Mark Hyman y los hábitos que, según el médico, sostienen las defensas del cuerpo a diario
El médico de familia repasó con la productora Emma Krebs qué priorizar para cuidar el sistema inmunológico: sueño regular, alimentos frescos, movimiento y manejo del estrés. También marcó una diferencia entre entrenar con síntomas leves y parar cuando hay una gripe, y aclaró qué dice realmente el estudio sobre vitamina D y COVID-19.
Acá en Buenos Aires, una mañana cualquiera, uno se cruza con Marta, del barrio de Belgrano, que me pregunta en la verdulería qué tomar para no engriparse. Le digo lo que se repite cada invierno: no hay una fórmula única. Y eso es, justamente, lo que más me sirvió de la conversación que mantuvo el médico de familia Mark Hyman con la productora Emma Krebs: la idea de que cuidar el sistema inmunológico es un combo de hábitos, no una pastilla mágica. La charla giró alrededor de cómo sostener las defensas en la vida cotidiana, y arrancó por una duda muy concreta: qué hacer cuando aparece un resfrío y uno tiene el entrenamiento del lunes en la cabeza.
Hyman planteó dos escenarios que, en la práctica, se mezclan más de lo que uno quisiera. Si los síntomas son leves, dijo, se puede bajar la intensidad y reemplazarla por una caminata o una rutina suave. Si lo que hay encima es una gripe o un malestar fuerte, la recomendación directa fue parar y descansar, no forzarse. Esa distinción importa porque arrastrarse al gym con fiebre suele terminar en reposo igual, pero dos veces más largo. Y acá vuelvo a lo de Marta: no es heroicidad, es criterio.
Sueño, movimiento y cabeza: las tres patas de la propuesta
- Dormir y levantarse en horarios regulares, porque el descanso desregulado pasa factura en la respuesta inmune.
- Mover el cuerpo, sin necesidad de exagerar: la constancia le gana al esfuerzo aislado.
- Hacer lugar al manejo del estrés con meditación, yoga o ejercicios de respiración, tres prácticas que mencionó el médico por su nombre.
Hyman describió su función como una especie de vigilancia interna frente a virus, bacterias y otras amenazas. Lo que más le preocupa, según contó, es el cóctel de descanso insuficiente, estrés acumulado, sedentarismo y problemas intestinales. Cuando se le preguntó por la cocina, la respuesta fue bien concreta: preparaciones con ingredientes frescos, verduras de distintos colores, alimentos fermentados y fibra prebiótica, esa que describió como comida para los microorganismos del intestino. Y la contraparte, también clara: evitar los excesos de dulces y productos procesados, porque ahí es donde la respuesta inmune empieza a hacer agua.
Vitamina D: qué dice el estudio y qué no
Sobre la vitamina D, Hyman fue prudente: lo primero es medir los niveles, porque las cantidades necesarias cambian de persona a persona. El trabajo que se mencionó en la charla se publicó en 2022 y usó registros de Clalit Health Services, en Israel. Lo que encontró es una asociación: los valores por debajo de 30 nanomoles por litro se vinculaban con una mayor probabilidad de cuadros severos de COVID-19. Lo que no hizo ese estudio fue demostrar que el déficit fuera la causa, ni probar que tomar vitamina D prevenga internaciones o muertes. Esa diferencia es la que separa una observación estadística de una recomendación clínica, y vale la pena tenerla presente cada vez que aparece un titular promising con resultados convincentes.
En el tramo final, Hyman mencionó suplementos y preparaciones que él mismo usa, y dejó una aclaración importante: varias de esas intervenciones todavía no están listas para recomendarse de manera general. Esa frontera entre lo que hace uno en su propio cuerpo y lo que se puede decir en una consulta es, justamente, la que nos protege de las promesas fáciles. Volviendo a la verdulería de Marta: si esta semana duerme mejor, se cocina algo fresco y sale a caminar aunque esté congestionada, ya va a estar haciendo más por sus defensas que con cualquier frasco de moda.
