Tanzania en tres parques y varias aldeas: cómo se arma un safari por el norte del país
Un recorrido por Tarangire, Serengeti y Ngorongoro combina manadas, un cráter con unos 25.000 animales y visitas a comunidades hadzabe, datoga y masáis. La nota repasa alojamientos, los movimientos de la gran migración y los detalles del terreno en el lago Natron.
El norte de Tanzania ofrece la posibilidad de combinar tres escenarios bien diferenciados en un mismo itinerario: los baobabs y elefantes de Tarangire, las llanuras del Serengeti y la caldera del Ngorongoro. A esos tres parques se suman visitas a aldeas y lagos, con traslados en vehículo y recorridas acompañadas por guías. En la experiencia que sirvió de base para esta nota, el punto de llegada fue el aeropuerto de Kilimanjaro.
Una de las claves para planificar las jornadas es que la gran migración no tiene un horario ni un día establecido. En el Serengeti, que abarca casi 15.000 kilómetros cuadrados, las cebras y los ñus se desplazan durante todo el año en busca de pasto. El cruce del río Mara forma parte de la observación, pero los animales pueden acercarse al agua y retroceder antes de entrar.
Alojamientos y rutina dentro de los parques
Los alojamientos del recorrido ofrecen alternativas distintas según la zona. En Tarangire, la estadía fue en un lodge junto al lago Burunge, desde donde salió una vianda para almorzar durante la excursión. A orillas del Mara, el campamento disponía de carpas equipadas con alfombras, lámparas y una radio. En el valle del Seronera, las observaciones incluyeron un leopardo sobre un árbol y una leona con sus dos cachorros.
- Tarangire: lodge a orillas del lago Burunge, con almuerzo tipo vianda durante la salida.
- Serengeti, zona del Mara: campamento con carpas equipadas con alfombras, lámparas y radio.
- Serengeti, valle del Seronera: avistajes de un leopardo en un árbol y de una leona con dos cachorros.
Ngorongoro: el cráter con unos 25.000 animales
Ngorongoro cambia el paisaje de sabana por un entorno con vegetación, agua y flamencos. El descenso hacia el interior demanda alrededor de media hora por un camino de cornisa. De acuerdo con la investigación, allí viven unos 25.000 animales y se pueden observar rinocerontes negros a distancia. Durante la visita, el almuerzo se hizo dentro del vehículo porque los milanos bajaban a arrebatar comida de las manos.
Comunidades hadzabe, datoga y masáis
Fuera de los parques, el valle del lago Eyasi permite acercarse a las comunidades hadzabe y datoga. Las visitas muestran prácticas de caza y recolección, además del trabajo de herrería con metal recuperado. En el caso hadzabe, parte de las actividades observadas estaba preparada para los visitantes.
El lago Natron y el volcán Ol Doinyo Lengai
El lago Natron suma flamencos, aguas alcalinas y rojizas y depósitos de sal, al pie del volcán activo Ol Doinyo Lengai. Para caminar junto al agua hay un detalle concreto del terreno: el barro es denso y puede retener el calzado. Las visitas a aldeas masáis completan esta parte del recorrido.
