Miércoles, 9 de septiembre de 2026
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Seis alertas en el aire de Neuquén: lo que dejó el mes más crudo del invierno

Un relevamiento conjunto de la Universidad Nacional del Comahue y una empresa de datos ambientales marcó picos de material particulado y monóxido de carbono durante agosto, cuando el clima se volvió loco entre heladas, humedad y calores repentinos.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · 9 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Me acerco a la esquina de mi casa acá en Neuquén, miro el cielo y trato de adivinar si ese aire que me pega en la cara es el de un día cualquiera o el de uno de esos que el informe reciente acaba de marcar con rojo. El estudio que difundieron el Laboratorio de Climatología y Calidad del Aire de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Comahue y la empresa Clean Air Data es claro: durante agosto la ciudad tuvo seis momentos en los que el aire dejó de ser ese compañero invisible y se volvió un protagonista con facha pesada.

Tres picos de partículas y tres de monóxido de carbono

Lo primero que me llamó la atención es que el informe no habla de un problema parejo sino de pulsos. El material particulado PM10, esas partículas que se meten hasta el fondo de los pulmones, tuvo tres momentos álgidos: el más fuerte se extendió entre el 15 y el 17 de agosto, con un techo de 520 microgramos por metro cúbico, un número que, según los especialistas, queda muy por encima de los valores de referencia y que explica por qué a varios vecinos les ardía la garganta sin causa aparente. Otros dos repuntes, más bajos pero igualmente preocupantes, se ubicaron entre el 18 y el 20 y el 24 de agosto.

El monóxido de carbono, en tanto, sumó sus propias alertas los días 16, 18 y, con la peor lectura, entre el 19 y el 20, cuando el sensor llegó a marcar 2,3 partes por millón. Ese gas, que sale de los caños de escape y de las calefacciones cuando la combustión no es eficiente, es traicionero porque no se ve ni se huele, y por eso pega doble: lo respirás sin darte cuenta y se te instala en la sangre.

“Los datos de agosto muestran que la calidad del aire no es constante: puede cambiar significativamente en cuestión de horas según la combinación de emisiones y condiciones meteorológicas.”Responsables del estudio de la UNCo y Clean Air Data

Un agosto con clima bipolar

Lo que más me gustó del trabajo, y se lo escuché comentar a Dora, mi vecina del barrio Alto Comahue que siempre está pendiente del termómetro, es que agosto se comportó como si tuviera dos caras. En la primera quincena las mínimas se hundieron entre 0 y 2 grados, de esas madrugadas en las que uno duda si sacar el auto o caminar hasta la parada. Hacia el cierre del mes, en cambio, las máximas se animaron a pasar los 20 grados, y la ropa de abrigo empezó a quedar colgada en la silla sin uso.

  • Humedad promedio del 58,9 por ciento, con jornadas por encima del 90 por ciento y otras por debajo del 25 por ciento.
  • Amplitud térmica marcada: heladas matinales seguidas de tardes templadas.
  • Días de estabilidad atmosférica, con viento calmo, que favorecieron la acumulación de contaminantes cerca del suelo.
  • Ráfagas más intensas que, en lugar de limpiar, levantaron polvo y partículas depositadas, generando picos nuevos.
  • Coincidencia de los picos de contaminación con los momentos de mayor estabilidad y de mayor contraste térmico.

Esa combinación es la que más preocupa a los investigadores, porque el viento, cuando aparece, no siempre juega a favor: a veces sopla tan fuerte que arrastra lo que estaba en el piso y lo vuelve a meter en el aire que respiramos. Y acá en Neuquén lo sabemos bien: en cuanto sopla una ráfaga del sudoeste, el patio se llena de tierra y el auto amanece pintado de marrón.

Qué hacer con esta información en la vida cotidiana

Lo concreto, lo que sirve para decidir mañana a la mañana, es esto: para quienes viven en zonas con mucho tránsito o caldean sus casas con gas o leña, los días de estabilidad atmosférica son los que piden más cuidado. Lo razonable, según lo que se desprende del informe y repiten los especialistas, es ventilar los ambientes en las horas del día en las que se nota más movimiento de aire y evitar el esfuerzo físico al aire libre cuando el cielo se ve quieto, la humedad baja y el termómetro no termina de arrancar. También conviene prestar atención a los partes que difundan tanto la UNCo como Clean Air Data, porque los datos son públicos y están al alcance de cualquiera que quiera organizar su semana con un margen más fino de precaución. Para mí, que ya tengo dos hijos con los que caminamos hasta la escuela, la idea es simple: cuando el aire esté bravo, mejor salir con bufanda, avanzar por calles menos cargadas y, sobre todo, no subestimar lo que no se ve. Porque, como dice el estudio, la calidad del aire puede cambiar en cuestión de horas, y estar atentos a esos cambios es la forma más concreta de cuidarnos.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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