Cayo Ambergris, un Caribe a la medida del caminante: cómo moverse por San Pedro y qué excursiones no conviene dejar pasar
Desde la avioneta de 15 minutos al ferry de una hora y media, la localidad beliceña combina un casco que se recorre a pie, los clásicos carritos de golf y salidas al arrecife, al Gran Agujero Azul y a Secret Beach. Una guía para armarse el viaje sin perderse nada.
Son las ocho de la mañana y la avioneta de Tropic Air despega del aeropuerto de Ciudad de Belice con apenas catorce pasajeros a bordo. Abajo queda la costa y, enseguida, el agua turquesa del Caribe. En quince minutos el avión toca pista en San Pedro, sobre el Cayo Ambergris, y uno empieza a entender por qué este rincón de Belice se ganó un lugar en la agenda de quienes buscan mar, arrecife y un pueblo que todavía se puede caminar sin apuro. Quien prefiera ir más relajado, puede tomar el ferry: una hora y media de navegación con la misma recompensa al final del trayecto, según el itinerario que circula entre los operadores locales.
Un pueblo a escala humana, con carrito de golf
Acá en San Pedro el tiempo se mide de otra manera. El centro tiene dimensiones que invitan a dejar el reloj en el bolsillo y animarse a caminar entre restaurantes, puestos de artesanías y tiendas de buceo. Para los trechos más largos aparecen los carritos de golf, verdadero símbolo del lugar: circulan por las calles como si fueran parte del paisaje, sin ruidos a explosión, casi como un suspiro. Esa combinación de caminata corta y traslado en carrito es, a la vez, lo que define el ritmo del pueblo y lo que permite organizar jornadas completas sin depender de un auto.
Hol Chan y Shark Ray Alley: el arrecife a flor de agua
Entre las excursiones clásicas figura la navegación hacia la Reserva Marina de Hol Chan y Shark Ray Alley. Una vez en el agua, con máscara y snorkel, el visitante se cruza con tortugas, bancos de peces de colores, corales bien conservados y, en el tramo conocido como Shark Ray Alley, con tiburones nodriza y rayas que se mueven con una tranquilidad sorprendente. Quienes se quedan en la superficie suelen tener un premio extra: delfines que aparecen a metros de la embarcación y acompañan la salida durante varios minutos, según relatan los guías de la zona.
El Gran Agujero Azul: bajar 120 metros o mirarlo desde el aire
Para los amantes del buceo, la gran cita es el Gran Agujero Azul, un sumidero submarino rodeado de coral, de 300 metros de diámetro y 120 metros de profundidad. Los que se animan al descenso se encuentran con paredes verticales y formaciones de estalactitas y estalagmitas que cuentan, capa por capa, la historia geológica del lugar. Para quienes no bucean -o simplemente quieren otra perspectiva- existen sobrevuelos panorámicos que permiten apreciar el círculo perfecto desde el aire y dimensionar por qué este sitio es una de las postales más buscadas del Caribe.
Secret Beach y la cocina del mar, al atardecer
La jornada de playa tiene un clásico propio: Secret Beach, del lado oeste de la isla, donde el agua cambia de color según la luz y los locales aprovechan para montar una propuesta gastronómica singular. Entre las 17 y las 20, seis establecimientos ofrecen un recorrido de comida típica que bien vale organizar con tiempo. La mesa puede arrancar con ceviches y camarones con salsa de coco, seguir con empanadas de pescado y cerrar con los fry jacks, unas tortas fritas esponjosas que comparten raíz con las que se comen en buena parte de Centroamérica. La recomendación de siempre es llegar con hambre y sin apuro.
Para terminar, un dato práctico que ahorra sorpresas: el inglés es el idioma oficial de Belice, aunque también se hablan otras lenguas en distintas regiones. Conviene tener a mano algunas frases básicas y, sobre todo, paciencia para entender los acentos del Caribe, que suelen ser tan cálidos como el agua que rodea San Pedro. Con esa pequeña dosis de previsión, el resto se deja llevar: el ferry, la avioneta, el carrito de golf y el snorkel hacen el resto del trabajo.
