Un taco de Bellingham y un tiro libre desviado: dos empates que no dejaron tranquilo a nadie
El Real Madrid igualó 1-1 con el AEK en Atenas y el Liverpool hizo lo mismo con el Fenerbahce en Estambul, en una cuarta fecha de Champions League con goles desde el arranque.
Es como cuando salís de casa con paraguas y vuelve el sol a los diez minutos: te sentís un poco tonto, pero también aliviado. Así se vivió la tarde europea del miércoles, con dos partidos jugados en simultáneo y dos empates que nadie esperaba tan temprano.
Atenas: el zurdazo de Koita y la respuesta de taco
En el Allwyn Arena, el AEK se puso arriba a los 12 minutos. Aboubakary Koita recibió de Jovic, hizo una jugada individual y sacó un zurdazo al primer palo que sorprendió al Real Madrid. Al equipo español le costó veinte minutos reaccionar, y cuando lo hizo fue de la mano de Jude Bellingham.
A los 32, Bellingham recibió de Cucurella, no controló y la sacó de taco para el 1-1. Lo digo sin vueltas: es de esos goles que parecen casuales y que sólo le salen a un jugador con cabeza fría y piernas rápidas. Lo que queda de ese primer tiempo es un Madrid que se encontró con el partido cuando ya no lo esperaba.
Estambul: el juvenil que estrenó su gol europeo
En el Şükrü Saracoğlu, el Liverpool se adelantó con Trey Nyoni, un centrocampista inglés de 19 años que aprovechó un rebote en el área, agarró la pelota de sobrepique y la clavó con la derecha. Fue su primer gol en la competencia europea, y el pibe se la jugó en uno de los escenarios más exigentes del torneo.
El festejo les duró tres minutos. Mason Greenwood cobró un tiro libre con la derecha, el desvío en la barrera confundió a Alisson y la pelota entró para el 1-1. Un gol de manual para el que lo ejecutó y una mala noche para el arquero, que no tuvo nada que hacer.
- Real Madrid 1-1 AEK Atenas, en el Allwyn Arena: Koita (12') y Bellingham (32').
- Fenerbahce 1-1 Liverpool, en Estambul: Nyoni (26') y Greenwood (29').
A mí me quedó una sensación rara: el Madrid tiene con qué reaccionar, pero el empate en Atenas sabe a aviso. Y el Liverpool, con un juvenil que se animó en la hora de la verdad, también tiene motivos para mirar con más esperanza que nerviosismo. Lo emotivo de estas noches es justamente eso: uno se ilusiona con cualquier pelota que rebota a favor.
