La sombra de Vadalá se mete en el set: dos juicios que complican a la serie de Moria en Netflix
A menos de un mes del estreno, los hijos del exmarido de la vedette acumulan presentaciones en la Justicia. La familia pide plata y disculpas, no que se borre la ficción, y mete en la causa hasta al director. Mientras el debate público se enciende, Moria y sus abogados salen a defender la producción.
A mí, cada vez que un caso así estalla, me vuelve una frase que Moria repetía en los pasillos del Maipo allá por los años ochenta, cuando el teatro de la calle Corrientes todavía olía a madera recién pintada: «Los que me quieren, me cuidan; los que me odian, me miran». Esa misma lógica parece estar moviendo ahora a la Justicia, porque a la serie biográfica de Moria Casán en Netflix le brotaron dos demandas casi en simultáneo y la tormenta no parece haber pasado. A menos de un mes del debut, los hijos de Luis Vadalá, exmarido de la vedette, salieron a litigar por separado para discutir cómo quedó dibujada la figura de su padre en la pantalla. Lo que empezó como un solo reclamo se transformó en un frente judicial con audiencias, abogados cruzándose declaraciones y pedidos de disculpas públicas incluidos.
La segunda demanda
La novedad más reciente es la presentación que hizo Ramiro Vadalá, hijo del exmarido de Moria, que se sumó a la causa que ya había iniciado su hermana Ingrid. En este caso, la demanda apunta directamente contra Netflix, contra la productora del proyecto y contra la propia Moria Casán, y a diferencia de lo que ocurrió con su hermana, Ramiro decidió ampliar el listado de acusados y metió en la fila al director de la serie, Javier Van de Couter. La primera audiencia de esta segunda acción está prevista para fines de septiembre, según pudo saber este portal, mientras que Ingrid ya pasó por su primera instancia en los tribunales.
Qué se discute en los tribunales
Los fundamentos que aparecen en el expediente de Ramiro son tres y conviene repasarlos uno por uno para entender de qué se acusa a la producción. El primero es daño psicológico, el segundo es daño moral y el tercero es un perjuicio directo a la imagen de su padre. Lo que la familia objeta es el modo en que la serie retrata a Vadalá: escenas de consumo de sustancias, situaciones de violencia y, como punto que más llamó la atención, una secuencia en la que el personaje aparece desnudo frente a una hija menor de edad. Para los demandantes, esa construcción habilitó críticas públicas contra un hombre que ya no puede responder en cámara.
Y acá viene un detalle importante, porque la familia no está pidiendo que la serie se edite ni que esas escenas se borren del catálogo de Netflix. Lo que se solicita es un resarcimiento económico, cuyo monto se terminará de definir en una audiencia posterior, y un pedido de disculpas públicas. Es decir, la pelea no es por sacar al personaje de la pantalla, sino por la herida que dejó la forma en que fue contado.
La defensa de Moria
Del lado de Moria, el abogado César Carozza eligió salir al cruce con el tono más filoso que conoce. En el debate público sobre la causa, el letrado apuntó especialmente a uno de los argumentos que más incomoda a la producción: la queja por una escena en la que el personaje es presentado con un origen humilde y trabajo en la mecánica. «¿Y eso es menospreciar a alguien? ¿Ser mecánico es despreciar a alguien?», preguntó Carozza, dejando en claro que la defensa va a pelear no solo en los tribunales, sino también en la conversación que se arma alrededor del expediente.
Un antecedente clave
En medio de esta pulseada hay un dato que ayuda a poner las cosas en contexto y que merece ser destacado. En 2007, el propio Luis Vadalá se sentó frente a las cámaras de Gran Hermano Famosos y, con la exposición de un reality de veinticuatro horas, pasó al frente a contar en primera persona varios de los episodios que hoy vuelven a aparecer ficcionados en la serie de Netflix. Es decir, que buena parte de las situaciones que la producción puso en escena ya habían sido relatadas por el propio Vadalá cuando todavía estaba vivo, y eso seguramente va a ser parte del juego en la estrategia judicial.
La serie, hay que decirlo, no menciona en ningún momento el apellido Vadalá: al personaje se lo llama siempre por su nombre de pila, lo que no impide que los hijos reconozcan de inmediato de quién se está hablando.
Qué preguntar en voz alta
Lo que uno se queda pensando, después de leer la causa de punta a punta, es dónde termina el derecho a contar una historia y dónde empieza el derecho a no quedar expuesto frente al mundo. A mí, como periodista y como espectador, la pregunta que me queda dando vueltas es esta: ¿una producción biográfica debería tener límites legales sobre cómo retratar a personas del entorno del protagonista, o el arte y la televisión tienen que poder moverse sin pedir permiso? Son preguntas que no tienen respuesta fácil, y que esta pelea judicial recién empieza a poner sobre la mesa.
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