Hot Wheels Infinite Rush: Milestone cambia la pista por el mundo abierto y suma más de 150 autos para coleccionar
El nuevo juego de la franquicia abandona el circuito cerrado, divide el mapa en cuatro islas temáticas y permite destruir casi todo lo que aparece en pantalla; brilla por su variedad de vehículos y su ritmo arcade, aunque muestra asperezas técnicas y una ausencia notoria de historia.
Milestone presentó Hot Wheels Infinite Rush, una entrega que rompe con la lógica de pista cerrada que dominó a la saga y propone en su lugar un mapa de mundo abierto con cuatro grandes islas temáticas, más de 150 vehículos para coleccionar y un entorno casi por completo destructible. La apuesta es clara: libertad de exploración y velocidad arcade por encima de cualquier narrativa lineal, una decisión que le asegura adeptos entre los seguidores de la marca pero que también deja interrogantes sobre la profundidad del producto a largo plazo.
Cuatro islas para acelerar sin un hilo conductor
El mapa se reparte entre Wheelswood, un entorno urbano con rascacielos y tránsito; Tentacle Bay, un bioma costero de ecosistemas variados; Gearville, una zona industrial que combina naves y dunas de desierto; y Drifty Temples, una región de inspiración oriental con pasos de montaña ideales para el derrape. El juego no incluye campaña argumental: la propuesta es acelerar y explorar sin un hilo conductor formal, un esquema que funciona en las primeras horas pero que puede empezar a sentirse como una limitación a medida que se acumulan las sesiones.
- Bólidos: priorizan la velocidad punta y recargan turbo en aceleración sostenida.
- Derrapadores: acumulan nitro al tomar curvas cerradas en derrape.
- Equilibrados: generan energía con casi cualquier maniobra.
- Todoterreno Titanes: pensados para terreno irregular, con recarga automática de turbo.
El cambio entre categorías es inmediato y no interrumpe la marcha, lo que refuerza la sensación de estar recorriendo una maqueta interactiva a escala. En ese recorrido, árboles, luminarias y vehículos civiles reaccionan al menor impacto, y la destructibilidad del entorno se vuelve un sello estético del título. Para los coleccionistas, el catálogo supera los 150 vehículos, con prototipos de la propia marca y licencias de fabricantes reales, fichas históricas de cada modelo y un editor de pintura, rines e interiores que invita a personalizar cada adquisición.
60 cuadros por segundo estables, con asperezas que se notan
En el plano técnico, el juego mantiene 60 fotogramas por segundo de forma estable, un dato clave para un arcade de velocidad donde la respuesta inmediata marca la diferencia. Sin embargo, la fluidez convive con detalles que empañan la experiencia: algunas texturas del entorno cargan con retraso y los tiempos de espera al reaparecer en la isla tras completar un evento rondan el minuto, una fricción innecesaria en un título pensado para encadenar carreras. El sonido, en cambio, aparece como uno de los puntos altos, con un impacto metálico y plástico que acompaña bien la sensación de correr con un auto de juguete a tamaño real.
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