Resident Evil regresa a la pantalla grande con una historia nueva que se siente como jugar: armas, linterna y sustos a la vieja usanza
Zach Cregger se hace cargo de la franquicia y propone un recorrido por Raccoon City con criaturas mutadas, científicos de Umbrella y la mochila llena de trampas que cualquier fanático reconoce al instante.
Yo sé que cuando uno piensa en Resident Evil se imagina esa mezcla entre tensión, oscuridad y ese corazón que se te sale del pecho cuando das vuelta en un pasillo. Bueno, justamente de eso se trata la nueva película que llega ahora a las salas, porque el realizador Zach Cregger decidió armar una historia original e independiente, pero metiéndole al medio todo lo que los que alguna vez jugamos a la franquicia de Capcom sabemos de memoria: puertas trabadas, balas contadas y criaturas que aparecen cuando uno menos se lo espera. La cita que me resuena en la cabeza es esa frase que el sanjuanino Fernando Pereyra le decía siempre a su público entre tema y tema, como quien avisa que lo que viene es fuerte: "agarrensé fuerte que esto recién empieza". Y la verdad que la descripción del film le hace honor, porque arranca con Bryan, el protagonista, recorriendo Raccoon City y metiéndose en cada lugar oscuro que se le cruza, siempre con la mochila medio vacía y la urgencia de encontrar algo con qué defenderse.
Antes de meternos de lleno en lo que pasa en la pantalla, vale la pena detenerse un segundo en el lugar donde ocurre todo, porque eso ayuda a entender por qué la película funciona como funciona. Raccoon City es esa ciudad fantasma que cualquier fanático tiene pintada en la cabeza: calles vacías, una alcantarilla que nadie quiere cruzar, una granja a las afueras que parece tranquila pero no lo es, y un hospital donde las luces parpadean más de lo que deberían. En el centro de todo está Umbrella, la farmacéutica responsable de los experimentos biológicos que desataron el brote, y en el film los actores Paul Walter Hauser y Zach Cherry se ponen en la piel de dos científicos de esa compañía que andan desesperados tratando de apagar el incendio que ellos mismos encendieron. Esa idea de que el lugar manda, de que la geografía misma del recorrido va empujando al protagonista, es de las cosas que más me gustan de cómo Cregger arma el relato, porque te hace sentir que estás ahí, caminando con la linterna en la mano y el dedo en el gatillo.
Las armas y la munición: el corazón de la supervivencia
Uno de los grandes guiños que la película le tira a los videojuegos está en la economía de recursos, esa sensación de que cada bala vale oro y de que abrir un cajón puede cambiarte la noche. Bryan empieza con lo justo y va armándose de a poco: primero se hace de una pistola, después se cruza con una escopeta y más tarde aparece un rifle de asalto, todo en medio de accesos bloqueados y cerraduras que se resisten a abrirse, que es el clásico recurso de la saga para obligarte a pensar antes de avanzar. Lo lindo es que tener el arma no alcanza, porque en la granja, por ejemplo, el protagonista tiene que salir a buscar cartuchos para poder usar la escopeta, y uno como espectador se queda con esa angustia de saber que tiene la herramienta pero le falta lo imprescindible. A mí, honestamente, eso me llevó de vuelta a las noches de adolescente frente a la consola, contando balas y rezando antes de entrar a una habitación nueva.
- Una pistola, conseguida en las primeras escenas del recorrido.
- Una escopeta, que aparece más adelante y obliga a buscar cartuchos en una granja.
- Un rifle de asalto, que se suma como el recurso más pesado del arsenal.
- Una linterna, indispensable para moverse por la nieve, las alcantarillas y las calles, aunque pueda delatar la ubicación del protagonista ante ciertos enemigos.
Criaturas que se sienten salidas de la consola
El otro gran acierto del film, al menos para quien esto escribe, es el bestiario que Cregger mete en escena, porque no es cualquier cosa: hay un perro que persigue a Bryan adentro de un granero y cuya cabeza se abre para mostrar tentáculos, una criatura que ataca con vómito ácido en el ascensor del hospital y un monstruo compuesto por fragmentos de cuerpos que va sumando restos con sus tentáculos y crece a medida que se alimenta. Eso último, lo del bicho que se agranda, tiene una lógica casi de videojuego, como si cada enfrentamiento te dejara la sensación de que el próximo rival va a ser peor, y la película lo traduce con una plasticidad que en la pantalla grande pega fuerte. Para los que alguna vez jugaron Resident Evil, el viaje arranca en 1996 con Chris Redfield y Jill Valentine atrapados en una mansión llena de zombis y sigue en 1998 con Claire Redfield y Leon Kennedy llevando la historia a Raccoon City, así que lo que hace Cregger es retomar ese universo con escenarios, criaturas y dificultades conocidas, pero con un protagonista nuevo al que uno le toma cariño rápido.
“La saga de Resident Evil empezó en 1996 con Chris Redfield y Jill Valentine atrapados en una mansión con zombis, y en 1998 se mudó a Raccoon City con Claire Redfield y Leon Kennedy como protagonistas.”Material de referencia sobre la franquicia
Dicho todo esto, lo que a mí me queda dando vueltas es que la película no necesita que uno sea un fanático de fierro para disfrutarla, porque el recorrido de Bryan se sigue con tensión y se entiende sin manuales, pero si uno creció jugando, el placer es doble: cada puerta, cada linterna y cada bala contada te devuelven a esas noches en las que el sillón era Raccoon City. En mi caso, salí de la sala con ganas de volver a la consola, que es probablemente el mejor cumplido que le puedo hacer a una adaptación de un videojuego.
Horarios, precios y dónde ir a verla
La nueva película de Resident Evil se proyecta en las salas de cine de San Juan y de todo el país, en horarios que conviene consultar directamente en cada complejo porque varían según la cadena y el día. Las entradas suelen moverse en el rango habitual de los cines comerciales, con promociones para socios de bancos, estudiantes y jubilados, así que antes de ir vale la pena chequear la página del complejo o la app oficial para no perderse ningún descuento. Yo, si me dejan recomendarlos, me sentaría en una butaca del medio y bien lejos de los parlantes, porque el que avisa no traiciona, y esta película se disfruta más cuando uno no se anticipa a los saltos.
