Xbox le baja el precio a Game Pass y le saca a Call of Duty del mostrador de los estrenos: qué cambia para el bolsillo del suscriptor
Asha Sharma, al frente de la división de videojuegos de Microsoft, reordenó la oferta de suscripciones en medio de una reestructura que incluyó casi 2.000 despidos y el replanteo de varias líneas que no cumplieron con el crecimiento proyectado por la empresa.
El precio de la membresía y el acceso a los grandes estrenos son los dos ejes que Xbox tocó de raíz en las últimas semanas. La nueva jefa de la división, Asha Sharma —que tomó el lugar de Phil Spencer— ordenó una rebaja en la tarifa del servicio de suscripción y, al mismo tiempo, retiró a Call of Duty del paquete de títulos que llegan al catálogo desde el primer día de venta, una decisión que modifica de manera sensible el atractivo de la propuesta para un segmento de jugadores que precisamente pagaba la cuota mensual para asegurarse ese lanzamiento.
Para quienes pagan la suscripción, el movimiento tiene una lectura doble: por un lado baja el costo mensual, un alivio en un contexto donde los servicios de streaming y de gaming compiten precio contra precio; por el otro, se reduce el beneficio central que diferenciaba a Game Pass de otras plataformas, porque uno de los franquicias más convocantes del mercado —Call of Duty— ya no estará disponible en el día uno para los abonados, sino que pasará a un esquema posterior, según se desprende del propio anuncio de la compañía.
Recuperación con declaraciones, pero sin cifras
Sharma aseguró que Game Pass recuperó la dinámica de crecimiento y que la retención de usuarios mejoró después de ocho meses consecutivos de retroceso, una afirmación que buscó instalar la idea de un punto de inflexión en la unidad de negocios. En un memorándum interno dirigido al personal, la ejecutiva sostuvo además que Xbox había tocado un piso histórico y que ya se encontraba tomando decisiones para reinvertir en el negocio, una narrativa que la propia compañía se encarga de comunicar puertas adentro y hacia afuera.
La reorganización, sin embargo, no se limitó a un ajuste comercial: la compañía ejecutó el despido de casi 2.000 empleados y el cierre de varios estudios de desarrollo, decisiones que Sharma reconoció al comunicar los recortes y que dejó en evidencia que las apuestas estratégicas de Microsoft —entre las que mencionó el propio Game Pass, la distribución multiplataforma de juegos y la ampliación del catálogo— no habían alcanzado el ritmo de expansión que la empresa buscaba cuando se embarcó en esos planes.
“Esos negocios generaron valor, pero su evolución resultó insuficiente frente a las expectativas y a una estructura de costos más alta.”Asha Sharma, jefa de la división Xbox
La meta de los 100 millones que quedó al descubierto
La escala ambiciosa que Microsoft había proyectado para Game Pass quedó al descubierto durante el juicio que la empresa enfrentó en 2023 con la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos, cuando quedó documentado que la compañía se había propuesto como objetivo alcanzar los 100 millones de suscriptores para 2030, una cifra que funcionaba como ancla de toda la estrategia comercial del servicio y que ahora aparece como horizonte lejano frente a los ocho meses de caída que la propia Sharma describió en su comunicación interna.
- Rebaja del precio de la suscripción a Game Pass, aunque la empresa no difundió los importes actualizados ni su aplicación por país.
- Retiro de Call of Duty del esquema de lanzamientos disponibles desde el día uno, que pasa a un calendario posterior de incorporación al catálogo.
- Reorganización de la compañía que sumó casi 2.000 despidos y el cierre de estudios de desarrollo, dentro de un plan de reducción de costos.
- Reconocimiento interno de que Game Pass, la distribución multiplataforma y la ampliación del catálogo quedaron por debajo de las metas de crecimiento previstas.
- Ausencia de una cifra nueva de abonados que respalde públicamente el repunte mencionado por la empresa.
La pregunta que queda en el aire es quién paga finalmente la cuenta de este reordenamiento: si el ajuste recae sobre los desarrolladores que perdieron su empleo, sobre los jugadores que perdieron el beneficio de estreno o sobre el accionista de Microsoft que aceptó resignar parte de la facturación de Call of Duty a cambio de una base de suscriptores más estable pero más barata, un dilema que el comunicado de Sharma no resolvió y que por estas horas sigue abierto en Redmond y en cada consola conectada al servicio.
