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Un mate bien caliente en pleno enero: la paradoja que incomoda y que la ciencia explica sin vueltas

Tomar una infusión caliente en un día sofocante suena a provocación, pero puede terminar refrescando, siempre y cuando el aire acompañe. El profesor John Tregoning lo aclara: lo decisivo no es la temperatura de la taza, sino cuánto se suda y si ese sudor se evapora.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · 17 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Son las cuatro de la tarde acá en Chimbas y Ester, mi vecina de toda la vida, me mira como si me hubiera vuelto loca cuando le ofrezco un té bien cargado, humeante, en medio de esta ola de calor que no da tregua. Me dice, mientras se abanica con la propaganda del supermercado: 'Vos estás loca, Rosana, con este calor me voy a derretir'. Y sin embargo, ahí está la paradoja que la ciencia viene estudiando desde hace rato: una bebida caliente, en ciertas condiciones, puede terminar refrescando el cuerpo en lugar de recalentarlo. La clave, como me imagino que ya intuyen, está en el famoso sudor y en algo tan simple como una corriente de aire.

Lo que dice el especialista y por qué importa el ambiente

El profesor John Tregoning, especializado en temas de bienestar, lo explica con una claridad que a mí me resulta casi un alivio. Cuando uno toma un líquido caliente, el cuerpo recibe calor. Hasta ahí, nada raro. Pero al mismo tiempo, esa bebida estimula la transpiración, es decir, activa las glándulas sudoríparas. Ahora bien, el efecto final depende de un detalle que muchos pasamos por alto: para que el balance sea refrescante, ese sudor tiene que evaporarse. Si lo hace, se lleva calor consigo y el cuerpo termina más fresco que antes. Si no lo hace, lo que queda es líquido sobre la piel, ropa empapada y una sensación todavía peor.

Acá entra en juego el ambiente, y acá es donde la cosa se vuelve bien concreta para nosotros, los que vivimos en el Gran San Juan y soportamos veranos que parecen no terminar nunca. Si estamos en un lugar seco y con buena circulación de aire, ya sea una brisa entrando por la ventana, el aire acondicionado moviendo el ambiente o un ventilador haciendo lo suyo, la evaporación se facilita y la infusión caliente cumple su papel. Pero si nos metemos en una habitación húmeda, sin ventilación, con esa sensación pegajosa que conocemos bien, el sudor se queda ahí, sin poder evaporarse, y lo único que conseguimos es sumar calor al que ya teníamos.

  • El líquido caliente aporta calor al cuerpo y, a la vez, dispara la sudoración como mecanismo de defensa.
  • Si el sudor se evapora, arrastra energía térmica y produce una pérdida real de calor, que es lo que refresca.
  • Si el sudor queda sobre la piel, empapa la ropa o gotea, se pierde agua sin el efecto refrescante buscado.
  • La humedad alta del aire dificulta la evaporación, aunque haya ventilación, porque el ambiente ya está saturado de vapor.
  • La falta de circulación retiene el aire húmedo pegado a la piel y limita el enfriamiento, por más que se sude mucho.
“La prioridad es reponer líquidos de manera frecuente. La temperatura de la taza o del vaso tiene un papel secundario frente a la hidratación y las condiciones del ambiente.”John Tregoning, profesor especializado en bienestar

Lo que más me gusta de lo que dice Tregoning, y que a Ester le tuve que repetir tres veces mientras tomábamos el té, es que la obsesión por si el agua tiene que estar fría o a temperatura ambiente importa mucho menos de lo que nos vendieron. Lo que de verdad cuenta es estar hidratados, tomar líquidos con frecuencia, y prestar atención a dos variables que tenemos a mano: la humedad del lugar donde estamos y si el aire circula o no. Ni más ni menos.

Las bebidas frías, claro, dan una sensación inmediata de frescura y bajan por un rato la percepción de calor, eso nadie lo niega. Pero las calientes pueden favorecer una pérdida real de calor mediante una mayor transpiración, siempre y cuando el entorno acompañe. Ninguna de las dos opciones gana en todos los escenarios. Por eso, antes de discutir si el mate de las cinco tiene que estar hirviendo o si el agua mineral tiene que estar helada, conviene mirar alrededor y preguntarse si el lugar donde estamos permite que el sudor cumpla su trabajo.

Ester, mientras tanto, terminó tomando el té, se sacó la remera de nylon que llevaba puesta, abrió la ventana de par en par y me dijo algo que me quedó dando vueltas: 'Sabés qué, Rosana, tengo menos calor que antes, pero no sé si es el té o la corriente'. Le dije que eran las dos cosas, trabajando juntas. Y eso, miren, es lo que uno espera cuando termina el verano: entender un poco más por qué nuestro cuerpo hace lo que hace, y dejar de pelearse con la taza de café caliente en pleno enero.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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