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Nucha migra al interior en busca de una torta menos repartida: Neuquén, Salta y San Juan, en la mira de la cadena

La pastelera fundada por Regina Vaena dejará de crecer casi exclusivamente en el AMBA y proyecta abrir en plazas del interior donde, según la empresa, hay menor saturación de cafeterías de especialidad. En paralelo, admite una caída de entre 10% y 12% en la cantidad de transacciones y un ticket promedio que no acompaña la inflación.

Por Agustina QuirogaVitivinicultura y campo · 7 de septiembre de 2026 · hace 1 h

La cadena de cafeterías y pastelerías Nucha, con más de tres décadas en el mercado argentino, reorientó su estrategia de expansión y puso la mira en el interior del país. Tras años de crecer casi exclusivamente en el Área Metropolitana de Buenos Aires, la compañía apunta ahora a Neuquén, Salta y San Juan, provincias donde, según sus directivos, existe una demanda contenida de marcas reconocidas y una menor competencia de locales de especialidad. El cambio de rumbo llega en un momento delicado: la empresa cerró 2025 con una facturación cercana a los 5.700 millones de pesos, pero registró una caída de entre 10% y 12% en la cantidad de transacciones respecto del año anterior, una señal que sus propios ejecutivos leen como el efecto de un mercado cada vez más atomizado en la región metropolitana.

Laatomización del AMBA y la apuesta federal

Hoy Nucha opera 17 locales en todo el país, de los cuales apenas dos son propios y el resto funcionan bajo el régimen de franquicias. Quince de esos puntos de venta están radicados en el AMBA y la excepción es el local de Río Gallegos, en Santa Cruz. Para lo que resta del año, la firma proyecta cuatro aperturas adicionales en los barrios porteños de Núñez y Saavedra y en las localidades bonaerenses de General Rodríguez y City Bell, pero la novedad pasa por el desembarco en el interior, donde la idea es replicar el modelo en plazas que la compañía describe como ávidas de propuestas consolidadas y con escasa oferta de cafeterías de especialidad. En paralelo, Regina Vaena, fundadora de la marca, acompaña desde su rol institucional este giro geográfico que se apoya, según la empresa, en un trabajo de campo hecho durante los últimos meses.

“En AMBA se atomizó mucho el consumo y la apertura de locales chicos de cafeterías de especialidad está minando los ingresos del resto. El consumo no se expandió, sino que la torta está repartida entre más jugadores. Nuestro plan de expansión está pensado para llegar a lugares que estén ávidos de buenas marcas, pero que no tengan grandes locales ni experiencias de competencias importantes.”Carlos Rava, socio gerente de Nucha

El diagnóstico que traza el ejecutivo es lo suficientemente elocuente como para explicar, por sí solo, el porqué del movimiento federal. La multiplicación de cafeterías de especialidad en la ciudad de Buenos Aires y el conurbano no amplió, según la lectura de Nucha, el tamaño del mercado, sino que redistribuyó una demanda que, además, se contrajo. El resultado es un escenario de mayor competencia por la misma cantidad de clientes y de tickets cada vez más ajustados, una presión que termina empujando a las marcas a explorar nuevos horizontes antes que seguir peleando palmo a palmo en una plaza saturada.

Tickets más bajos, costos más altos y un retorno que se estira

  • Ticket promedio: entre 20.000 y 30.000 pesos, por debajo del ritmo de la inflación según la empresa.
  • Caída de operaciones: entre 10% y 12% interanual, atribuida al menor consumo y a la mayor competencia en AMBA.
  • Costos en alza: servicios y alquileres subieron, según Nucha, por encima del índice de precios, lo que comprimió los márgenes.
  • Inversión inicial para franquiciados: de 120.000 a 140.000 dólares para locales de entre 80 y 100 metros cuadrados.
  • Retorno estimado: entre 20 y 30 meses, un plazo mayor al de años anteriores, cuando se ubicaba entre 20 y 24 meses.
  • Plantas productivas: la producción se concentra en los establecimientos de La Paternal, desde donde se despacharán productos congelados hacia el interior con una frecuencia aproximada de una vez por semana.

La fotografía que dibujan los números resulta, cuanto menos, incómoda para una marca que supo ser referencia de la pastelería artesanal en la ciudad de Buenos Aires. El ticket promedio, que oscila entre 20.000 y 30.000 pesos, no creció al ritmo de la inflación y la cantidad de transacciones se redujo, dos indicadores que, combinados, describen a un consumidor que concurre menos veces, gasta menos por visita y, cuando lo hace, elige opciones más baratas o comparte el gasto con competidores que hasta hace poco no existían en el mismo radio. El propio Rava lo resumió con una fórmula que, en el fondo, describe el corazón del problema: el ticket promedio no subió a niveles de la inflación, hay menos cantidad de operaciones y las personas gastan menos en relación al año pasado.

Sobre ese escenario se monta otro dato que también preocupa: la estructura de costos de la cadena. De acuerdo con lo informado por la compañía, tanto los servicios como los alquileres subieron durante el último año por encima del índice general de precios, lo que terminó deteriorando el esquema de costos de la empresa y obligando a recalcular los plazos de recupero de la inversión para los futuros franquiciados. Quienes decidan sumarse al sistema en el interior deberán desembolsar entre 120.000 y 140.000 dólares para montar un local de entre 80 y 100 metros cuadrados y deberán armarse de paciencia: el retorno estimado se ubica ahora entre 20 y 30 meses, frente a los 20 a 24 meses que la marca manejaba en ejercicios anteriores, una diferencia que en términos financieros puede ser determinante para evaluar la conveniencia del negocio.

En las nuevas plazas del interior, además, la inversión incluye una cámara de congelado que permitirá recibir productos elaborados en las plantas que Nucha posee en el barrio porteño de La Paternal, con envíos que se realizarán aproximadamente una vez por semana. Esa decisión logística no es menor: marca el abandono del esquema de producción y venta diaria propia de una pastelería clásica y la asunción de un modelo industrial-distribuidor para sostener la expansión federal sin resignar estandarización. Es, en los papeles, una salida elegante al problema del AMBA, pero deja planteada una pregunta incómoda que recorre toda la nota y que, por ahora, no tiene una respuesta visible en los balances de la compañía: si los costos suben por encima de la inflación, si el consumidor gasta menos, si la cantidad de operaciones cae de manera sostenida y si los franquiciados tardan más en recuperar lo invertido, ¿quién termina pagando, en definitiva, la cuenta de este nuevo mapa? Porque cuando una cadena pastelera fundada en los años ochenta decide que su futuro está en las provincias porque en la capital la torta ya no alcanza, lo que se está contando es, en realidad, una historia mucho más amplia sobre cómo se reconfigura el consumo argentino en tiempos de apertura importada, bolsillos flacos y una competencia que, lejos de expandirse, se pelea una porción cada vez más chica del mismo plato.

AQ
Agustina QuirogaVitivinicultura y campo

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