Aftas en la boca: por qué algunas llagas se curan solas y otras piden consulta sin demora
Una guía clara para distinguir la lastimadura pasajera de la lesión que conviene revisar con un profesional, según lo que señalan el Instituto Nacional de Investigación Dental de Estados Unidos y la Clínica Mayo.
A veces uno está desayunando en la cocina de su casa, acá en Chimbas, y nota un pinchazo raro en la cara interna del labio. La lengua confirma lo que nadie quiere escuchar: volvió a salir una llaga. Muerdo un poco más fuerte, me arde, y aparece ese puntito blanco rodeado de rojo que ya conozco. La mayoría de las veces, en una semana o dos, se va sola. Pero otras no. Y ahí es cuando la consulta con un odontólogo o un médico deja de ser una opción y pasa a ser una necesidad, por lo que vale la pena entender bien cuándo corresponde sentarse en el sillón y esperar a que te revisen.
Qué es un afta y por qué no se contagia
Las aftas, conocidas también como llagas bucales o estomatitis aftosa recurrente, son úlceras dolorosas que aparecen en la mucosa que recubre la cara interna de los labios, las mejillas, la lengua o el piso de la boca. No son contagiosas, no se transmiten por besar a alguien, compartir un vaso o hablar de cerca, y tampoco tienen origen infeccioso. El Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de Estados Unidos, que depende de los Institutos Nacionales de la Salud, aclara que el tratamiento disponible apunta a aliviar el dolor y favorecer la cicatrización, pero no asegura que las lesiones no vuelvan a aparecer en el futuro.
Para las molestias leves, los geles de venta libre y los enjuagues antisépticos suelen alcanzar para controlar el ardor y hacer más llevaderos los días que dura la herida. La Clínica Mayo, una de las instituciones médicas de referencia más conocidas del mundo, recuerda que muchas aftas aparecen por causas mecánicas bastante concretas que uno mismo puede detectar y corregir.
Lo que puede estar causando esa llaga que no se va
- Mordeduras accidentales en la mejilla o el labio mientras se mastica o se habla.
- Cepillado demasiado enérgico, sobre todo con cerdas duras o pasta abrasiva.
- Roce de aparatos de ortodoncia, brackets sueltos o prótesis mal ajustadas.
- Bordes filosos en alguna pieza dental, ya sea una caries fracturada o un arreglo que quedó alto.
- Alimentos ácidos, picantes o muy salados que irritan la mucosa y prolongan el ardor.
Identificar cuál de estos factores está detrás de la llaga es clave para que no reaparezca al mes siguiente. A veces alcanza con pedir un ajuste de la prótesis o con aprender a cepillarse con menos presión para cortar el círculo. Pero cuando la causa no es mecánica ni alimentaria, y las aftas vuelven una y otra vez, el escenario cambia.
Cuándo dejar de esperar y pedir turno
La Clínica Mayo fija señales claras para no quedarse en casa esperando que la llaga se cure sola. Hay que consultar cuando la lesión supera las dos semanas sin mejorar, cuando reaparece con frecuencia, cuando es inusualmente grande o cuando aparece una nueva antes de que cicatrice la anterior. También conviene pedir atención si el dolor no se controla con lo que hay en la farmacia, si impide comer o beber con normalidad, o si se acompaña de fiebre.
Estos criterios no son capricho médico: están pensados para descartar que detrás de la afta haya otra cosa, desde una infección hasta un cuadro más complejo. Una revisión publicada en el repositorio científico PMC, que reúne investigaciones biomédicas revisadas por pares, advierte que, antes de cerrar el diagnóstico como aftas recurrentes, es necesario descartar otras causas posibles, y por eso la evaluación incluye revisar síntomas que aparecen tanto dentro como fuera de la boca.
“Una afta ocasional no requiere alarma. La consulta cobra peso cuando el cuerpo empieza a decir, con insistencia, que algo no está cerrando bien.”Rosana Lucero
Los estudios que el profesional puede pedir
Cuando las aftas se repiten con regularidad, la Clínica Mayo señala que pueden estar relacionadas con niveles bajos de hierro, zinc, ácido fólico o vitamina B12. Eso no significa que cualquier persona con llagas frecuentes tenga una carencia ni que deba lanzarse a tomar suplementos por su cuenta: la indicación y los análisis los maneja el profesional, que evalúa la historia clínica y los síntomas antes de pedir un estudio de sangre.
Lo que sí está en manos de uno es no postergar la consulta cuando se cumplen los criterios que mencioné más arriba. Como me decía hoy Marta, vecina del barrio Rawson, mientras me mostraba la llaga que le salió en la lengua hace ya casi tres semanas: Yo pensé que era una más, pero ya me cansé de esperar. Tiene razón. A veces lo que sana el tiempo no es la llaga, sino la decisión de ir a revisarla.
