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Zapatillas fuera, líquidos en la bolsa transparente y la puerta de cabina blindada: el legado del 11-S que sigue rigiendo cada vuelo

A un cuarto de siglo de los atentados en Estados Unidos, los controles que entonces parecieron extraordinarios ya forman parte del ritual de cualquier aeropuerto. Un repaso por las reglas vigentes y cuánto tiempo extra conviene dejar antes de embarcar.

Por Emilio BravoCultura y espectáculos · 11 de septiembre de 2026 · hace 1 h

En 2001 yo era un pibe que todavía miraba los aviones con la boca abierta, así que cuando me tocó ponerme a escribir sobre el modo en que el 11-S cambió para siempre la vida en los aeropuertos me agarró una especie de vértigo raro, el de darme cuenta de que muchas de las cosas que hoy nos parecen absolutamente naturales, como sacarse las zapatillas en la fila de Migraciones o guardar el champú en una bolsita transparente con la etiqueta del tamaño de un sello, nacieron literalmente de una tragedia que conmovió al mundo entero, y la verdad es que a veinticinco años vista todavía uno camina por una terminal aérea y se cruza con esos rastros a cada paso sin reparar demasiado en ellos, como si fueran parte del paisaje y no una respuesta a un dolor muy concreto, por eso me parece que vale la pena sentarse un rato a repasar de dónde salieron, qué sentido tienen y, sobre todo, cómo nos conviene hoy a los viajeros argentinos plantarnos frente al mostrador para que el trance no se vuelva un calvario.

Una agencia nueva y un mundo distinto

Después del 11-S la primera decisión concreta que tomó Estados Unidos fue crear la Administración de Seguridad del Transporte, esa sigla TSA que uno ve en las películas y en las propias terminales norteamericanas, una agencia federal que reemplazó a las empresas privadas que hasta ese momento se encargaban de custodiar los aeropuertos, y ese modelo después se fue replicando con variantes a lo largo y a lo ancho del planeta, de modo tal que cuando uno sube a un avión en Ezeiza, en Barajas o en Heathrow, en el fondo está transitando por un protocolo que nació en Washington como reacción directa al atentado, y eso a mí siempre me parece algo que merece la pena tener en mente, porque le quita anonimato al mostrador y le devuelve el peso histórico que tiene.

“Cada regla del aeropuerto, desde los cien mililitros hasta la puerta blindada de la cabina, es la huella de un episodio puntual que el mundo no quiso que se repitiera.”Reflexión de Emilio Bravo
  • Sacarse el calzado antes del escáner, sobre todo cuando se trata de zapatillas voluminosas o botas, una costumbre que nació tras el intento de atentado con explosivos escondidos en los zapatos.
  • Llevar los líquidos, geles y aerosoles en envases de hasta 100 mililitros, dentro de una bolsa plástica transparente con cierre, sin superar un litro total por pasajero.
  • Retirar de la mochila o del bolso los dispositivos electrónicos grandes, como notebooks o tablets, para que pasen por el escáner en una bandeja aparte.
  • No llevar en el equipaje de mano tijeras, cortaplumas ni objetos punzantes, que quedaron prohibidos en cabina después de los ataques.
  • Aceptar que la puerta de la cabina de pilotos está blindada y que no se puede acceder a ella durante el vuelo, una medida que se reforzó justamente a partir de 2001.

Mi recomendación, y la de cualquier viajero con un poco de calle, es bastante terrenal y se resume en un número: tiempo, mucho tiempo, porque los controles más exhaustivos estiran la fila y uno no quiere terminar corriendo por el pasillo con la cinta del equipaje desatada y el corazón en la boca, así que para vuelos internacionales yo siempre calculo al menos tres horas de anticipación y para vuelos de cabotaje dos, y si estamos en temporada alta, que en Argentina suele ser julio, las fiestas y los feriados largos, conviene sumar un margen extra porque cualquier sobrestimación en este tema es infinitamente mejor que una subestimación, y se los dice alguien que alguna vez llegó a Ezeiza con el reloj justo y vio cómo se le escapaba un vuelo a Madrid por hacer fila veinte minutos más de lo previsto, una que uno no olvida más y que, créanme, vale más que cualquier guía escrita.

Ahora bien, en la Argentina la cosa tiene sus particularidades, porque Aerolíneas Argentinas permite viajar con el equipaje de mano según las normas internacionales vigentes pero también con condiciones propias que conviene revisar en la web oficial antes de armar la valija, porque no hay nada más triste que llegar al mostrador y que te digan que ese carry on que tanto querías no entra en las medidas o que ese perfume que metiste con tanto cariño queda fuera de juego, así que ya saben: bolsa transparente, calzado fácil de sacar, electrónica a mano y, sobre todo, paciencia de santo, que al final del camino está el avión, la ventanilla y ese placer enorme de despegar sabiendo que uno hizo las cosas bien y que dejó, en la medida de lo posible, el estrés afuera.

EB
Emilio BravoCultura y espectáculos

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