El dólar oficial navega lejos de su techo y el campo mira de reojo mientras la inflación le gana la carrera
El mayorista cerró en 1.512,50 pesos, con una suba acumulada del 3,8% en el año frente a una inflación del 23,6%. El límite superior del corredor de flotación se recalibró para noviembre en 1.989,12 pesos y el mercado no anticipa saltos bruscos, aunque la apreciación del peso ya empieza a sentirse en los costos de la producción agropecuaria.
El dólar mayorista terminó la rueda en 1.512,50 pesos, su cotización más baja desde mediados de septiembre, y volvió a quedar muy lejos del techo del corredor de flotación que administra el Banco Central. La distancia entre el precio de ayer y ese límite superior ronda el 27,8%, la segunda brecha más amplia desde que el esquema entró en vigencia, un dato que muestra hasta qué punto el tipo de cambio oficial viene corriendo detrás de la dinámica de los precios internos y de las expectativas de devaluación que maneja el propio Relevamiento de Expectativas de Mercado que publica la autoridad monetaria.
Para noviembre, ese techo quedó fijado en 1.989,12 pesos, luego de una actualización de 38,15 pesos respecto del cierre de octubre, cuando se ubicaba en 1.950,97. El cálculo toma como referencia el Índice de Precios al Consumidor de septiembre, que marcó 1,9%, con dos meses de desfasaje, y que se convirtió en la variable con la que se ajusta la banda cambiaria. En los hechos, lo que cambió es el número, pero la película de fondo se mantiene: un mayorista que en lo que va del año apenas subió 5,80 pesos, un avance equivalente al 3,8%, contra una inflación acumulada del 23,6% en el mismo período, una diferencia de casi veinte puntos que en cualquier conversación de campo se traduce en un peso cada vez más caro en dólares.
Lo que dice el organismo y lo que se ve en la finca
El Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central proyecta que el mayorista podría llegar a un promedio cercano a 1.585 pesos en noviembre, unos 64 pesos por encima de los valores actuales, y cerrar diciembre en torno de los 1.614 pesos, lo que equivaldría a una devaluación anual del 11,5%. Para Andrés Reschini, de F2 Soluciones Financieras, un salto hasta esa zona del techo es, en los papeles, técnicamente posible, porque el tipo de cambio tiene espacio de sobra hasta la banda superior y no sería nada dramático. Sin embargo, el analista considera poco probable que esa suba se concrete en noviembre: la liquidación de divisas del agro podría aumentar el mes próximo y mantendría al dólar relativamente contenido, mientras que el principal riesgo vendría desde afuera, con un eventual fortalecimiento global del billete verde, aunque la apreciación del real brasileño funciona como amortiguador para el peso argentino.
“El mayor factor de riesgo puede venir desde el escenario global con un fortalecimiento del dólar, aunque la apreciación del real funciona como amortiguador.”Andrés Reschini, de F2 Soluciones Financieras
- El techo del corredor para noviembre quedó fijado en 1.989,12 pesos, 38,15 pesos por encima del límite de octubre.
- El mayorista acumula en 2026 una suba de apenas 3,8%, frente a una inflación del 23,6% en el mismo período.
- La distancia entre el precio actual y el techo ronda el 27,8%, la segunda más amplia desde la puesta en vigencia del esquema.
- El REM del Banco Central proyecta un promedio de 1.585 pesos para noviembre y un cierre cercano a 1.614 pesos en diciembre.
- Una devaluación anual del 11,5% según las expectativas oficiales dejaría al peso aún más apreciado en términos reales.
En la Argentina de los números grandes y los titulares tranquilizadores, lo que cuentan los manuales y lo que se ve en el mostrador de un acopiador de Maipú o de Rivadavia suelen correr por carriles distintos. El precio del kilo de uva, el costo de un flete, el valor de un insumo importado y la cotización que un productor puede conseguir cuando necesita dolarizarse para pagar un alquiler hablan un idioma que choca de frente con la foto del oficial a 1.512,50 pesos y con un techo que, por ahora, luce lejano. Cuando el peso se aprecia dentro de la cancha y los costos suben por la tribuna, la cuenta se vuelve cada vez más difícil de cerrar, y siempre aparece la misma pregunta que sobrevuela cualquier charla sobre el tipo de cambio en el interior productivo: al final del camino, ¿quién paga la cuenta?
