La servilleta que le ganó al expediente: cuando Barcelona dudó de Messi y Rexach pasó por encima de todos
Tres informes inéditos de los formadores azulgranas, el escepticismo por el físico y una firma que cambió la historia del fútbol mundial.
Hay decisiones que se toman en una servilleta y terminan escribiendo la historia. Digo, a uno le pasa que elige el restaurante del sábado mirando la carta por encima y termina pidiendo un bodrio. Bueno, imagine ahora multiplicar eso por unos cuantos millones de euros y el apellido más pesado del fútbol mundial. Eso fue, ni más ni menos, lo que ocurrió en Barcelona en aquel otoño europeo del 2000, cuando un pibe rosarino de 142 centímetros llegó con una valija llena de dudas ajenas y un talento que, por suerte, alguien decidió ver antes que mirar el cuerpo de Messi. Porque el cuerpo, al menos en los papeles, era un problema. O eso pensaban algunos.
Tres formadores, tres miradas distintas
Lo que se conoció ahora, veintiséis años después, son las evaluaciones que tres captadores del Barcelona le hicieron a Messi cuando apenas tenía 13 años y empezaba a tentar su lugar en las inferiores. Uno de ellos, sin anestesia, escribió una cosa que hoy, leída con perspectiva, suena a disparate absoluto: 'Considero que es un jugador de una calidad técnica indiscutible, pero su limitación física le impide poder competir ahora mismo en su categoría.' Y remató, con mayúsculas y subrayado, como pidiendo que se notara la firmeza: 'CREO QUE NO S'HA DE FICHAR.' Propuso, para colmo, 'seguir su evolución física y volver a probarlo dentro de un par de años'. Dos años. Como si el tiempo fuera un favor que alguien le debía a la historia del fútbol.
El segundo informe, en cambio, fue justo lo contrario. Breve, punzante y con una comparación que, escrita a mano y con birome, suena casi a exageración de hincha: 'Salvando las distancias, es un Maradona (pequeño de edad). Yo lo ficharía, tiene que ir a mucho más. Ya veremos su evolución.' Alguien, en esa oficina, vio lo que otros no supieron ver. Y lo dijo sin vueltas.
El tercero se quedó en el medio, como esos árbitros que no se quieren meter en líos: 'Por su edad, es un jugador técnicamente muy completo, destaca sobre sus compañeros, tiene visión de juego, es ágil, tiene un dribbling muy bueno y un buen pase.' Hasta ahí, una joyita. Pero claro, también aclaró lo que al resto le molestaba: que el pibe no tenía el físico de los rivales. Tres pliegos, un mismo jugador y, otra vez, el viejo debate del fútbol: ¿se ficha lo que se ve o se ficha lo que se intuye?
La servilleta que valió más que cualquier informe
Porque mientras los formularios se cruzaban y las lapiceras dudaban, en algún lugar de un restaurante Carles Rexach, entonces secretario técnico del club, tomó la decisión que cambió todo. El 14 de diciembre del 2000, el hombre firmó el compromiso de incorporar a Messi en una servilleta de papel. Y lo escribió con una frase que hoy pega en el pecho: 'bajo su responsabilidad y a pesar de algunas opiniones en contra.' Lo dijo, en criollo, en un papel que se iba a deshacer con el primer lavavajillas. Y sin embargo, sigue siendo más fuerte que cualquiera de aquellos informes que se conocieron ahora. Rexach le ganó al expediente con una servilleta. Y eso, en este oficio, no es cualquier cosa.
Lo que terminó siendo
El resto ya lo sabemos, pero no está de sobra repasarlo para dimensionar el papelón de los escépticos. Messi debutó en el primer equipo en 2004 y, cuando se fue del club, dejaba en el contador 778 partidos oficiales, 672 goles y 35 títulos. Aquel pibe al que le discutían la complexión terminó midiendo 170 centímetros y se convirtió en el máximo goleador histórico del Barcelona. Superó, incluso, las expectativas del que lo había comparado con Maradona. Porque Maradona fue grande, sí. Pero Messi fue otra cosa. Y eso que en el 2000 no lo podía ver nadie.
Me quedo, si me dejan opinar, con una reflexión que aplica más allá del fútbol: los informes son una guía, no una sentencia. Hablan de lo que se mide, no siempre de lo que se siente. Y a veces, la persona que firma en una servilleta a tiempo termina escribiendo la página más importante del libro. Mi pronóstico, con el riesgo de errar que siempre corro en esta sección: vamos a seguir viendo historias parecidas. Chicos que no entran en el molde, formadores que firman planillas con el cuerpo y dirigentes que se juegan el resto por una corazonada. La diferencia es que esta vez, hace veintiséis años, a la corazonada le pusieron un diez. Y al diez, lo terminaron llamando Messi.
