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La dermatitis atópica no espera y el bolsillo tampoco: casi la mitad de los pacientes frena su tratamiento por no poder pagarlo

Un relevamiento de AEPSO muestra que el 48,5% de los enfermos postergó o suspendió consultas en los últimos seis meses por motivos económicos. Especialistas insisten en que el diagnóstico a tiempo y la continuidad del tratamiento cambian la historia de una patología que pica, desvela y deja huella en la vida cotidiana.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · 14 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Son las tres de la tarde acá en Chimbas y Marta, que vive a tres cuadras de la plaza, me abre la puerta mientras se rasca el antebrazo sin darse cuenta. Tiene 47 años, dos hijos que la miran hacer y un diagnóstico de dermatitis atópica que carga desde chica. Esta semana suspendió la consulta con la dermatóloga porque el colectivo subió y el sueldo no le alcanzó para la mochila completa: la crema, el antihistamínico y la vuelta al especialista. No es un caso aislado. Según un relevamiento reciente de la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis (AEPSO), casi uno de cada dos pacientes con dermatitis atópica postergó o suspendió consultas médicas en los últimos seis meses por dificultades económicas, un dato que pinta de cuerpo entero lo que se vive en los barrios cuando la piel pide ayuda y la billetera dice que no.

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel, no contagiosa, cuyo síntoma más incapacitante es la picazón persistente. No tiene cura, pero se puede controlar. El problema es que cada vez más personas dejan de intentarlo, y la enfermedad, que alterna brotes con períodos de remisión, avanza sin pausa mientras tanto. En Argentina afecta al menos al 10% de los niños y adolescentes; puede comenzar a cualquier edad y, en aproximadamente tres de cada diez casos, persiste durante la adultez. Las lesiones suelen aparecer en la cara, el cuero cabelludo, las orejas, el dorso de las manos y distintas zonas de brazos y piernas.

Lo que dice la encuesta y lo que se vive en la consulta

Lo que dice la encuesta y lo que se vive en la consulta

Los números que dejó el relevamiento de AEPSO, que tomó respuestas de pacientes y cuidadores, son elocuentes: el 44,8% tuvo dificultades para acceder a los medicamentos indicados y el 37,3% directamente redujo o dejó de comprarlos por falta de recursos. Cerca de dos de cada diez personas no seguía el tratamiento prescripto, principalmente por las mismas razones. Pero el impacto va mucho más allá de la piel: el 63,4% reportó alteraciones en la calidad del sueño, el 61,9% debió modificar su rutina diaria y el 56,7% aseguró que la enfermedad afectó su calidad de vida en términos generales. Quienes sufren picazón crónica e intensa tienen tres veces más probabilidades de desarrollar depresión y el doble de sufrir ansiedad, un combo que pesa en lo emocional y también en lo laboral.

“El picor no deja dormir, ni permite la vida social, el trabajo, la escuela, baja la autoestima y complica tremendamente la dinámica familiar. Afecta la vida las 24 horas.”Silvia Fernández Barrio, presidenta de AEPSO

Lo escuché y me sonó a lo que me contaba Marta mientras preparaba un mate en la cocina: que hay noches en que se despierta tres o cuatro veces porque la piel arde, que el año pasado faltó una semana entera al trabajo porque un brote le tomó las manos y que su marido, cansado de escucharla quejarse, terminó llevándola a la guardia un domingo a la madrugada. Esa es la otra cara de la dermatitis atópica, la que no entra en los papers ni en los recetarios, pero pesa en la vida cotidiana de miles de familias argentinas que pelean contra una enfermedad que no da tregua y contra un sistema que a veces tampoco.

Por qué el diagnóstico temprano y el seguimiento continuo son clave

Acá en Rawson, donde me críe y donde todavía paso a visitar a una tía que tiene la piel agrietada por los brotes de cada invierno, la advertencia de los especialistas es clara: el diagnóstico temprano permite ajustar el tratamiento a las características de cada paciente y evitar que la enfermedad se enquiste. El enfoque personalizado, según los profesionales consultados, es lo que posibilita sostener el control de los síntomas en el tiempo, reducir la frecuencia de los brotes y, sobre todo, mejorar la calidad de vida de quien la padece y de toda su familia. Pero para eso hace falta llegar a la consulta, conseguir los medicamentos y volver. Y hoy, por motivos puramente económicos, una porción enorme de los pacientes no está pudiendo completar ese circuito.

  • El 48,5% de los pacientes postergó o suspendió consultas médicas en los últimos seis meses por motivos económicos.
  • El 44,8% tuvo dificultades para acceder a los medicamentos indicados.
  • El 37,3% redujo o dejó de comprar los medicamentos por falta de recursos.
  • El 63,4% reportó altered en la calidad del sueño y el 56,7% dijo que la enfermedad afectó su calidad de vida.
  • La picazón crónica e intensa triplica el riesgo de depresión y duplica el de ansiedad.

Mientras los números siguen saliendo y las obras sociales discuten coberturas, en las casas como la de Marta lo que queda es la espera: la esperanza de que el próximo mes el sueldo alcance, de que la dermatóloga tenga un turno disponible, de que la crema esta vez no se termine antes de tiempo y, sobre todo, de que la piel, finalmente, les deje dormir. Por ahora, lo que la gente espera, acá y en cada barrio del país, es poder seguir el tratamiento sin tener que elegir entre comer, pagar el alquiler o comprarse la pomada que le calma la picazón.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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