La ilusión del tenis argentino vuelve a asomar en Nueva York y hasta se da el lujo de fabricar un cruce propio
Cerúndolo, Etcheverry y Navone sacaron el boleto a la tercera ronda del US Open, un escenario que el tenis nacional no pisaba con tres apellidos desde 2018. La fecha ya tiene condimento extra: dos de ellos se cruzan este viernes y garantizan un cuartofinalista albiceleste.
A veces el tenis argentino se parece a esas viejas modas que uno cree extinguidas y de golpe reaparecen en la vidriera. El US Open 2025 venía con una delegación enorme, de esas que juntan que viajan y boletos que se queman en la primera manga, pero lo de estos últimos días en Flushing Meadows fue otra cosa: tres jugadores metidos entre los 32 mejores al mismo tiempo. Para encontrar la última vez que eso pasó hay que retroceder hasta 2018, cuando Del Potro, Schwartzman y Pella tiraban la casa por la ventana. La traducción es simple: el tenis argentino, el de los muchachos, vuelve a dar pelea de verdad en un Grand Slam.
Tres apellidos y un dato que pesa
Francisco Cerúndolo, preclasificado 25, Tomás Etcheverry, 32 del mundo, y Mariano Navone, 49, son los tres mosqueteros que siguen vivos. Lo de Navone tiene su propio condimento: entró al cuadro desde la qualy, pasó dos partidos y ya está entre los 32 mejores de un Major sin perder un set. A sus 24 años, el oriundo de la zona oeste del conurbano se está ganando un lugarcito en la conversación grande del circuito. El Peque Cerúndolo, en tanto, sigue cumpliendo con la obligación silenciosa de los preclasificados: ganar los partidos que tiene que ganar. Y Etcheverry, con su derecha que parece un cañón y su físico de jugador de rugby, se acomodó en el lugar donde el ranking le pedía estar.
La estadística no es capricho. Desde 2018 a esta parte, cuántas veces hubo un solo argentino en la tercera ronda y, a veces, ni eso. Que ahora aparezcan tres al mismo tiempo habla de un cambio sutil: la camada del relevo empezó a transformarse en camada de presente.
La tercera ronda tiene una perlita que parece diseñada por el destino con muy mala leche. Este viernes, no antes de las 17 hora argentina, Navone y Etcheverry se ven las caras en la cancha. El que gane se mete en cuartos de final y se cruza, casi con seguridad, con el italiano Jannik Sinner, máximo favorito al título. Es decir: la ilusión de tener un argentino en la segunda semana del US Open ya está servida. Lo que no está claro es hasta dónde le alcanzará la nafta.
Cerúndolo, mientras tanto, tiene por delante al estadounidense Taylor Fritz, 10 del ranking y dueño de un saque que en Flushing Meadows suele volar. El historial entre ambos está empatado: uno y uno. Es de esos partidos donde el que mejor maneje los nervios gana, y donde la jerarquía del preclasificado no alcanza si no aparece la cabeza fría.
El resto de la delegación, entre la qualy y el abrazo del adiós
Argentina desembarcó en Nueva York con una de las camadas más nutridas del año. Por el cuadro principal entraron trece jugadores y otros nueve pelearon su lugar en la qualy. En el cuadro femenino, Solana Sierra, 89 del mundo, cayó en primera ronda ante Elina Svitolina, preclasificada 7. Nadia Podoroska, que está volviendo y aparecía 327 en el ranking, tuvo su pequeño hito al pasar una ronda tras vencer a la suiza Simona Waltert, pero la segunda la depositó frente a Iga Swiatek, 9 del mundo, que la despachó con un 6-3 y 6-2 sin levantarse del sillón. Julia Riera, Jazmín Ortenzi, Luisina Giovannini y Lourdes Carlé tampoco pudieron sortear la clasificación.
Entre los varones, la segunda ronda fue un techo pintado con aerosol. Thiago Tirante, Juan Manuel Cerúndolo, Sebastián Báez, Román Burruchaga, Camilo Ugo Carabelli, Facundo Díaz Acosta y Francisco Comesaña se despidieron en la primera. Marco Trungelliti, que había alcanzado la segunda manga, cayó ante el belga Alexander Blockx, 34 del mundo.
“Que tres argentinos lleguen a la tercera ronda del US Open al mismo tiempo es una señal de que el recambio no es promesa, es realidad.”Lectura desde Nueva York
El fantasma de 2018 y la pregunta que flota
El antecedente de 2018 no es cualquier cosa. Aquel año, Del Potro hizo el camino completo hasta la final: le ganó a Verdasco, a Coric, a Isner y se metió en la definición tras el retiro de Nadal en semifinales. Después perdió con Djokovic por 6-3, 7-6 y 6-3. Esa sigue siendo, a día de hoy, la última final de Grand Slam en singles jugada por un argentino. Cualquier comparación con lo de ahora sería injusta e innecesaria. Pero el recuerdo está ahí, en el aire caliente de Nueva York, esperando a ver si alguno de los tres se anima a escribir un capítulo propio.
¿Puede Cerúndolo, Etcheverry o Navone ir más lejos que sus antecesores? Mi pronóstico, con el derecho a errar que me reservo: hay con qué soñar, aunque no con qué prometer. El tenis argentino vuelve a tener a tres jugadores en la segunda semana de un Major. Eso, por ahora, ya alcanza.
