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El pibe que todavía se desayuna y ya le ganó el clásico al Ciclón

Arrayago, de 17 años y con cara de alumno de primer día, metió un cabezazo a los seis minutos y le dio a Independiente un 1 a 0 que vale oro en el Libertadores de América. Insúa se sentó en el banco visitante y se quedó con la cara larga.

Por Facundo YacanteDeportes · 14 de septiembre de 2026 · hace 1 h

A veces uno se imagina la vida de un juvenil de diecisiete años y piensa en la mochila del colegio, en el permiso para salir hasta tarde y en la factura sin terminar de pagar. Juan Arrayago, por lo visto, tiene la cabeza en otra parte: la metió en el área y la mandó a guardar. Sí, señor. El pibe que todavía debe pedirle a la vieja que le firme el permiso para ir a la concentración le ganó el clásico a San Lorenzo con un cabezazo a los seis minutos y le dio al Verdinegro un 1 a 0 que en Avellanenda lo celebraron como si fuera una final.

El gol llegó rápido, de esos que te dejan dormido al rival. Santiago Montiel, que en esta clase suele ser el que toma la lapicera roja, ejecutó un centro largo y preciso desde la jugada preparada tras una infracción. Arrayago le ganó a todos de arriba, con ese salto que parece casual pero que los que saben entienden: es puro timing y hambre. El Libertadores de América explotó. Del otro lado, Insúa, que debutaba en el banco del Ciclón en su tercera etapa, se acomodó el saco sin perder la calma, aunque por dentro algo le habrá dicho que el guion se le estaba complicando.

El Rojo lo administró, el Ciclón lo buscó y no lo encontró

Después del baldazo de agua fría, los del Pueblo Viejo se ordenaron. Tuvieron la pelota, la movieron con criterio y dejaron correr el reloj. Montiel volvió a probar desde el vértice del área, pero Devecchi, que en Boedo lo quieren como a un hijo pródigo, la controló sin despeinarse. San Lorenzo intentó presionar más arriba, tiró centros largos y apostó a la pierna fuerte, aunque sin generar nada que realmente le doliera al arquero local. Iván Marcone y Perruzzi vieron la amarilla en el arranque, como para que nadie se olvidara que esto era un clásico y no un picado de miércoles a la tarde.

El contexto, además, le daba al resultado un plus que no es menor. Independiente venía de no ganar en su estadio desde la segunda fecha y, con trece puntos, estaba en zona de clasificación, a una unidad de los líderes del grupo A. Para los del Ciclón, en cambio, una victoria los hubiera empatado con su rival y los dejaba de nuevo en carrera. Por eso el 1 a 0 no era un gol más: era oxígeno puro para los de Avellaneda y un dolor de cabeza para los de Boedo, que arrancan la era Insúa 2.0 (o 3.0, según cómo se lo cuente) con el pie izquierdo en el clásico más caliente del fútbol argentino.

¿Puede Arrayago sostenerse y ser el nueve del torneo?

Esa es la pregunta del millón, y también la que me hago mientras miro el reloj. Arrayago tiene 17 años, juega como si tuviera 30 y acaba de meter un gol en un clásico con la frente. ¿Puede sostenerlo? Puede, claro que puede. ¿Lo va a sostener? Eso ya es otra historia, porque el fútbol argentino tiene una costumbre bárbara: te levanta un pibe, lo expone en la tapa de todos los diarios y, a la semana siguiente, lo marca con un nueve grandote que le explica lo que es el profesionalismo. Lo que pase de acá en adelante con este chico lo va a contar el tiempo, la paciencia del cuerpo técnico y, sobre todo, la cabeza del propio Arrayago. Mientras tanto, en Avellaneda se dan permiso para ilusionarse. Y en Boedo, a repasar la defensa.

“Los clásicos se ganan con detalles y el detalle, esta vez, fue un pibe que todavía se desayuna.”Facundo Yacante, Deportes
FY

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