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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando el agua se vuelve consultorio: así trabaja la terapia que muchos descubren tarde

No es un spa ni una clase de natación: la hidroterapia se indica para dolor crónico, lesiones articulares y recuperación posquirúrgica, y cada vez más profesionales la suman a sus tratamientos en San Juan.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · · hace 51 min
Cuando el agua se vuelve consultorio: así trabaja la terapia que muchos descubren tarde

Acá en Chimbas, doña Marta Romero me recibe en la puerta del centro de rehabilitación con la misma duda que repite medio barrio: “Yo no sé nadar, ¿igual me sirve?”. La pregunta resume, casi sin querer, lo que todavía cuesta entender sobre la terapia acuática: que no se trata de tirarse al agua, sino de un tratamiento clínico que usa la pileta como herramienta de trabajo y que, justamente por eso, está cambiando la manera en que kinesiólogos y traumatólogos encaran buena parte de los dolores que arrastran los adultos grandes.

Un consultorio con flotabilidad y temperatura

La idea es simple de explicar y compleja de aplicar. La terapia acuática se desarrolla en piletas de poca profundidad, bajo la supervisión de fisioterapeutas o terapistas ocupacionales, y no exige saber nadar ni plantea una rutina deportiva convencional. Cada sesión se arma a partir de una evaluación individual, ajustada al estado de salud, la condición física y los objetivos del paciente.

Lo que vuelve al agua un escenario terapéutico son cuatro propiedades que el cuerpo humano aprovecha casi sin darse cuenta. La flotabilidad reduce el efecto de la gravedad sobre las articulaciones: con el agua a la altura de la cintura, una persona percibe que carga aproximadamente la mitad de su peso corporal. Eso permite ejecutar movimientos que, sobre una superficie firme, serían difíciles o directamente dolorosos.

La resistencia del agua, a su vez, ofrece hasta 700 veces más resistencia que el aire, lo que permite trabajar la musculatura sin necesidad de pesas ni máquinas. La presión hidrostática colabora con la disminución de la hinchazón en los tejidos blandos, y el agua tibia ayuda a relajar la musculatura antes de empezar a moverla.

Qué cuadros se indican y qué se trabaja en la pileta

  • Artritis, osteoartritis y procesos de dolor crónico.
  • Lesiones de rodilla, cadera, tobillo, cuello, hombro y zona lumbar.
  • Recuperación previa y posterior a cirugías ortopédicas.
  • Fibromialgia, hernias discales y estenosis espinal.
  • Condiciones neurológicas como Parkinson, esclerosis múltiple y secuelas de accidente cerebrovascular.

Una sesión típica puede combinar movilidad articular, ejercicios de piernas y brazos, trabajo de equilibrio y práctica de marcha, siempre con el paciente afirmado al borde de la pileta o con elementos de flotación. La fisioterapeuta Jenea Smith, de la Universidad de Missouri, suele describir la modalidad como “fisioterapia con el aporte de la ingravidez”, y señala que el paso por la pileta sirve para fortalecer el tronco y mejorar el equilibrio antes de avanzar hacia los ejercicios en tierra.

Los programas, por lo general, se organizan en ciclos de entre dos y ocho sesiones, con el objetivo de que el paciente gane confianza, reduzca la rigidez y empiece a notar cambios concretos en su manera de moverse.

““Yo entré a la pileta con miedo y salí con menos dolor en la rodilla. Ahora espero cada sesión como quien espera el turno del médico.””Marta Romero, vecina de Chimbas
RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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