Lunes, 7 de septiembre de 2026
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Verde que se cotiza: vivir frente a un parque en la Ciudad ya sale hasta un 30 por ciento más caro

Un relevamiento de la plataforma Roomix pasó revista por los seis barrios porteños con mayor cobertura de espacios verdes y midió cuánto pesa ese paisaje a la hora de firmar un contrato de alquiler o de evaluar una compraventa. Palermo manda y Parque Patricios sigue siendo la puerta de entrada más barata al club de los privilegiados del verde.

Por Agustina QuirogaVitivinicultura y campo · 7 de septiembre de 2026 · hace 1 h

La ecuación porteña volvió a ajustarse y esta vez el factor que más se escucha en las inmobiliarias no es el metraje ni la antigüedad del edificio, sino la cantidad de hectáreas de verde que se ven desde el balcón. Un relevamiento de la plataforma Roomix, especializado en alquileres residenciales, cruzó datos de cobertura de espacios verdes accesibles a pie en los barrios de la Ciudad y los comparó con los precios de oferta de monoambientes, departamentos de dos ambientes y casas. La conclusión es directa: las propiedades situées frente a parques o plazas cotizan, en promedio, entre un 10 por ciento y un 20 por ciento por encima del resto de la oferta de la misma zona, y en los casos más codiciados la diferencia trepa hasta un 30 por ciento. La brecha se repite tanto en los contratos de locación como en los avisos de venta, lo que confirma que el verde urbano dejó de ser un atributo decorativo para convertirse en un componente central de la valuación inmobiliaria.

Palermo manda y los números lo respaldan

Palermo es, por lejos, el barrio que mejor combina ambas variables: superficie verde y precio. El trabajo contabiliza más de 130 hectáreas de espacios públicos accesibles a pie, entre el Parque 3 de Febrero, el Jardín Botánico, el Ecoparque y un entramado de plazas que funcionan como pulmones secundarios. Las unidades con vista directa a los Bosques de Palermo registran una prima de entre un 20 y un 30 por ciento frente a las propiedades del interior del barrio. En la práctica, un monoambiente en esa franja se alquila entre 650.000 y 1.000.000 de pesos mensuales, y un dos ambientes entre 900.000 y 1.400.000, siempre según los valores publicados en la plataforma que motorizó el estudio. El segundo lugar lo ocupa Belgrano, donde las Barrancas y el Bajo de Belgrano tiran del precio hacia arriba: un monoambiente arranca en 600.000 pesos y un dos ambientes puede tocar los 1.300.000.

  • Palermo: más de 130 hectáreas verdes a pie; monoambiente desde 650.000 a 1.000.000 de pesos y dos ambientes de 900.000 a 1.400.000, con subas de hasta el 30 por ciento frente al parque.
  • Belgrano: Barrancas y Bajo como ancla; monoambiente desde 600.000 pesos y dos ambientes hasta 1.300.000.
  • Caballito: el Parque Rivadavia empuja una prima del 15 al 20 por ciento; monoambiente desde 500.000 pesos y dos ambientes desde 700.000.
  • Núñez y Saavedra: acceso al Parque Saavedra y la Costanera Norte; dos ambientes entre 700.000 y 1.050.000 pesos y casas con jardín por encima de 1.700.000.
  • Villa Urquiza: el Parque Centenario como referencia; monoambientes de 450.000 a 680.000 pesos y dos ambientes de 630.000 a 950.000.
  • Parque Patricios: la opción más económica del ranking, con monoambientes entre 380.000 y 580.000 pesos y dos ambientes entre 530.000 y 800.000.

El dato más elocuente del trabajo es el piso y, sobre todo, el techo. Parque Patricios, que debe su nombre al principal espacio verde del barrio, se consolida como la entrada más barata al club de los privilegiados del verde: un monoambiente se consigue desde 380.000 pesos y un dos ambientes ronda los 530.000 a 800.000 mensuales, valores que siguen siendo sensiblemente más bajos que los del norte porteño, aunque ya con una suba implícita por la cercanía del parque. En el otro extremo, Núñez y Saavedra comparten perfil residencial y acceso al Parque Saavedra y a la Costanera Norte, donde una casa con jardín puede superar los 1.700.000 pesos de alquiler, una cifra que explica por qué el segmento de propiedades familiares quedó reservado casi exclusivamente para ingresos altos o para operaciones de pozo.

El informe aclara, con buen tino, que el verde no es el único motor del precio. La conectividad, la oferta de servicios, la disponibilidad de unidades y el estado del edificio pesan tanto o más que la postal desde el balcón. Pero el estudio deja flotando una pregunta incómoda para cualquier política urbana que se precie de inclusiva: si la proximidad al espacio público de calidad ya se traduce en un sobrecosto de hasta el 30 por ciento, ¿quién termina pagando realmente la cuenta de la desigualdad verde en una ciudad donde el verde público se concentra en el norte y se diluye en el sur? Porque, al final del día, el privilegio de mirar un árbol desde la ventana se sigue mediendo en pesos, y el mercado porteño ya pasó ese dato a la planilla.

AQ
Agustina QuirogaVitivinicultura y campo

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