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Garbanzos con calamares: un guiso de veinte minutos que se disfruta mejor al día siguiente

La combinación de legumbres y mariscos, tradicional en la cocina de costa, se vuelve accesible con productos en conserva y un sofrito clásico. Una opción rendidora, equilibrada y pensada para llevar al trabajo.

Por Sebastián MalleaMinería · 10 de septiembre de 2026 · hace 2 h

La cocina de costa suele asociarse con preparaciones largas y técnicas que parecen reservadas a los fines de semana. El cruce entre legumbres y mariscos, sin embargo, admite una versión rápida y de resultados sólidos cuando se trabaja con garbanzos ya cocidos (sea de conserva o remojados el día anterior) y con calamares limpios listos para el fuego.

En concreto, el tiempo activo de cocinado ronda los veinte minutos, una cifra que rompe con la fama de plato laborioso que suelen cargar estas recetas. La clave está en apoyarse en un sofrito (base aromática rehogada en aceite) de cebolla, ajo y tomate bien concentrado antes de sumar el resto de los ingredientes.

Una base simple y un hervor final breve

  • Sofrito de cebolla picada, ajo y tomate, cocinado a fuego medio hasta que el conjunto reduce y queda denso.
  • Salteo rápido de los calamares cortados en aros o trozos, apenas lo necesario para que tomen color.
  • Incorporación de los garbanzos escurridos y de caldo de pescado, que puede ser casero o envasado en tetrabrik (envase de cartón multilayer para líquidos).
  • Hervor final de pocos minutos, suficiente para integrar sabores y obtener un guiso corto de líquido, más cercano a un salteado húmedo que a una sopa.

La paciencia, en todo caso, llega después. El plato gana complejidad al día siguiente, ya que las legumbres absorben el caldo y los sabores se asientan. Esta característica lo convierte en una preparación rendidora para quienes Cocinar (cocinar) de noche y buscan un almuerzo consistente en el trabajo: el guiso conserva su textura en recipiente hermético y no se reseca al recalentarlo.

Cefalópodos intercambiables y perfil nutricional

El calamar no es la única opción. La sepia aporta una textura más firme y un sabor ligeramente más intenso; los chipirones, por su tamaño menor, se cocinan en menos tiempo y quedan tiernos siempre que no se pasen de calor. Las tres variantes llevan al mismo resultado y permiten ajustar el plato según disponibilidad y presupuesto.

En lo nutricional, el maridaje de proteína vegetal de la legumbre con proteína magra del marisco y un bajo contenido graso ubica a esta preparación entre las más equilibradas de la cocina de cuy (de olla) mediterránea. La próxima fecha que hay que mirar es la próxima compra en la pescadería: conviene revisar qué cefalópodo está más fresco y decidir si se va por el calamar clásico, la sepia firme o los chipirones tiernos.

SM

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