Remediar se quedó con seis medicamentos y cientos de miles de pacientes sin su pastilla del mes
El plan nacional que abastecía a los centros de salud pasó de repartir 128 productos a apenas seis, todos para el corazón. Antibióticos, antidiabéticos, jarabes pediátricos y antiinflamatorios dejaron de llegar a los dispensarios de barrio. En las provincias ya alertan por el colapso de los hospitales públicos.
Acá en Chimbas, acá en Rawson, en cualquier barrio del conurbano o del interior profundo, la escena se repite desde hace semanas: una persona llega al centro de salud del barrio con su receta bajo el brazo y le dicen que no hay. Que esa medicación ya no la están distribuyendo. Que vaya probando en el hospital, si puede. El programa Remediar, que durante más de veinte años fue el motor silencioso de la atención primaria en la Argentina, amaneció convertido en otra cosa: pasó de repartir 128 medicamentos en dispensarios, salitas municipales y centros comunitarios a entregar apenas seis, todos ligados a patologías cardiovasculares. El recorte alcanza al 95 por ciento de los productos que hasta hace poco estaban al alcance de la mano de quien no tiene obra social ni prepaga.
Entre lo que dejó de llegar hay de todo lo que se usa en una consulta cotidiana del primer nivel: antibióticos para una angina de pecho, antiinflamatorios para un dolor lumbar, jarabes pediátricos para la tos de un nene, vitaminas, antifebriles y, sobre todo, medicación para personas con diabetes, una de las enfermedades crónicas más extendidas entre los sectores que se atienden en lo público. La decisión, según dejaron trascender los últimos encuentros del Consejo Federal de Salud (COFESA), fue concentrar el programa en lo cardiovascular y dejar el resto del vademécum en el camino. La cifra abruma: de 128 a 6. O, leído de otra manera, 122 medicamentos afuera.
La advertencia de Córdoba
“Desde hace tres años esta parte ha sido cercenada y restringida en forma permanente hasta llegar a este momento. Seguramente va a haber un colapso respecto a ese tema.”Gustavo Klein, secretario de Salud de Córdoba
El funcionario cordobés fue el que salió a ponerle número y apellido al recorte. En declaraciones a la prensa, explicó que la reducción no es de ahora sino que arrancó hace tres años y fue in crescendo hasta quedar en lo que es hoy. Y fue más allá: advirtió que, si los centros de atención primaria dejan de resolver lo que siempre resolvieron, la demanda se va a volcar sobre los hospitales públicos provinciales, que ya funcionan al límite. Klein aclaró que esos hospitales tienen farmacia hospitalaria propia y están operativos, pero aclaró también que absorber el caudal de consultas que atendían los centros barriales es, literalmente, un riesgo de colapso. Por eso la provincia pidió una reunión formal con autoridades sanitarias nacionales para discutir el alcance del tijeretazo. Todavía no hubo respuesta concreta.
Qué se fue y qué queda
- Antibióticos de uso frecuente en la consulta ambulatoria.
- Antiinflamatorios y antifebriles.
- Jarabes pediátricos.
- Vitaminas y suplementos.
- Medicación para personas con diabetes.
- El resto del vademécum histórico del programa.
- Lo único que sigue llegando a los centros de salud:
- Seis medicamentos vinculados a tratamientos cardiovasculares, que son los que el gobierno nacional decidió priorizar.
Lo que cuenta Graciela, vecina del barrio, es la versión humana del mismo cuadro: su marido se atiende en la salita desde hace años, retira la medicación para la presión y para la diabetes ahí nomás, a dos cuadras de la casa. El mes pasado le dieron solo la de la presión. La de la diabetes, le dijeron, tiene que ir a buscarla al hospital regional. Para ella, eso significa juntar dinero para el colectivo, pedirle a una hija que la lleve o directamente suspender el tratamiento unos días hasta juntar lo que hace falta. Yo la escucho y pienso que esa es exactamente la puerta que se está abriendo: la que separa al que puede bancarse el trámite del que empieza a quedarse sin su pastilla del mes. Porque acá, en estos barrios que conozco desde siempre, la salud pública no es un discurso: es la farmacia de la esquina, la doctora que te conoce, la cola a las siete de la mañana para sacar número. Cuando esa farmacia se vacía, lo que se vacía es un pedazo de la vida cotidiana de la gente.
Por ahora, lo concreto es esto: Remediar ya no es el programa que conocimos. Queda concentrado en seis medicamentos para el corazón, y todo lo demás -incluido lo que usan a diario los pacientes diabéticos, los chicos con fiebre y los abuelos con dolor de huesos- pasó a ser problema de los hospitales provinciales o, en el peor de los casos, de cada paciente que tendrá que resolver por su cuenta cómo hace para no quedarse a medias con un tratamiento. La pregunta que sobrevuela las salitas del país es simple y a la vez enorme: qué pasa cuando el centro de salud del barrio deja de tener lo que el barrio necesita. La respuesta, por ahora, la están dando las personas que esperan, con la receta en la mano, a que alguien les explique cómo siguen.
