Créditos por la pantalla chica: cuando la billetera virtual te deja atrapado y cómo zafar antes de que sea tarde
Las fintech prestan a tasas que rozan la usura, la letra chica esconde cargos que nadie lee y la deuda chica se vuelve un monstruo antes de fin de mes. En San Juan y en todo el país crece el reclamo de familias ahogadas: qué dice la Dirección de Protección al Consumidor, qué derechos tiene el deudor acosado y qué herramienta oficial ofrece tasas casi regaladas para salir del pozo.
Son las nueve de la mañana de un martes cualquiera acá en Chimbas y María Eugenia, vecina del barrio La Estación, está sentada en la vereda con el celular en la mano, mirando la pantalla de la billetera virtual como quien mira una deuda que no para de crecer. Sacó un préstamo de veinte mil pesos a principios de mes para pagar la luz y el gas, y ahora el número que le figura no se parece en nada al que vio cuando apretó «aceptar». «Yo pensé que eran tres mil pesos más, no esto», me dice mientras me muestra el extracto, con esa mezcla de bronca y resignación que se repite en las mesas de los argentinos cuando llega el resumen. María Eugenia no está sola: cada vez más familias de Cuyo y del resto del país caen en la misma trampa, y los organismos de defensa del consumidor empiezan a recibir los reclamos formales.
La escena se repite en los hogares de a pie, y la explicación técnica la resume Pablo Tomasini, titular de la Dirección de Protección al Consumidor, con una definición que duele: las tasas que cobran las plataformas digitales son, en sus propias palabras, «casi usureras para los ciudadanos». El problema central no es sólo el porcentaje de interés, sino el modo en que se presenta el contrato: una tasa razonable en pantalla y, en la letra chica, un rosario de cargos y condiciones que el usuario promedio no lee porque la urgencia del alquiler, la luz o la comida no espera. Para cuando el deudor intenta regularizar lo que debe, la deuda original ya se transformó en otra muy distinta.
Por qué la deuda chica se vuelve impagable
El trasfondo de este fenómeno no es tecnológico, es salarial. Lo explica con crudeza Fernando Schpoliansky, secretario de Finanzas de la Municipalidad de Neuquén: los sueldos, las jubilaciones y los ingresos de los trabajadores independientes y de los pequeños comerciantes perdieron la carrera contra la inflación en los últimos años, y como las familias no llegan a fin de mes, el crédito digital dejó de ser un complemento para pasar el mes y se convirtió en una herramienta de supervivencia. «Esa deuda que era pequeñita se te va haciendo cada vez más grande producto de los intereses. Cuando te querés acordar, tenés un lío bárbaro», resume el funcionario. En números gruesos, el índice de morosidad en Argentina ronda el 20%, casi cinco veces más que el promedio de los países vecinos, que se mueve entre el 4% y el 5%.
La salida oficial: tasas casi regaladas para refinanciar
Para quien ya está adentro del pozo y siente que cada mes paga y la deuda no baja, existe una herramienta concreta que pocas veces se difunde: el Régimen Especial de Refinanciación de Deuda, que otorga préstamos de hasta 50 millones de pesos con una tasa fija anual del 35%. Tomasini lo describe sin dudar como «una tasa muy accesible, diría blandísima», pensada de punta a punta para que las familias puedan cortar el ciclo y dejar de pagar intereses sobre intereses. La idea oficial es que el deudor encuentre un camino ordenado, con cuota y plazo claros, en lugar de seguir saltando de plataforma en plataforma.
Qué hacer si te acosan para cobrar
Desde la Dirección de Protección al Consumidor también llegan denuncias por hostigamiento de empresas de cobranza, una práctica que incluye llamados insistentes a cualquier hora, mensajes amenazantes y propuestas que el deudor siente como una presión abusiva. Tomasini es claro al respecto: esa conducta «no está permitida», y quien la padezca puede juntar capturas de pantalla, registrar horarios y números desde los que lo llaman, y presentarse con ese material a iniciar un reclamo formal. El organismo actúa de oficio frente a los incumplimientos de las plataformas, pero remarcan un punto central: la mejor defensa sigue siendo la prevención, porque una vez que se sale de la trampa, lo más sensato es no volver a financiar con billetera virtual los gastos corrientes del hogar. María Eugenia, acá en Chimbas, todavía no decidió si va a refinanciar o si va a reclamar, pero ya sabe algo que antes ignoraba: la próxima vez que vea una tasa bonita en la pantalla, va a leer hasta la última línea antes de apretar aceptar, porque lo que parece una salida rápida puede terminar siendo una condena larga.
