Villa Ortúzar: la nueva frontera gastronómica de Buenos Aires, donde el metro cuadrado todavía se negocia
Alquileres entre 15 y 20 por ciento más baratos que en Chacarita o Núñez atraen a cocineros y pasteleros que abren en casas bajas, con veredas anchas y espacio de sobra. La ecuación se sostiene con un público que va a buscar el producto, no el paseo.
En el corazón de la Comuna 12 porteña, un puñado de emprendedores gastronómicos encontró la fórmula: locales amplios, alquileres entre 15 y 20 por ciento por debajo de los valores de Chacarita o Núñez, y un público que llega porque quiere, no porque pasa. Así, Villa Ortúzar dejó de ser un barrio de casas bajas y poco movimiento para convertirse en un polo gastronómico en expansión.
El dato explica el movimiento: mientras en las zonas más consolidadas el metro cuadrado comercial se paga a precio de oro, en Villa Ortúzar esa diferencia del 15 al 20 por ciento se traduce en depósitos más grandes, cocinas con aire y mesas al aire libre sobre veredas anchas. Para un cocinero, eso significa poder montar una pastelería en un galpón o un restaurante con manteles largos sin que el alquiler se coma la ganancia.
La ecuación que cambió la tortilla
El barrio no es de paso. Las veredas son anchas, hay poco movimiento nocturno y casi nadie deambula con hambre sin destino. Esa quietud, que en otro contexto sería una desventaja, se transformó en parte del modelo: el cliente que cruza la cuadra lo hace a propósito, sabe qué quiere y se queda. Un caso testigo: la pastelería instalada en 2023 dentro de un depósito de materiales vende más desayunos largos que pastelería para llevar, y termina facturando más por ticket que su sucursal en otro barrio.
- Alquileres 15 a 20 por ciento más bajos que en Chacarita o Núñez: la diferencia se reinvierte en metros extra de salón o depósito.
- Veredas anchas y estacionamiento sin cargo: ventaja concreta frente a los polos gastronómicos consolidados, donde estacionar es una odisea.
- Público cautivo de oficinas y profesionales que van a trabajar o a reuniones y se quedan a desayunar o almorzar.
- Clásicos de décadas que ya fidelizaron clientela: una pizzería de cola en la vereda, una parrilla 24 horas, una cervecería desde 1943 y un bar notable de 1930.
- Efecto acumulativo: cada apertura nueva suma una razón más para que el siguiente emprendedor elija el barrio.
Lo que todavía no se sabe
El Censo 2022 arrojó un dato clave: la Comuna 12, que agrupa a Villa Urquiza, Saavedra, Coghlan y Villa Pueyrredón, fue la que más creció en población entre 2010 y 2022 en la Ciudad de Buenos Aires. Ese crecimiento poblacional es el combustible silencioso del fenómeno: más vecinos, más oficinas, más comensales. Lo que falta dilucidar es si el modelo resistirá cuando los alquileres empiecen a recalibrarse al alza, como suele ocurrir en cualquier barrio que se pone de moda. Por ahora, la ecuación cierra.
