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Migraña: la nueva guía que pone al paciente en el centro de la decisión y obliga a esperar antes de cantar victoria

La Academia Estadounidense de Neurología publicó un documento con 17 recomendaciones para prevenir la migraña en adultos. Plantea cuándo empezar, cómo elegir el tratamiento según las prioridades de cada persona y por qué hay que aguardar entre 8 y 12 semanas antes de medir resultados.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · 3 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Acá en Buenos Aires, en cualquier sala de espera de un consultorio neurológico, la escena se repite: una mujer de mediana edad se toca la sien, revisa la agenda del teléfono y le pregunta al médico si ya existe algo que le corte de raíz los días de jaqueca que le arruinan la semana. Esa pregunta, que parece simple, acaba de recibir una respuesta ordenada desde la academia. La Academia Estadounidense de Neurología, junto con la Sociedad Estadounidense del Dolor de Cabeza, publicó en la revista Neurology una guía clínica con 17 recomendaciones para decidir cuándo y cómo prevenir la migraña en adultos, y lo más interesante es que no le baja línea al profesional: lo obliga a sentarse a conversar.

Yo lo leí despacio, porque toca un tema que conozco de cerca por conocidos y por oídas en la sala de espera, y me pareció que vale la pena desgranarlo. La guía parte de una definición concreta: la prevención farmacológica tiene que ofrecerse a quienes tengan cuatro o más días de migraña por mes, o cuatro o más días mensuales con dolor de cabeza moderado a intenso. También alcanza a pacientes con discapacidad importante por la enfermedad, aunque no lleguen a ese umbral. La idea central es que no se trata de apagar un incendio en el momento, sino de bajar la frecuencia y el peso que la migraña tiene sobre la vida cotidiana.

Elegir el fármaco: una decisión compartida, no un receta automática

El documento es taxativo en un punto que a mí me parece clave: no existe una pastilla milagrosa que le sirva a todo el mundo. Los ensayos clínicos disponibles, según los autores, no permiten afirmar que un preventivo sea claramente superior a otro. Entonces, ¿cómo se decide? La guía propone que la elección salga de una conversación que pondere, en conjunto, los antecedentes médicos y psiquiátricos del paciente, la medicación que ya toma, las contraindicaciones posibles, la vía de administración, la tolerancia a efectos adversos, el costo y, sobre todo, las preferencias de quien va a tomar la droga. Es decir: se acabó la época del médico que define solo y entrega la receta.

  • Eficacia: priorizar el fármaco que mejor haya funcionado en el cuadro particular del paciente.
  • Tolerabilidad: elegir el que menos efectos adversos genere en esa persona.
  • Seguridad a largo plazo: sopesar riesgos pensando en años de uso, no solo en el primer mes.
  • Modalidad de administración: considerar si el paciente prefiere comprimidos orales o inyectables, por ejemplo.

Entre los tratamientos con mayor respaldo para la migraña episódica, la guía menciona atogepant, eptinezumab, erenumab, fremanezumab, galcanezumab, propranolol, topiramato y valproato. Para la forma crónica, suma onabotulinumtoxinA. La selección, aclaran los especialistas, varía según lo que priorice cada paciente: eficacia, tolerabilidad, seguridad a largo plazo o modalidad de administración. Es como elegir un plan de televisión: hay opciones para todos los perfiles, pero nadie te garantiza que el más caro sea el que mejor sintonía te deje en tu casa.

Casos especiales y tiempos de espera

El documento también advierte sobre poblaciones que requieren mayor cuidado. En personas con posibilidad de embarazo, recomienda evitar agentes con efectos teratogénicos conocidos, como valproato y topiramato, y privilegiar estrategias no farmacológicas. En pacientes con obesidad, sugiere evaluar topiramato oral; en fibromialgia concomitante, amitriptilina; en hipertensión no tratada, opciones como enalapril o telmisartán. También señala que el ácido valproico puede aumentar el riesgo de síndrome de ovario poliquístico.

Hay un punto que me parece fundamental y que a veces los pacientes no internalizan: hay que esperar entre 8 y 12 semanas antes de evaluar si el tratamiento funciona. Es un plazo largo para quien sufre jaquecas y quiere soluciones urgentes, pero los especialistas insisten en que cortar antes ese tiempo puede llevar a abandonar una droga que, con paciencia, habría dado resultado. Como me dijo una vez Marta, vecina de Boedo, mientras esperaba su turno en el hospital público: «Yo quiero la pastilla que me resuelva hoy, pero el médico me dice que le dé tiempo, y la verdad es que me cuesta». Esa paciencia, dice la nueva guía, es parte del tratamiento.

Lo que la persona espera

La guía, en definitiva, no trae una droga nueva ni una promesa de cura. Lo que trae es un método: criterios claros para empezar, una conversación real para elegir y un tiempo prudente para medir. Para quienes conviven con la migraña, eso significa llegar a la consulta con la expectativa de ser escuchados, de participar en la decisión y de entender que el alivio, cuando llega, llega después de algunos meses de prueba. No es poco, en una enfermedad que suele vivirse en silencio y a contrarreloj.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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