Cuando el perro estornuda y todo es alegría: la mirada de un adiestrador que saca el miedo de la consulta
Tony Silvestre explica por qué muchos canes estornudan al jugar o al recibir mimos, cómo distinguir un gesto emocional de un cuadro respiratorio y en qué momento conviene dejar la calma y salir corriendo al veterinario.
Acá en Chimbas, una vecina me cuenta por WhatsApp que su perra Anita estornudó tres veces mientras le rascaban la panza y ya estaba buscando turno en la veterinaria. Le dije que respirara hondo, que se sentara en el piso con ella, y que mirara el resto del cuerpo antes de paniquearse. La nota de hoy es, justamente, eso: una guía para entender por qué los perros estornudan cuando están contentos y en qué momento sí hay que empezar a preocuparse.
Soy Rosana Lucero, de Sociedad y vida, y esta vez me sumerjo en un tema que recorre los grupos de WhatsApp de los barrios: ese estornudito corto, repetido, que muchos dueños asocian de inmediato con un resfrío, con moquillo o con algo grave. El adiestrador canino Tony Silvestre lo dice sin vueltas y lo aclaro yo también para que quede bien claro: en la enorme mayoría de los casos, ese sonido no es una enfermedad, es pura conversación emocional.
El estornudo como lenguaje, no como síntoma
Silvestre lo explica con una frase que se viraliza cada vez que la repite: Cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo. La base es fisiológica y vale la pena entenderla: durante los momentos de alta excitación, como el juego, las caricias, la llegada del dueño a la casa o la expectativa del paseo, el organismo del perro acumula presión en las vías respiratorias. El estornudo aparece como mecanismo para soltar esa presión y volver a respirar cómodo.
“Si no estornuda, significa que no te quiere.”Tony Silvestre, adiestrador canino
Esa salida, casi un chiste, resume lo que los etólogos vienen estudiando hace años: el perro usa el estornudo como una pequeña válvula de escape emocional. No es un resfrío comprimido ni una alergia en miniatura, es parte de su manera de decir lo que siente en ese instante.
Las señales que confirman que no pasa nada
Para no caer en diagnósticos improvisados, vale la pena mirar el resto del cuerpo del animal. La regla práctica que propone Silvestre es observar de manera integral, no quedarse solo en el ruido.
- Mirada tranquila, sin ojos entrecerrados ni secreciones.
- Cola que se mueve con soltura, sin rigidez ni posición baja sostenida.
- Orejas en posición natural, no echadas hacia atrás por discomfort.
- Postura relajada y panza expuesta cuando se recuesta boca arriba, un gesto de confianza plena.
- Interés por el entorno durante los paseos y contacto calmado con otros perros.
Si todos esos indicadores están presentes y el estornudo aparece justo en un pico de alegría o de juego, no hay motivo de alarma. El perro está comunicándose, no enfermándose.
Cuándo sí hay que llamar al veterinario
La medicina veterinaria coincide en que hay un punto de inflexión claro. También pueden estornudar por causas externas menores, como el ingreso de agua a las fosas nasales después de nadar o de beber rápido en el patio. El problema aparece cuando el patrón cambia y se vuelve repetido, sin vínculo con la emoción, y se combina con otras señales. En ese escenario, la consulta profesional deja de ser opcional.
- Falta de apetito sostenida, no un simple capricho de una comida.
- Decaimiento general y rechazo a actividades que normalmente disfruta.
- Fatiga o respiración agitada en reposo, sin que haya habido ejercicio previo.
- Estornudos frecuentes sin contexto de juego ni de caricias.
- Cualquier cambio de comportamiento que se sostenga más de 24 horas.
El criterio que resume Silvestre es simple y conviene tenerlo a mano: si el estornudo aparece en un momento de alegría o de actividad y el perro muestra todos los indicadores de bienestar, uno puede quedarse tranquilo; si surge de forma repetida, sin vínculo con el juego ni con la emoción, y se acompaña de cualquier otro cambio en el comportamiento o en el apetito, hay que consultar sin demora.
La vida cotidiana que mejora cuando uno entiende a su perro
Conocer el lenguaje corporal del perro no es un dato erudito ni un capricho de adiestrador: evita diagnósticos erróneos, ahorra consultas innecesarias y, sobre todo, mejora la convivencia diaria. En un país donde la mayoría de los hogares tiene al menos un perro, aprender a leer estas señales es casi una herramienta de supervivencia doméstica.
Vuelvo a la vecina de Chimbas, la dueña de Anita. Después de charlar un rato, me mandó un audio con la perra jugando en el fondo, llena de estornuditos cortos mientras le tiraban una pelota. Se rió, me dijo que la iba a dejar tranquila, y agregó una frase que, me parece, resume lo que muchos esperamos al mirar a nuestro perro: saber que ese sonido, lejos de asustarnos, es la manera que tiene de decirnos que la estamos haciendo feliz.
