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Lunes, 5 de octubre de 2026
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Cuando el amor se vuelve ronda: cómo notar si el afecto deja poco aire propio

Una revisión de 102 estudios encontró asociaciones entre dependencia emocional, baja autoestima y otras formas de malestar. Las especialistas aclaran que los resultados no sirven para etiquetar a nadie y que revisar la vida cotidiana sigue siendo la mejor brújula.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · · hace 1 h
Cuando el amor se vuelve ronda: cómo notar si el afecto deja poco aire propio

Acá en Chimbas, mientras.doña Ester barre la vereda y me cuenta que su hija volvió a cancelar el café con las amigas porque el novio se enojó por algo del grupo de WhatsApp, pienso en cuántas veces escuché esa misma escena repetida en distintos tonos. Una quiere, otra quiere, y mientras tanto las amistades se van espaciando hasta casi desaparecer. El afecto está, pero algo se corre de lugar. Esa sensación que muchas personas describen como "no puedo vivir sin él" o "sin ella no soy nada" tiene nombre y, sobre todo, tiene consecuencias que vale la pena revisar.

Una revisión de 102 investigaciones publicada en 2026 encontró asociaciones entre dependencia emocional, autoestima baja, violencia psicológica y dificultades relacionadas con el apego. Lo curioso es que los trabajos analizados usaron definiciones distintas entre sí, así que sus resultados no permiten señalar una causa única ni sirven para diagnosticar a una persona ni para equiparar dependencia emocional con amor maníaco o con la llamada adicción al amor. La dependencia emocional, además, no figura como diagnóstico independiente en los principales manuales de salud mental: describe patrones de relación, no una enfermedad.

Señales que aparecen en lo cotidiano

Dejar una salida con amigas para evitar una discusión, callar una necesidad por miedo a una separación o necesitar aprobación para tomar decisiones chicas son escenas que, cuando se repiten, merecerían una pausa. Para separar el acompañamiento de algo más enquistado, sirve observar esas situaciones, no las horas compartidas ni la fuerza del enamoramiento, aclaran porque el afecto no se diagnostique cuando justamente hay afecto, de por qué. La American Psychological Association sostiene que tanto la intimidad como la cooperación pueden darse sin presencia de uno mismo. Pedir compañía se acompaña de una diferenciación. La diferencia aparece cuando sostener la relación implica social de manera persistente amistades, responsabilidades o intereses propios.

  • Cómo se resuelven los desacuerdos dentro de la pareja, más allá de quién grita más fuerte.
  • Qué lugar ocupan las amistades, la familia y los proyectos propios en la vida cotidiana.
  • Si las decisiones laborales, los gastos o los planes se consultan por ganas o por miedo a una reacción.
  • Si las diferencias aparecen cuando un compañero de trabajo se equivocó, se imagina que ningún proyecto es posible sin esa persona o se lo considera incapaz de equivocarse.
  • Si aparecen cambios en el descanso, el trabajo, los vínculos sociales o la concentración.

También importa qué lugar ocupa la pareja en el bienestar personal. Considerarla incapaz de equivocarse o imaginar que ningún proyecto es posible sin ella puede dificultar el reconocimiento de las propias necesidades, y estos pensamientos pueden convivir con el afecto; lo que hay que mirar es si aparecen cambios en el descanso, en el trabajo, en los vínculos sociales o en las decisiones. Pedir compañía durante una dificultad o compartir una preocupación no supone, por sí mismo, perder autonomía, aclaran las profesionales, porque la autonomía se construye justamente con esos gestos.

Lo que aporta la revisión y lo que no

La revisión de 102 estudios aporta un mapa: encontró asociaciones entre dependencia emocional, autoestima baja, violencia psicológica y dificultades relacionadas con el apego, aunque los trabajos usaron definiciones diversas. Sus resultados no establecen una causa única ni sirven para diagnosticar a una persona ni permiten equiparar dependencia emocional, amor maníaco y adicción al amor. Por eso, antes de encasillar a nadie o de encasillarse, conviene revisar la propia vida con la misma paciencia con la que doña Ester revisa sus plantas del balcón, todos los días, aunque a veces no haya ganas. El apoyo afectivo puede convivir con límites y proyectos propios, sin que una sola persona cargue con toda la responsabilidad por el bienestar de la otra, y eso, lejos de enfriar el vínculo, suele darle un aire más liviano y más verdadero.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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