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Domingo, 18 de octubre de 2026
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El Kempes como escenario soñado para los cien años de Mirtha: Córdoba ya se ilusiona con la fiesta del siglo

El gobernador Llaryora deslizó la idea al aire y la propia Juana Viale la celebró con una sonrisa; la diva sigue recuperándose en su casa tras 18 días de internación y el 23 de febrero podría convertirse en una fecha histórica para el espectáculo.

Por Emilio BravoCultura y espectáculos · · hace 1 h
El Kempes como escenario soñado para los cien años de Mirtha: Córdoba ya se ilusiona con la fiesta del siglo

Lo dijo al pasar, casi como quien tira un volantazo con el café en la mano, pero la frase ya quedó dando vueltas por todas las mesas de los argentinos: los 100 años de Mirtha Legrand se festejan en el estadio Kempes. La criatura la parió Martín Llaryora en vivo, sentado en el living que su nieta Juana Viale conduce mientras la abuela repone fuerzas en su casa, y la verdad es que no se me ocurre un cierre más redondo para una novela que empezó hace casi un siglo en un teatro barrial de Villa del Parque y que todavía hoy, contra toda lógica y contra toda gripe mal curada, sigue pidiendo cámara.

La recuperación de la diva

Porque a esta altura, contar lo que le pasó a Mirtha en septiembre ya es casi un parte meteorológico: eighteen días de internación en el Sanatorio Mater Dei por una neumopatía, un alta fugaz a mediados de mes que no terminó de cerrar el cuadro, vuelta al sanatorio y finalmente el alta definitiva el 6 de octubre, con una Juana Viale que toma el micrófono cada domingo y cuenta, con la frente alta, que ella está cada día mejor, cada día más ella, con su temperamento hermoso que tiene. A sus 99, Mirtha no se conforma con sobrevivir: quiere volver a la mesaza, al living decorado con floreros y copas, al ritual de los domingos a la noche que es casi una misa laica para los argentinos.

“Ella está cada día mejor, cada día más ella, con su temperamento hermoso que tiene.”Juana Viale

La propuesta del Kempes

Y en ese living montado en televisión desembarcó el gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, y tiró la pelota al corner sin pensarlo demasiado: bueno, los 100 años los hacemos en el Kempes. Lo dijo entre risas, claro, porque cuando un gobernador habla de inversiones y de recintos grandes en la misma frase, uno ya sabe que no está proponiendo un té con masitas en la confitería del Hotel Alvear, sino algo a la altura de la criatura que se homenajea. El estadio Mario Alberto Kempes es de esos coliseos que se llenan con un suspiro: capacidad de sobra para que vayan a cantar los que la vieron debutar en el cuarenta y pico y para que la miren por una pantalla gigante los que hoy la quieren desde una tablet. Y la frutilla del postre la puso Llaryora cuando, todavía en tono distendido, agregó aquello de uno busca inversiones, está todo el año, como diciendo que la provincia está abierta a poner la billetera y que el proyecto no es un suspiro pasajero.

El entusiasmo de Juana y la marca de la abuela

Juana Viale no necesitó que le pasaran el papel: tomó la idea, la hizo propia y la selló con esa manera que tiene de invocar a la abuela como si la tuviera al lado, aunque la verdad es que la tiene al lado, en la casa, mirándola de reojo, seguramente opinando del maquillaje o del peinado. Viale evocó una frase clásica de Mirtha sobre Córdoba y la provincia volvió a quedar ternurizada en cámara; es que la Chiqui tiene esa habilidad remarkable de enamorar a cualquier gobernador sin pedirle nada, simplemente siendo. Y acá me detengo un segundo para decir lo que siento como espectador de toda la vida: que una conductora nonagenaria siga generando este tipo de escenas, que un gobernador se le acerque con una ocurrencia festiva y que una nieta traslade todo al aire con una sonrisa cómplice, habla muy bien del oficio y de la salud cultural de este país, que suele ser ingrato con sus ídolos.

Cómo me lo imagino yo (y se lo cuenta este periodista que ya peina canas)

  • Un escenario montado en una de las cabeceras del Kempes, con el campo lleno de mesas servidas como si fuera una cena de gala al aire libre, porque Mirtha siempre fue del orden y del cubierto bien puesto, no del sándwich de pie.
  • Un desfile de glorias invitadas que deberían incluir, mínimamente, a los que ella formó, los que ella lanzó y los que le deben un favor impagable: actores, cantantes, humoristas, modelos y esa troupe de políticos peronistas y radicales que durante décadas pasaron por su mesaza a pedir o a devolver favores.
  • Una pantalla gigante en el otro arco para que nadie se pierda la emoción de su eventual salida al palco, con un guion pensado para que Mirtha hable lo justo y necesario, porque a los 99 años uno no puede estar horas en cámara, aunque ella siempre intentó.
  • Música en vivo que cruce tango, folklore y pop argentino, porque Mirtha es esa síntesis rara de Pavarotti en el Colón y de Susana Giménez en Punta del Este, pero con carnet de conducir cinematográfico y apellido de leyenda.
  • Un brindis final con sidra y un video de archivo recorriendo los almuerzos más recordados, como cierre emocional apto para todas las edades, incluso para los más jóvenes que no la vieron en su apogeo y merecen entender por qué los que tenemos entre 40 y 60 la tratamos casi como un mueble de la casa.

Lo que hay que tener en cuenta

Antes de ilusionarse demasiado, conviene recordar que la idea nació como un comentario al pasar, que la logística de un evento así no se arma en cuatro meses sin un presupuesto importante y que Mirtha, queriendo, sigue siendo una paciente de 99 años que estuvo 18 días internada y que en abril ya había pasado un cuadro gripal con bronquitis que la sacó de la agenda varios días. O sea: la voluntad está, el cariño está, el estadio está, los fierros están; falta lo de siempre, que es lo más difícil, que es cuidar a la homenajeada sin convertir el festejo en una exigencia. Y acá reitero mi postura conciliadora de siempre: que se haga si ella quiere y si los médicos la firman, y si no se hace en el Kempes se hace en otro lado, porque a Mirtha no le hace falta un escenario de cien mil personas para seguir siendo Mirtha; le alcanza con una cámara, dos focos y el público del otro lado.

Horarios, precios y dónde ir (por ahora)

Por ahora no hay fecha confirmada más allá del 23 de febrero, que es el cumpleaños número 100 de Mirtha Legrand, ni sede confirmada más allá del comentario presidencial-cordobés en televisión, ni precio de entrada, ni horarios, ni grilla de artistas invitados. Lo que sí está confirmado es que ella sigue recuperándose en su domicilio, que Juana Viale conduce los domingos y que cualquier anuncio oficial se conocerá, como siempre en esta historia, por la propia Mesaza o por la cuenta de la familia. Si la propuesta avanza, este rincón del portal promete volver a abrirse con la cobertura completa del que probablemente sea el festejo más multitudinario de la historia del espectáculo argentino; si no avanza, también volveremos, porqueMirta, lo sabemos todos, es garantía absoluta de_noticia.

EB
Emilio BravoCultura y espectáculos

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