Torrente, el héroe que no se banca su propia sombra: la cruzada de Guillermo Toledo contra el espejo de Santiago Segura
El actor vuelve a la carga con una pregunta que incomoda: ¿qué pasa cuando el chiste más celebrado de la saga termina siendo el protagonista absoluto de la película? Una lectura sobre el humor que incomoda y el humor que consuela.
Vuelvo siempre a esa frase que un actor sanjuanino me soltó una vez, en una sobremesa cualquiera: "El humor es el espejo más cobarde que existe, porque te muestra la cara y te deja elegir si laves o no el plato". Cada vez que alguien vuelve a discutir qué se festeja y qué se reproduce en la pantalla, esa idea vuelve a aparecer, intacta, como una deuda pendiente. Y esta vez la trae Guillermo Toledo, que se anima otra vez a incomodar a Santiago Segura con un diagnóstico durísimo: Torrente no debería ser el héroe de su propia saga, sino el villano al que todos deberíamos señalar con el dedo.
El planteo es sencillo de explicar y complicado de digerir. Para Toledo, el personaje que Segura viene interpretando desde hace cinco películas concentra "todo lo peor de la España más oscura": fascismo, racismo, homofobia y machismo, una lista que, a su juicio, debería descalificar a cualquiera como protagonista de una historia. En sus propias palabras, recogidas por el material que dio pie a esta nota: "Se enfada mucho cuando yo le digo que haría de un fascista feliz como Torrente, pero no en una película como Torrente. Tendría que ser el malo de la película, no el héroe". La frase, más allá del cruce personal entre dos colegas que trabajaron juntos, abre una pregunta que nos atraviesa como público: qué hacemos cuando el antihéroe se vuelve mascota.
El trozo de carne en el suelo
Toledo eligió una escena concreta para mostrar lo que le preocupa. En una de las películas de la saga, Torrente tira un pedazo de carne al piso y tres personas negras se pelean por agarrarlo. Lo que a Segura le sale como gag, a Toledo le sale como diagnóstico: "La gente se reía con eso, les parecía gracioso. Es peligrosísimo, porque el humor es un arma política muy poderosa". El riesgo, aclara, no está en la risa en sí, sino en no preguntarse de qué nos estamos riendo. Es el viejo truco de la comedia que incomoda: reírse primero, reflexionar después, si es que queda tiempo.
“Tienes que aprovechar esa risa para que el público diga: ¿de qué me estoy riendo? Te pone frente a un espejo.”Guillermo Toledo
La diferencia que traza Toledo entre un humor que incomoda y uno que consuela no es nueva en la historia del teatro. Viene de lejos, de la tradición del absurdo, del grotesco que sabe mostrar lo que duele. Y él la conoce de cerca: la practicó con Animalario, el colectivo teatral español donde el humor funcionaba como herramienta para incomodar de manera deliberada, no para disfrazar lo que ya se estaba festejando afuera de la sala.
- Toledo reconoce que Segura "se enfada mucho" cada vez que le marca la contradicción, y eso, dice, ya es parte del problema.
- Para el actor, la saga acumula fascismo, racismo, homofobia y machismo en un solo personaje y lo celebra como héroe.
- El ejemplo de la carne en el piso es, para él, la muestra de cómo una escena se festeja sin filtro crítico.
- Su experiencia con Animalario le dio la vara para distinguir entre el humor que incomoda y el humor que reproduce.
- La última colaboración entre ambos fue "La reina de España" (2016); antes habían coincidido en "El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo" (2004).
Yo, que llevo años mirando películas con la libreta abierta, confieso que la pregunta me resuena especialmente cuando pienso en cómo ciertas sagas locales, no sólo en España, también construyeron a sus personajes más groseros como banderas de identidad. ¿Tiene razón Toledo en que el humor pierde filo cuando el personaje repugnante termina siendo el héroe? ¿O la ambigüedad, esa zona gris donde el público decide si se ríe con o de, es parte del juego que hace grande a una comedia? No hay respuesta limpia. Pero hay una obligación: mirar la pantalla con la misma seriedad con la que el humor nos exige que nos miremos a nosotros mismos.
