo en San Pablo y volviendo al país con un título que le faltaba en el palmarés y con el ranking de vuelta en zona de WTA 1000. Pero ojo, esto es Facundo Yacante firmando desde la platea: la española Quevedo viene con confianza, tiene mejor ranking y de locales en Brasil siempre pasa algo. Me reservo el derecho de errar, como siempre, pero el corazón me dice que esta semana termina con la Peque haciendo historia de la buena. Y si no, por lo menos ya nos regaló una final. Y eso, después de trece años, no es poca cosa.

FY

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