Cuatro décadas buscando a Rick Blaine: las tentativas que intentaron prolongar el mito de Casablanca
Warner Bros. sondeó al menos cuatro proyectos —desde una secuela inmediata hasta un regreso propuesto por la propia familia del estudio— sin lograr que ninguno sobreviviera al peso del clásico de 1942.
El precio de intentar prolongar Casablanca se mide en guiones abandonados, directores que dieron un paso atrás y actrices que se fueron antes de tiempo. A lo largo de casi cuatro décadas, Warner Bros. exploró al menos cuatro vías distintas para darle continuidad o remake al clásico de 1942, y ninguna prosperó: una secuela de posguerra titulada Brazzaville, un remake que François Truffaut rechazó de plano en 1973, una continuación escrita por uno de los guionistas originales en los años ochenta y un intento posterior de la familia fundadora del estudio. La cosecha de tentativas terminó siempre en la misma bodega vacía.
El primer intento, a la sombra del estreno
El primer movimiento llegó casi en simultáneo con el estreno original. El estudio comenzó a desarrollar una secuela bautizada Brazzaville, con guion encargado a Frederick Stephani. La premisa era ambiciosa: recuperar a Humphrey Bogart como Rick, a Claude Rains como el capitán Renault y a Sydney Greenstreet como Ferrari, retomando la conversación final de la película y explorando el futuro del protagonista sin Ilsa. El proyecto se vino abajo cuando los responsables entendieron que uno de sus giros centrales —revelar que Rick y Renault habían sido agentes aliados desde el principio— contradecía la evolución de ambos personajes en el film de 1942.
Truffaut dijo que no, y el remake se enfrió
En 1973, el estudio cambió de táctica y apostó por un remake. El nombre que encabezaba la lista era el de François Truffaut. El cineasta francés rechazó la propuesta con un argumento que, de tan sencillo, terminó funcionando como diagnóstico de toda la operación: encontrar actores capaces de reemplazar a Humphrey Bogart e Ingrid Bergman era prácticamente imposible, y el afecto del público estadounidense por la película volvía aún más difícil justificar una nueva versión. La negativa de Truffaut enfrió la iniciativa y dejó al estudio sin reemplazante credible.
La secuela del guionista original y la muerte de Bergman
El intento más elaborado llegó en los años ochenta, de la mano de Howard Koch, uno de los guionistas del film de 1942. Koch escribió el tratamiento de una secuela titulada Return to Casablanca, ambientada dos décadas después y centrada en Richard, el hijo de Rick e Ilsa, que descubría su origen y viajaba a Oriente Próximo en busca de su padre biológico. El plan contemplaba a Ingrid Bergman como Ilsa madura. La muerte de la actriz en 1982 obligó a reformular el planteamiento. Warner Bros. rechazó el tratamiento original y también una versión revisada que Koch presentó en 1989.
La familia Warner volvió a la carga
Años más tarde, Cass Warner —nieta de uno de los cofundadores del estudio— retomó la idea e intentó relanzarla. La respuesta volvió a ser negativa, aunque desde el estudio dejaron una puerta entreabierta: el proyecto se reconsideraría si aparecía un director dispuesto a llevarlo adelante. Esa condición,, es la mejor síntesis del problema: no faltan guiones ni ganas; falta quien se anime a firmar la planilla detrás de Bogart y Bergman.
La resistencia de Casablanca a cualquier continuación no responde, entonces, a falta de iniciativa sino a un problema estructural: el impacto del film descansa en un final que no pide réplica. Y aquí aparece la pregunta que ningún ejecutivo terminó de responder: si el público ya tiene elRick, el Renault y la Ilsa que quiere, quién paga la cuenta de una segunda vuelta que, por definición, llegará siempre detrás del original.
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