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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una canción a la que uno le tiene apego puede aliviar el pinchazo de una vía intravenosa

Un estudio con más de doscientos pacientes en Suiza comprobó que la música preferida de cada persona disminuyó el dolor durante la inserción de la aguja, mientras que la música de relajación no mostró diferencias frente al silencio.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · · hace 4 d
Una canción a la que uno le tiene apego puede aliviar el pinchazo de una vía intravenosa

Me lo imagino claramente: uno está sentado en la sala de un hospital, la camilla fría, elanteco blanco que pasa cerca, y de pronto le clavan una aguja en el brazo para colocar una vía intravenosa. Ese pinchazo breve, molesto, a veces hasta doloroso, puede volverse un poco más llevadero si en el momento justo suena en los parlantes la canción que uno más quiere escuchar. Eso es lo que acaba de demostrar un equipo del Hospital Universitario de Zúrich, en Suiza, después de trabajar con más de doscientos pacientes adultos que debían recibir una inyección de contraste antes de hacerse una resonancia magnética.

Lo primero que me llamó la atención al leer el trabajo, publicado en la revista Frontiers in Pain Research, es lo simple de la idea y lo contundente del resultado. A los participantes los dividieron en cuatro grupos bien definidos: a unos no les pusieron nada, a otros les hicieron escuchar su canción o su artista favorito, a un tercer grupo le destinaron música de Mozart y al cuarto, grabaciones de música de relajación. Cada uno calificó su dolor en una escala del uno al diez en cuatro momentos: antes del pinchazo, durante la punción, a los treinta segundos y a los dos minutos de finalizado el procedimiento.

La música conocida gana por goleada

Los que escucharon su tema preferido reportaron menos dolor tanto al medio minuto como a los dos minutos posteriores a la inserción de la aguja. Y no fue un detalle menor: el beneficio se dio tanto en personas que llegaron sin dolor como en aquellas que ya arrastraban alguna molestia previa. La consultora senior en radiología del hospital, la doctora Meritxell Garcia Alzamora, fue clara al respecto: la música favorita mostró un efecto significativo de reducción del dolor en ambos grupos, algo que los investigadores no daban por seguro cuando arrancaron.

Mozart también cumplió, aunque con un alcance más acotado: alivió únicamente a los pacientes que ya tenían dolor de base antes del procedimiento. La música de relajación, en cambio, se comportó prácticamente igual que el silencio. La propia Garcia Alzamora arriesgó una explicación: ese tipo de composiciones suelen tener un ritmo lento, volumen bajo y pocas variaciones dinámicas, lo que hace que el oyente termine ignorándolas. No enganchan, no conmueven, no distraen.

Por qué una canción conocida duele menos

Acá viene lo que a mí, como vecina curiosa de este barrio que es la vida cotidiana, más me interesa: por qué funciona. Los investigadores manejan una hipótesis bastante razonable. Una melodía familiar, sobre todo si es emocionalmente significativa para uno, exige un nivel de atención activa. El cerebro se ocupa de seguir la letra, de reconocer los arreglos, de ir anticipando lo que viene. Esa atención compite con la señal de dolor, la desplaza en parte y termina haciendo que el pinchazo se perciba con menor intensidad. Es, en cierto modo, una distracción con carga afectiva.

“Una melodía familiar exige cierta atención cognitiva, lo que compite con la señal de dolor.”Andrei-Cristinel Dragnea, residente en radiología diagnóstica e intervencionista del Hospital Universitario de Zúrich

Lo que todavía falta investigar

El propio equipo reconoce que el estudio tiene límites. El doctor Andrei-Cristinel Dragnea, residente en radiología diagnóstica e intervencionista del mismo hospital, aclaró que los resultados se circunscriben a punciones de corta duración, como las que se hacen para colocar una vía o administrar un contraste. Quedan pendientes, entonces, las preguntas de siempre: si el alivio se sostiene en procedimientos más largos, más invasivos o francamente dolorosos, y si el beneficio se mantiene cuando se compara con algo tan sencillo como la presencia de una persona que le hable al paciente durante el procedimiento, porque la compañía humana en sí misma podría tener un efecto tranquilizador adicional.

Mientras esas respuestas llegan, lo que ya tenemos a mano es una herramienta sin costo, sin efectos secundarios y al alcance de cualquier sala de internación o de un consultorio. Nada reemplaza al profesional ni al protocolo médico, por supuesto, pero saber que podemos pedirle al enfermero o al técnico que nos ponga nuestra canción antes del pinchazo es, cuanto menos, un pequeño alivio del que muchos van a querer hacer uso. Acá en Chimbas, como en cualquier ciudad, una melodía conocida es de las pocas cosas que uno puede llevar al hospital sin que pese en la valija.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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