Entre lunas y sal: Amalia Amoedo abre las puertas de su propia obra en La Boca
La coleccionista que preside una fundación con sede en Uruguay y asesora al MoMA y al Pompidou muestra pinturas y videos en Ungallery hasta el 18 de octubre. Una rareza: casi nunca expone lo que hace con sus propias manos.
Acá en La Boca, a pocos metros del Riachuelo y del ruido de los talleres, hay una puerta que no es la típica de los circuitos del centro. Es la de Ungallery, y hasta el 18 de octubre guarda algo poco habitual: obra hecha por las mismas manos que durante casi tres décadas eligieron, compraron y cuidaron cientos de piezas ajenas. Se trata de "Entre Dos lunas", la muestra de Amalia Amoedo, una mujer que en el mundo del arte argentino suena mucho más como mecenas que como artista, y que por estos días decidió correrse del rol de coleccionista para mostrar lo suyo.
Yo la crucé varias veces en eventos y siempre la vi del lado de los que miran, los que recomiendan, los que firman al pie de un catálogo. Por eso me llamó la atención esta exposición: pinturas y videos que ella misma vincula con imágenes de su infancia. Son piezas que no buscan competir con las más de 800 obras latinoamericanas que reúne su colección, sino contar de dónde vienen los ojos que un día se enamoraron de un cuadro de Gachi Hasper.
Una historia que empieza a los 19
Todo arrancó cuando tenía 19 años y su hermano Alejandro Bengolea le regaló una pintura de Gachi Hasper. Era 1996, según los datos que maneja la Fundación Ama Amoedo. A partir de ahí no paró: hoy su colección es una de las más consultadas por investigadores y curadores de la región, y ella preside una fundación que sostiene un programa de residencias artísticas en la Casa Neptuna, en José Ignacio, Uruguay, un edificio que lleva la firma del artista Edgardo Giménez.
Si uno se acerca hasta el Puerto Madero porteño también se topa con su huella: la fundación colabora en la gestión de la Colección AMALITA, el museo que Amalia Lacroze de Fortabat encargó levantar y que fue diseñado por el arquitecto Rafael Viñoly. Ahí, por estos días, se puede ver una muestra sobre la colección particular del curador Marcelo Pacheco.
Una obra monumental y efímera
Este año la colección Amoedo dio que hablar porque se quedó con "Monitor Yin Yang", la instalación de Matías Duville que representa a la Argentina en la Bienal de Venecia. Amoedo la describe como "monumental y enormemente hermosa": un paisaje que se puede caminar, hecho con sal y carbón, con dibujos que remiten a lugares alejados de la civilización. La rareza es que se destruye al cierre de cada exhibición y se vuelve a montar en cada nuevo espacio, como si el arte negara la idea de permanence y se ofreciera siempre renovado.
Una personalidad destacada de la cultura
En 2024 el gobierno de la ciudad de Buenos Aires la declaró Personalidad Destacada de la Cultura, un reconocimiento que se suma a los cargos que ocupa en los comités consultivos de Americas Society, del Centre Pompidou de París y del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Trayectoria internacional, sí, pero también una decisión personal de sentarse del otro lado del mostrador y mostrar su propio trabajo.
Vecina de toda la vida del circuito del arte, me dijo entre risas una señora de Boedo con la que hablé esperando el colectivo: "Yo no sabía que esta chica hacía cuadros, siempre la vi por la tele comprando cosas". Como ella, más de uno se va a sorprender al cruzar la puerta de Ungallery. La cita queda abierta hasta el 18 de octubre en La Boca: para los que quieran ver, y de paso entender, por qué Amalia Amoedo lleva treinta años moviéndose como pez en el agua entre lunas, sal y carbón.
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