Diego Leuco y Sofi Martínez se volvieron a cruzar en la tele y él terminó confesando lo que siente
La expareja participó de un cuestionario cruzado en un programa de entretenimiento: hablaron de silencios en redes, de mensajes borrados sin enviar y de la costumbre de los domingos que, según él, todavía le pesa.
Yo estuve mirando el segmento con la misma mezcla de curiosidad morbosa y ternura que cualquiera que haya terminado una relación larga y sepa lo que es cruzarse al otro en la pantalla, aunque sea chica y lejísimos. Diego Leuco y Sofi Martínez, que fueron dupla profesional y pareja durante casi ocho años antes de separarse en 2024, aceptaron sentarse uno frente al otro para responder preguntas cruzadas sobre su propia historia, y el resultado fue de esos ratos de televisión en los que uno termina encariñándose con dos desconocidos que, sin embargo, parecen estar hablándole a la tribuna entera.
Antes que el show arrancó ya se notaba la incomodidad mansa de dos personas que se quieren pero que aprendieron a tratarse con cuidado, y la verdad que al conductor del ciclo le salió bien la propuesta, porque cuando un tema es íntimo y los protagonistas están dispuestos a abrirse sin pasarse de rosca, el televidente termina enganchado sin siquiera proponérselo. Lo que vi fue eso: dos periodistas contándose en público lo que seguramente ya se habían dicho en privado, pero esta vez con un público que tomaba nota.
Lo que Sofi hizo con el celular y lo que Diego borró sin mandar
El cruce más fuerte del segmento tuvo que ver con las redes sociales, que es donde hoy en día se cocina casi todo lo que queda de un vínculo. Sofi fue tajante y no se anduvo con vueltas: contó que el mismo día de la separación silenció a Diego en todas sus plataformas y que, hasta hoy, él no vuelve a aparecer en su feed. Lo justificó con una frase que me pareció de lo más honesta que escuché en mucho tiempo, algo así como que le resultaba preferible silenciarlo a eliminarlo, como si borrar fuera un paso más definitivo y el silencio, en cambio, le permitiera mantener abierta alguna puerta sin exponerse demasiado.
Diego, por su parte, reconoció que esa decisión a él lo sigue molestando, y que tenerla silenciada es una de esas molestias chiquitas que van sumando hasta volverse insoportables. Ahí nomás contó otra perlita que me dejó pensando: dijo que escribió millones de mensajes que después borró antes de mandarlos, y cuando le preguntaron por qué, contestó, casi con picardía, que él es de escribir largo, que le salen textos enteros que después descarta porque sabe que no es el momento. Ella lo celebró entre risas y le dijo que tiene talento para eso, para la palabra escrita y para el gesto medido. La imagen del tipo sentado frente al celular armando párrafos que después aprieta borrar me parece de las cosas más humanas que vi en televisión en los últimos meses.
La respuesta que Leuco no pudo esquivar
“Muchas veces, sí. Más veces sí que no.”Diego Leuco, cuando le preguntaron si la extraña en el plano sentimental
Hasta ese momento del programa la cosa venía jugada con humor, pero cuando el conductor le preguntó, derechito, si todavía la extrañaba como se extraña a la pareja y no como se extraña a un compañero de trabajo, Diego intentó primero zafar con una sonrisa, miró hacia un costado como pidiendo tiempo, y cuando entendió que no tenía salida, soltó esa frase corta que a mí me resonó bastante: que la extraña muchas veces y que más veces sí que no. No lo dijo con dramatismo ni con ganas de armar un escándalo, lo dijo con la voz cansada de alguien que ya asumió que eso le pasa y que contarlo en público es, en cierto modo, una forma de dejar de cargarlo solo.
Antes, en otra de las preguntas, él había intentado explicar de qué manera concreta la extraña, y ahí apuntó a algo que me pareció muy revelador: dijo que lo que más nota ahora que están separados es la energía que Sofi tiene los fines de semana, esa vitalidad de los domingos a la mañana que, según contó, durante la convivencia era lo que le marcaba el ritmo del día libre. Es el tipo de costumbre que uno echa de menos sin poder explicarla del todo y que, cuando finalmente la nombra, aparece como obvio, como si todo el mundo supiera que eso era lo que iba a terminar faltando.
El truco del celular con las fotos y el día que ambos borrarían
- Sofi Martínez reveló que no eliminó las fotos de la pareja, pero configuró el teléfono para que la cara de Diego no aparezca en los recuerdos automáticos del sistema.
- Leuco reconoció que esa decisión práctica de ella le generó, al principio, una sensación rara, aunque después la entendió como una manera elegante de no borrar del todo.
- Sobre qué día borrarían si pudieran, ambos coincidieron, y él lo dijo textualmente: no hubo días tristes en la relación, pero si pudiera apretar el botón, elegiría el día de la separación.
- Ella, en cambio, evitó dar precisiones sobre la fecha puntual y se quedó en la idea general de que prefiere mirar hacia adelante antes que elegir un día para eliminar.
A mí este tipo de cruces televisivos entre exparejas me dejan siempre con la misma sensación ambigua: por un lado, pienso que son una manera bastante sana de cerrar un capítulo en público, de poner en palabras algo que muchas veces queda dando vueltas en el Whatsapp durante meses; por el otro, me pregunto si no termina siendo una forma elegante de abrir preguntas nuevas, sobre todo cuando uno de los dos confiesa que todavía extraña al otro. La verdad es que no tengo una respuesta cerrada, y sospecho que tampoco la tienen ellos, porque si la tuvieran, probablemente no estaríamos hablando de esto. Pero ojo, no todo tiene que terminar en conclusión: a veces alcanza con que dos personas se digan lo que sienten delante de cámara y se permitan, al menos por un rato, ser honestos sin que eso se vuelva un papelón.
Lo que me llevo del segmento es eso, la imagen de dos periodistas laburando sobre un tema que, en realidad, no termina de ser trabajo: su propia vida. Y si me apuran, me quedo con la frase de Diego Leuco, que es la que más me mueve y la que mejor resume lo que se vio anoche en el programa, esa de que muchas veces sí la extraña y que más veces sí que no. Es una manera de querer sin exagerar, una manera de admitir sin hacer show, y a mí, lector, eso es lo que más me gusta cuando la televisión deja de tirar golpes bajos y se anima a mostrar a la gente como es, con sus silencios en redes, con sus mensajes borrados y con sus domingos en los que todavía sobra una silla.
