Una terraza sobre Junín deja ver a Recoleta desde el cielo y le pone voz a sus muertos
En el último piso de un hotel boutique ubicado frente al cementerio más famoso de Buenos Aires funciona un mirador acristalado que ofrece una vista aérea del predio, audioguías con 57 historias y una merienda con copa de vino para redondear la experiencia.
Son las cinco de la tarde de un miércoles y, mientras el colectivo pasa por la plaza Vicente López, una mujer se detiene en la vereda con el celular en la mano. Mira hacia arriba, hacia la terraza del hotel Urban Suites, sobre la calle Junín, y le dice a su acompañante: «Mirá, dicen que desde ahí se ve todo el cementerio de Recoleta como si fueras un pájaro». Desde hace algunos meses, esa escena se repite varias veces por día en una de las esquinas más Transitadas del barrio más elegante de Buenos Aires, y tiene una explicación bastante concreta: en el piso más alto de ese edificio funciona un mirador abierto al público que propone exactamente eso, mirar el cementerio desde arriba, sin pisar ni una baldosa del predio.
La propuesta es sencilla de explicar pero no tan habitual: en una terraza vidriada, con clima controlado y abierta todo el año, se obtiene una vista aérea de las cúpulas, los mausoleos, las estatuas y los pasajes internos de la Recoleta. El recorrido dura alrededor de cuarenta minutos, un tiempo calculado para que la visita funcione casi como una pausa dentro de una jornada por la zona, que incluye al Centro Cultural Recoleta y al Museo Nacional de Bellas Artes, ambos a pocos metros.
Códigos QR y 57 historias para escuchar
La parte más original de la experiencia se llama El Mirador de la Historia. En cada ventanal hay un código QR. El visitante apoya el celular, se abre una página y empieza a sonar un relato. Son 57 historias protagonizadas por figuras y mitos ligados al cementerio, investigadas y escritas por el escritor Daniel Naler Roxlo, y están narradas en castellano, inglés y portugués, según el idioma que elija cada persona.
«A mí me enganchó la de Evita, porque la escuché mientras la veía desde arriba, y fue como juntar dos cosas que tenía separadas en la cabeza», cuenta Graciela, vecina de Recoleta, mientras baja del ascensor con su marido y una amiga turística a la que prometió traer. Ella pagó la entrada como cualquier visitante: el espacio no es exclusivo para huéspedes del hotel, también está abierto a turistas y vecinos que reserven su turno con anticipación.
Qué se come y qué se ve
- A la mañana se sirven infusiones como café con leche, chocolate o té, acompañadas con medialunas o churros.
- Al atardecer la propuesta pasa a una copa de vino con una mini picada individual.
- No es un restaurante completo, sino un servicio pensado para acompañar la experiencia desde la terraza.
- En los días despejados, además del cementerio, se llega a ver el Río de la Plata, lo que amplía bastante el panorama.
Desde esa altura, el cementerio deja de ser ese lugar al que bajamos una vez cada tanto y se convierte en un mapa de cúpulas, ángeles y pliegues de piedra que uno no termina de dimensionar cuando lo camina entre paredes. Es, en cierto sentido, la misma ciudad de siempre, pero contada desde un ángulo al que muy pocos están acostumbrados. Acá en Recoleta, donde el cemento parece más caro que en otros barrios, hasta mirar a los muertos se volvió una experiencia con mozo, código QR y copa de vino incluida. La persona que se acerca espera terminar la visita con la sensación de haber entendido algo nuevo sobre un lugar que creía conocer de memoria, y eso, según cuentan los que ya subieron, es exactamente lo que se lleva.
