Salarios que recuperan terreno y un consumo que se niega a despegar: la paradoja argentina de 2025
La inflación de agosto perforó el 1,7% mensual y los sueldos ya acumulan cinco meses de mejora real, pero los argentinos siguen volcando sus ingresos al dólar y postergando gastos. El crédito no aparece y los bancos se mantienen a la expectativa, mientras industria y construcción siguen en caída.
La foto macroeconómica de agosto dejó una de esas imágenes que, sobre el papel, deberían entusiasmar a cualquier gobierno que aspire a reconstruir el poder adquisitivo: la inflación mensual se ubicó en 1,7%, el registro más bajo en muchísimo tiempo, y los salarios acumulan cinco meses consecutivos creciendo por encima del índice de precios. El combo, en cualquier manual de economía, es la antesala del rebote del consumo. En la Argentina de este 2025, sin embargo, la teoría choca contra una realidad mucho más terca, porque ese esperado repunte del gasto de las familias sigue sin materializarse y la pregunta que recorre despachos oficiales, bancos y principales cadenas de empieza ainstalarse con incomodidad en la conversación cotidiana de los argentinos, que es, en definitiva, cuándo se van a animar a volver a gastar.
El economista Fernando Marull lo resumió con una frase que condensa el desconcierto de los últimos relevamientos: "Los salarios ya acumulan cinco meses de recuperación real, en un contexto de descenso de la inflación. Pero se nota mucha cautela y ese rebote no está yendo al consumo". La advertencia no es menor, porque describe un fenómeno que rompe con la lógica más elemental de la macroeconomía doméstica, donde normalmente, cuando el ingreso disponible mejora, el ticket promedio de los supermercados, los volúmenes vendidos en los centros comerciales y la cantidad de operaciones con tarjeta de crédito deberían acompañar esa mejora. Esta vez no.
Dólar mediante, el dinero se fuga del circuito de consumo
El dato que mejor explica hacia dónde se redirige ese excedente salarial lo aportan las propias estadísticas oficiales: solo en julio, los argentinos compraron cerca de 3.000 millones de dólares para atesoramiento, lo que representó un salto de casi 50% respecto de los meses previos. Del total adquirido, un tercio quedó depositado en cuentas bancarias en moneda extranjera, otro tercio salió del sistema financiero y el resto se destinó al pago de tarjetas y obligaciones en dólares, un comportamiento que confirma la persistencia de la dolarización como mecanismo defensivo aun en un escenario de mayor estabilidad.
El mecanismo, aunque elemental, merece ser subrayado porque es el verdadero punto de inflexión del actual escenario: cada peso que se convierte en billete verde es un peso que deja de comprar un electrodoméstico, de pagar una cena afuera, de financiar unas vacaciones o de renovar el vestuario, de modo que el ahorro preventivo en moneda extranjera opera como un freno directo, cotidiano y silencioso sobre el consumo interno, y esa fuga se produce justo cuando la macroeconomía empieza a dar señales más amables, lo que vuelve al cuadro especialmente contradictorio y revela la profundidad de las heridas que dejó la crisis cambiaria reciente.
El crédito no llega: bancos en guardia por la morosidad que dejó la tormenta
A ese drenaje de pesos hacia el dólar se suma otro factor que completa el cuadro recesivo del lado de la demanda, que es la retracción del crédito. Las entidades financieras siguen lidiando con niveles elevados de morosidad heredados de los meses de mayor tensión cambiaria y eso las vuelve especialmente cautelosas a la hora de prestar. En la práctica, el financiamiento al consumo sigue cayendo, las tasas de interés activas permanecen elevadas y los bancos, aun anticipando un gradual descenso de las tasas en los próximos meses, demoran la reactivación del crédito.
- Inflación de agosto: 1,7% mensual, el registro más bajo en mucho tiempo.
- Salarios: cinco meses consecutivos de suba por encima de la inflación, con recuperación real del poder adquisitivo.
- Compra de dólares para atesoramiento en julio: cerca de 3.000 millones de dólares, casi 50% más que en los meses previos.
- Destino de esos dólares: un tercio quedó en bancos, otro tercio salió del sistema y el resto se usó para pagar tarjetas en moneda extranjera.
- Crédito al consumo: en caída, con bancos cautos por la morosidad heredada de los meses de mayor tensión.
- Industria y construcción: ambas acumularon una baja de 5% en julio, pese al alivio salarial.
El panorama para lo que resta del año no es de derrumbe, pero tampoco permite hablar de rebote rápido, porque la economía muestra un mapa profundamente dual, donde los sectores ligados a las exportaciones, como energía, agro y minería, crecen con fuerza gracias a la mejora de los precios internacionales y laidad cambiaria, mientras que industria y construcción acumulan caídas preocupantes: en julio, ambos sectores retrocedieron 5%, una cifra que desnuda que el alivio en los salarios todavía no se traduce en mayor nivel de actividad para el conjunto de la economía, y que la recuperación, cuando llegue, lo hará de manera desigual.
La pregunta que sobrevuela todos los escritorios
Para el bolsillo de los argentinos, el escenario más probable de acá a fin de año combina precios relativamente estables o con subas moderadas, salarios que podrían seguir ganando algo de terreno real y un consumo que tardará en reactivarse mientras la incertidumbre siga empujando el ahorro hacia el dólar, lo que nos deja con la misma pregunta que sobrevuela los escritorios de los principales ejecutivos del supermercadismo, del comercio electrónico y de las administradoras de tarjetas de crédito, que es cuándo se van a animar a gastar los argentinos cuando sienten que sus sueldos mejoran, una cuestión que definirá el pulso económico del segundo semestre y que, por ahora, parece tener una respuesta esquiva y profundamente arraigada en la memoria reciente de los hogares.
