La "VTV del amor": por qué Rolón insiste en pasarle revista a la pareja cada tanto
El psicoanalista y escritor propuso revisar los vínculos como quien revisa un auto: mirar de frente la costumbre, la resignación y el miedo a estar solo para entender qué sostiene una relación que muchas veces hace sufrir.
Acá en Chimbas, mientras preparo el mate de las diez, me cruzo con Marta, mi vecina de toda la vida, que me sale al paso con una pregunta que le viene rondando desde hace semanas. "Che, Rosana, ¿vos creés que una se queda al lado de alguien nomás porque le tiene miedo a dormir sola?" La pregunta me quedó rebotando en la cabeza hasta que escuché a Gabriel Rolón, el psicoanalista y escritor, plantar casi la misma idea delante de Luis Novaresio: hay relaciones que siguen andando no porque funcionen, sino porque la costumbre, la resignación o el miedo a la soledad las empujan desde atrás. Y entonces me acordé de Marta, claro, y de cuántas veces escuché algo parecido en la esquina del barrio.
Una revisión técnica para los vínculos
Rolón fue al hueso con una imagen bien concreta: la de la VTV, esa revisión obligatoria del auto. La comparación sirve para pensar la pareja como algo que también necesita que uno se detenga, se agache y mire con atención qué tiene flojo, qué hace ruido y qué ya viene aguantando más de la cuenta. Desde su mirada, muchas personas siguen dentro de un vínculo aunque haya aspectos que les desagradan, y lo hacen porque no logran aceptarlos o porque directamente se resignaron. La propuesta, entonces, no es romper ni salvar a ciegas, sino observar qué es lo que sostiene esa continuidad y qué lugar ocupa el malestar en la vida cotidiana de los dos.
Entre los motivos que, según el psicoanalista, empujan a sostener una relación dañina aparece uno que él mencionó sin vueltas: el temor a estar solo. Para Rolón, la compañía de alguien querido ofrece calma, pero no borra toda la experiencia de soledad. Lo dijo con una imagen muy gráfica: hasta un abrazo puede aliviar lo que una persona siente sin terminar de resolverlo. Esa idea me hizo pensar en lo que me contaba Marta la otra vez, cuando me decía que a veces tener al marido al lado en la cama no le alcanza para sacar ese ruido de cabeza que la viene persiguiendo desde hace meses.
“El deseo te incomoda porque te señala la falta. Se desea lo que no se tiene.”Gabriel Rolón
Cuando conseguir lo que se quiere no alcanza
Esa reflexión sobre los vínculos se conecta con otra de las ideas que Rolón desarrolló en la charla: la distancia que existe entre alcanzar algo deseado y dejar de sentir que algo falta. "El deseo te incomoda porque te señala la falta. Se desea lo que no se tiene", resumió, y a partir de ahí armó una lista de búsquedas bien distintas entre sí para mostrar que la lógica se repite en terrenos muy diferentes. Desde una necesidad de lo más cotidiana hasta el anhelo de encontrar una pareja, pasando por proyectos y experiencias fuertes de la vida, el planteo es el mismo: conseguir lo que uno quiere no elimina para siempre la sensación de que falta algo.
- Una necesidad concreta del día a día.
- El anhelo de encontrar una pareja.
- Conseguir un trabajo.
- Alcanzar un éxito profesional.
- Leer un libro.
- Tener un hijo.
El escritor relacionó esa falta persistente con la conciencia de que la vida y los afectos no son para siempre. Para él, convivir con esos límites no es un defecto ni un fracaso: es parte de la experiencia humana. Y ahí vuelve la pregunta de Marta, la de esta cronista y, probablemente, la de más de un lector que esté leyendo mientras toma el café: cuánto de lo que hoy sostiene la propia pareja responde a lo que uno quiere de verdad, y cuánto responde a la costumbre, a la comodidad o al viejo miedo de quedarse a solas con uno mismo. Es una pregunta que no tiene respuesta rápida, pero que, como la VTV del auto, conviene hacérsela cada tanto antes de que lo que no se revisó termine rompiendo solo.
Lo que Marta espera, mientras seca los platos en la cocina, es que alguien le diga en voz alta que revisar no significa tirar todo a la basura. Significa, nomás, animarse a mirar de frente lo que durante un tiempo se eligió no ver.
