Cuidar el cuerpo sin dejarlo para después: la rutina que propone López Rosetti para sumar años con autonomía
Caminatas, fuerza, controles médicos y vida social: el médico clínico y cardiólogo Daniel López Rosetti trazó una hoja de ruta gradual para preservar el cerebro y el corazón después de los 50, con señales de alerta claras y la consulta médica como primer paso.
Son las siete de la tarde en una plaza del conurbano y, mientras algunos vecinos acomodan los termos para el mate, otros ya están con la mochila lista para la caminata. Acá en Chimbas, como en cualquier barrio del país, la escena se repite: el reloj de la jornada pega el portazo, los chicos vuelven del colegio y la pregunta de siempre es cómo hacer para que el cuerpo no empiece a pasar la factura. Frente a ese reclamo cotidiano, el médico clínico y cardiólogo Daniel López Rosetti salió a poner orden con un mensaje directo: moverse, hacerse los controles y no subirse a la montaña rusa del sedentarismo. Es que, según explicó, cuidar el cerebro y el corazón después de los 40 o 50 años no requiere una épica deportiva ni una dieta de celebridad: alcanza con una rutina progresiva, razonable y sostenida en el tiempo, pensada para preservar la autonomía con el paso de los años.
La propuesta del especialista empieza por una idea tan simple como decisiva: la caminata. López Rosetti recomendó sumar 150 minutos de caminata rápida por semana, una meta que, traducida a la vida diaria, equivale a dedicarle alrededor de media hora durante cinco días, en lugar de encerrarlo todo en una sola jornada pensada como “el día del ejercicio”. El detalle no es menor, porque distribuir el esfuerzo ayuda a sostenerlo y reduce el riesgo de lesiones o de abandonar la rutina al segundo mes. Como referencia para el ritmo, el especialista aclaró que tiene que permitir conversar sin quedarse sin aire: si el ritmo impide terminar una frase corta, conviene aflojar; si la charla fluye tranquila, vamos bien.
La fuerza, la pieza que muchos se saltean
A la caminata, López Rosetti le sumó trabajo muscular dos o tres veces por semana. Lo interesante de su planteo es que, cuando uno piensa en pesas, suele imaginarse un gimnasio con máquinas y espejo, pero el médico recordó opciones que se pueden hacer en casa: pararse y sentarse de una silla varias veces, hacer flexiones contra una pared o usar bandas elásticas y cargas livianas. Para personas mayores, apuntó, este entrenamiento importa mucho más de lo que parece, porque incide en el tono muscular, en el equilibrio y, en última instancia, en la capacidad de levantarse de una cama, subir una escalera o levantarse del piso sin ayuda. En criollo: la fuerza bien entrenada es lo que sostiene la independencia.
- 150 minutos de caminata rápida por semana, repartidos en cinco días de media hora.
- Ejercicios de fuerza dos o tres veces por semana, con opciones hogareñas como sentarse y pararse de una silla, flexiones contra la pared o bandas elásticas.
- Controles médicos regulares de presión, diabetes, colesterol y demás lípidos, junto con el abandono del cigarrillo.
- Sueño adecuado y una alimentación tipo mediterránea, con verduras, frutas y legumbres como base.
- Vida social activa: clubes, grupos de baile, reencuentros barriales y atención a la pérdida de audición para no aislarse.
La rutina, sin embargo, no es un plan aislado. López Rosetti fue claro al señalar que, si el corazón y el cerebro dependen del oxígeno y los nutrientes que llegan por la sangre, entonces hay que cuidar las arterias y, con ellas, todo lo que las afecta: la hipertensión, la diabetes, el colesterol alterado, la obesidad y el cigarrillo. Controlar esos factores, dijo, no es un capricho de la medicina moderna, sino la mejor manera de evitar un infarto o un ACV a futuro, y lo dijo así, sin vueltas. A esa lista le agregó dormir bien, reducir el consumo excesivo de alcohol y prestar atención a los cuadros depresivos, porque la cabeza también lleva lo suyo.
“El médico propuso integrar caminatas y ejercicios de fuerza con controles de salud, buena alimentación y descanso, y destacó que el objetivo es preservar la autonomía con los años, mediante una rutina gradual que pueda sostenerse y con consulta médica ante señales como mareos, dolor de pecho o falta de aire inusual.”Daniel López Rosetti, médico clínico y cardiólogo
En ese mismo esquema, el especialista llamó la atención sobre una cuestión que a veces parece menor y termina siendo enorme: la pérdida de audición. Explicó que no se trata solo de un tema médico, sino de un problema social, porque cuando una persona deja de escuchar bien, empieza a evitar conversaciones, reuniones familiares y salidas con amigos. Para López Rosetti, eso termina aislando a la gente y deteriorando el contacto con los demás, un daño que pega de lleno en la calidad de vida y, según distintos estudios, también en la salud cognitiva. Atender la audición, consultar y, si hace falta, usar audífonos, forma parte del mismo paquete de cuidarse.
Graciela, que vive a tres cuadras de la plaza y camina casi todos los días con un grupo de vecinas del barrio, lo resume con la lógica que se escucha en las veredas: uno se mueve mientras puede, porque lo que viene después no se avisa. Por eso, el mensaje final del médico clínico y cardiólogo apunta a los lectores que, como Graciela, están viendo cómo los años empiezan a pedir cuentas: hacer lo que se pueda, en forma gradual y sostenida, empezar con lo que resulte agradable, sumar compañía para no aflojar y, ante la primera señal de alerta, no estirar la consulta. Mareos, dolor de pecho, palpitaciones o una falta de aire inusual durante actividades habituales son motivos suficientes para frenar la rutina y pedir turno con un profesional. Lo que uno espera, en definitiva, es seguir manejándose solo el mayor tiempo posible, y la receta empieza por casa.
