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Inflamación y cansancio: cuando el plato empieza a importar más de lo que uno cree

Harvard, la Mayo Clinic y la Cleveland Clinic coinciden en que un patrón alimentario rico en verduras, frutas, legumbres, nueces y pescado es el camino mejor respaldado para moderar la inflamación crónica, un proceso silencioso que se cruza con la diabetes, la artritis y las enfermedades cardiovasculares. La evidencia sobre el agotamiento todavía es preliminar, pero la dieta completa parece pesar más que cualquier suplemento aislado.

Por Rosana LuceroSociedad y vida · 8 de septiembre de 2026 · hace 56 min

Son las ocho de la mañana acá en Chimbas y María del Carmen ya está sentada en la cocina con su mate, mirando la mesa como quien mira un problema. Tiene 52 años, trabaja en la administración de una PyME y arrastra un cansancio que no se le va ni con ocho horas de sueño. "Yo como bien, eh, no entiendo por qué estoy tan agotada", me dice mientras señala la fuente con tostadas. Esa frase, multiplicada por miles, es la que empujó a centros de investigación de peso a mirar con más atención el vínculo entre lo que se come y la inflamación crónica, ese estado en el que el sistema inmunitario se mantiene encendido en el tiempo sin una amenaza real que justifique tanto esfuerzo.

Porque la inflamación no es solo la rodilla hinchada después de un golpe o la garganta irritada por un resfrío. Cuando se vuelve crónica, se asocia con diabetes, artritis y enfermedades cardiovasculares, y empieza a colarse en conversaciones cotidianas que hasta hace poco parecían reservadas al consultorio. La pregunta que sobrevuela hoy a nutricionistas y pacientes es si cambiar el plato puede cambiar algo de ese cansancio que no cede.

El patrón que más respaldo acumula

El patrón que más respaldo acumula

Harvard, la Mayo Clinic y la Cleveland Clinic coinciden en que no hay un alimento milagroso sino una combinación estable que aparece una y otra vez en las revisiones más serias. Verduras de hoja verde, frutas de colores intensos, legumbres, nueces, semillas, aceite de oliva, pescados grasos y granos enteros. Cada uno aporta algo distinto: antioxidantes, polifenoles (esos compuestos vegetales presentes en frutas, té, cacao y aceite de oliva extra virgen) y fibra dietaria, que a su vez alimenta a las bacterias intestinales beneficiosas. Las grasas no saturadas de los frutos secos, las semillas y el pescado completan la estructura.

  • Verduras de hoja verde y frutas de colores intensos como base diaria.
  • Legumbres, nueces y semillas como fuente de fibra y grasas no saturadas.
  • Aceite de oliva extra virgen y pescados grasos por los omega 3.
  • Granos enteros en lugar de sus versiones refinadas.

Qué dice la evidencia sobre el cansancio

Qué dice la evidencia sobre el cansancio

Una revisión publicada en la revista Nutrients reunió 21 ensayos clínicos y encontró que una dieta con granos enteros ricos en fibra, vegetales con alto contenido de polifenoles y alimentos con omega 3 podría mejorar los síntomas de cansancio asociados con enfermedad. El mismo trabajo fue claro en un punto: la evidencia todavía es limitada y desigual, y los resultados se vuelven más consistentes cuando se mira el patrón alimentario completo y no un nutriente aislado en dosis altas. Traducido a la mesa de María del Carmen: no alcanza con comerse un puñado de nueces y esperar el milagro.

Del otro lado del esquema aparecen los carbohidratos refinados, las bebidas azucaradas, las carnes rojas y procesadas, los fritos y los ultraprocesados, todos asociados con mayor carga inflamatoria. Reducir azúcares añadidos, sodio y grasas saturadas integra la misma lógica, y no se trata de prohibirse nada sino de correr el foco.

Cómo empezar sin frustrarse a los quince días

Cómo empezar sin frustrarse a los quince días

La Cleveland Clinic suele advertir algo que acá en Rawson, la verdulera del barrio repite sin saberlo: los cambios bruscos rara vez se sostienen. Por eso recomienda un plazo de entre tres y seis meses para incorporar nuevos hábitos de forma gradual. El primer paso, coinciden los especialistas, es identificar los ultraprocesados y los azúcares añadidos que ya forman parte del consumo habitual y empezar a reemplazarlos, no a eliminarlos de un día para otro. La idea es construir un patrón que se pueda mantener, no una dieta que dure lo que dura un entusiasmo.

María del Carmen me mira desde la mesa, con el mate ya frío, y me pregunta algo que resume medio debate: "Entonces, ¿empiezo por las verduras o por sacar las facturas de la tarde?". Le digo, como le diría a cualquier vecina, que las dos cosas sirven, que lo importante es entender que el cuerpo no le está pidiendo un suplemento caro sino una mesa más ordenada, y que eso, con el tiempo, es lo que empieza a devolverle la energía que siente perdida.

RL
Rosana LuceroSociedad y vida

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