La huerta que también decora: cómo armar un jardín que dé frutos y flores a la vez
Septiembre abre la puerta para sembrar y plantar, pero antes de meter las manos en la tierra conviene pensar el espacio como un todo. Acá van los criterios que los jardineros y viveristas recomiendan para que la huerta conviva con el resto del jardín sin pelearse por el sol ni por el agua.
Son las nueve de la mañana en un barrio cualquiera de Chimbas y doña Beatriz está parada en el patio, con la taza de café en una mano y la manguera en la otra, mirando con cara de duda ese rectángulo de tierra que quedó libre después de podar el cerco. El verano pasado lo usó para plantar tomates y le fue bien, pero este año la nena le pidió que pusiera flores de colores cerca de la ventana de la cocina. Y ahí nomás empezó el lío: ¿se puede mezclar la huerta con el jardín sin que uno le quite lugar al otro? La respuesta corta es sí, y septiembre es el mes ideal para empezar a pensarlo en serio, antes de que el calor apriete y las plantas empiecen a pelearse por cada centímetro de sol.
Primero el diseño, después la siembra
Antes de elegir qué sembrar, conviene pararse en el patio y mirar con ojos de paisajista. ¿Cuánto espacio tengo realmente? ¿Qué quiero que se vea desde la ventana? ¿Cuánto va a crecer cada planta dentro de unos años? Esas son las preguntas que cambian todo, porque un laurel comestible que hoy es un plantín flaco en unos años se transforma en un cerco verde que tapa la vista del ténder de la ropa, y un taco de reina sembrado contra el alambrado puede armar una cortina de flores amarillas, anaranjadas o rojizas que dure toda la temporada.
Qué sembrar y qué plantar en septiembre
- Cultivos de temporada: tomate, albahaca, berenjena, lechuga y pepino, que se pueden arrancar con semillas o con plantines según el apuro y la experiencia de cada uno.
- Vegetación que dura varios años: romero, tomillo, orégano y laurel comestible, ideales para darle continuidad al conjunto y no empezar de cero cada primavera.
- Plantas ornamentales para cercos y rejas: taco de reina para cubrir alambrados con flores de colores, y laurel comestible para armar pantallas verdes que oculten lo que no se quiere mostrar.
La clave, coinciden los viveristas, es combinar lo que dura muchos años con lo que se renueva cada temporada. Así, cuando termina el ciclo del tomate o del pepino, el romero y el laurel siguen ocupando su lugar y el patio nunca queda pelado. Además, tener plantas aromáticas perennes cerca de la huerta ayuda a atraer polinizadores y a perfumar el ambiente, algo que doña Beatriz va a agradecer cada vez que salga a cortar albahaca para el almuerzo.
Sol, agua y orientación: lo que no puede faltar
Acá en Rawson, como en buena parte del centro y norte del país, identificar el norte es el primer paso: es el lado donde el sol pega más fuerte y más horas. Las plantas de huerta necesitan al menos medio día de exposición solar directa, así que conviene reservarles ese sector privilegiado. Y al lado, una toma de agua, porque en primavera y verano la evaporación y la transpiración se disparan, y tener que cruzar el patio con la manguera llena termina agotando al más entusiasta. Planificar el riego es parte del diseño, no un tema menor que se resuelve después.
“Cuando uno piensa la huerta y el jardín juntos, deja de ser un problema de espacio y pasa a ser un problema de elección. Lo importante es que cada planta tenga su lugar, su sol y su agua, y que lo que cosechemos no quede escondido detrás del cerco de romero.”Vivero El Renuevo, consultado por Sociedad y vida
También hay que anticipar los conflictos que vendrán. Las frutillas, por ejemplo, son un imán para los pájaros, y tarde o temprano va a hacer falta una red para protegerlas. Si ese sector se ubica en el fondo del jardín, la cobertura se disimula con el resto de la vegetación y no rompe la estética. En el suelo o en macetas, el compost y el humus de lombriz son aliados baratos y efectivos para mejorar la estructura de la tierra y aportar nutrientes de manera pareja, algo clave cuando en el mismo metro cuadrado conviven plantas que se comen y plantas que se miran.
Un cuidado especial para lo que se lleva a la mesa
El último punto no es menor y muchos lo pasan por alto: todo lo que se rocíe en el sector tiene que estar aprobado para cultivos comestibles, incluso cuando se aplique sobre las plantas ornamentales que están al lado. La razón es simple, explica un ingeniero agrónomo consultado por este portal: las pulverizaciones derivan, y si lo que cae sobre una flor termina en la lechuga de al lado, el problema deja de ser estético y pasa a ser de salud. Por eso, antes de comprar cualquier producto fitosanitario, hay que leer la etiqueta y verificar que sirva para huerta.
Doña Beatriz, mientras tanto, ya tiene el plan armado: laurel comestible contra el ténder, taco de reina en el alambrado del fondo, romero y tomillo en la esquina que más sol recibe, y los tomates y la albahaca bien al norte, cerca de la canilla. Lo que empezó como un pedido de la nena terminó siendo una excusa para repensar todo el patio. Y eso, dice mientras corta un ramo de orégano para el almuerzo del domingo, es lo mejor que le pasó en septiembre.
