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Mascotas que se acomodan al departamento: por qué los gatos ganan terreno en los hogares argentinos

El último relevamiento de Voices muestra que la convivencia con felinos pasó del 40 al 52 por ciento entre los hogares con mascotas. Especialistas y rescatistas explican qué hay detrás de esa elección y cómo hacerla funcionar en una vivienda chica.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · 16 de septiembre de 2026 · hace 15 h

Acá en Chimbas, en un dos ambientes silencioso donde el reloj marca las seis de la tarde, Limán recibe a su dueño con un maullido corto y se estira sobre el respaldo del sillón. Alejandro, que tiene 27 años y trabaja en una oficina del centro, conoce esa rutina de memoria: cuando llega, deja el bolso, se cambia y se sienta unos minutos con el gato en el balcón. "Son más independientes, pero igualmente necesitan compartir tiempo con alguien", dice mientras le rasca detrás de la oreja, como si fuera un modo de confirmarle a quien escucha que la convivencia no es un trámite, sino un acuerdo cotidiano.

La escena se repite, con variantes, en miles de departamentos del país. Y no es casual: según la consultora Voices, entre los argentinos que tienen mascotas la presencia de gatos trepó del 40 por ciento en 2018 al 52 por ciento en 2026. Los perros siguen liderando, pero su proporción bajó del 88 al 83 por ciento en el mismo período, una diferencia que los especialistas leen como un cambio de época más que como una moda pasajera.

Departamentos más chicos, personas que viven solas

El Censo 2022 de la Ciudad de Buenos Aires aporta una pista: cerca del 40 por ciento de los hogares están integrados por una sola persona y casi tres de cada cuatro viviendas particulares son departamentos. Silvina Muñiz, presidenta de la Asociación de Veterinarios especializados en Animales de Compañía en Argentina, lo resume así: la combinación de gente que vive sola, jornadas laborales extensas y ambientes reducidos empuja la preferencia hacia los felinos, porque se adaptan a superficies chicas, hacen sus necesidades en piedras sanitarias y toleran mejor varias horas solos. Eso no significa que puedan prescindir del vínculo, aclara: necesitan atención, juego y presencia, aunque la demanda sea menos explícita que la de un perro.

Lo que dice el refugio

En Proyecto 4 Patas, un refugio que asiste a gatos en situación de calle, la voluntaria Fernanda Lazzarino insiste con lo mismo que escuché mil veces en los consultorios: la autonomía del gato no equivale a indiferencia. Para que un animal callejero se acostumbre a las personas hay una ventana clave, entre los tres y los cuatro meses de vida; después, construir confianza es posible aunque demande más paciencia. Por eso desde el refugio recomiendan, en cualquier departamento, una lista mínima de condiciones para que la convivencia funcione:

  • Disponer de superficies en altura, como estantes o repisas, donde el gato pueda trepar y observar.
  • Sumar rascadores para que marque território y desgaste las unas sin romper muebles.
  • Ubicar piedras sanitarias en lugares tranquilos y de fácil acceso.
  • Ofrecer juguetes y actividades que estimulen el olfato, como esconder alimento en distintos puntos.
  • Dedicar al menos unos minutos por día al contacto directo, caricias y juego compartido.
“A veces la gente llega con la idea de que el gato se arregla solo. Y sí, se arregla, pero no es feliz si no lo mirás.”Fernanda Lazzarino, voluntaria de Proyecto 4 Patas

Para quienes comparten un departamento con un felino, el mensaje de los especialistas termina siendo parecido al de cualquier convivencia: el espacio chico no es un problema si se compensa con atención. Limán, que ya se duerme sobre la falda de Alejandro, parece confirmarlo sin decir una palabra.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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