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Quentin Tarantino, el fan obsesivo de un estreno fugaz: cinco veces en una semana para ver una rareza ochentosa

El director estadounidense reivindicó una comedia de 1985 que apenas recaudó en taquilla y la colocó entre las mejores óperas primas de la historia del cine.

Por Emilio BravoCultura y espectáculos · 9 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Siempre me acuerdo de una frase que le escuché una vez a una cantante sanjuanina, algo así como que las películas que te cambian la vida suelen ser las que nadie mira en la sala grande, y la verdad es que cuando me topé con esta historia de Tarantino no pude más que darle la razón de punta a punta. Tarantino, nada menos que Tarantino, el tipo que reordenó el cine de los noventa con dos manos y un libreto cargado de balas, contó que durante una semana entera fue cinco veces al cine a ver una película que en ese momento prácticamente nadie vio. Y no era una rareza experimental ni un film de arte y ensayo perdido en un sótano: era una comedia de aventuras con Kevin Costner jovencísimo, rodada en 1985, titulada Fandango, escrita y dirigida por Kevin Reynolds, que en su paso por los cines estadounidenses juntó apenas 91.000 dólares de recaudación, una cifra tan chica que uno piensa automáticamente que tiene que haber algún error en el ticket.

Cinco amigos, un Chevrolet y el desierto texano

Antes de meterme en lo que dijo Tarantino, vale la pena detenerse un segundo en el lugar del que estamos hablando, porque Fandango es una de esas películas que se entienden mejor cuando uno se imagina el sitio donde transcurren. La acción arranca en una zona rural del sur de Estados Unidos, en 1972, y sigue a un grupo de cinco amigos que acaban de recibir su diploma de graduación y deciden regalarse un último viaje por carretera antes de que la vida adulta, con su servicio militar, sus novias y sus cuentas por pagar, los separe para siempre. El recorrido, plagado de estaciones de servicio, bares de ruta y paradas medio fantasmales, tiene como protagonista casi accidental a un joven Kevin Costner que interpreta a un personaje decidido a atravesar el desierto de Texas con un traje mugriento puesto, como si el esmoquin fuera una armadura emocional de esos años en los que todavía creías que te podés salvar de todo con un poco de actitud.

El detalle del esmoquin no es menor, porque es exactamente lo que a Tarantino le voló la cabeza. En una entrevista reciente con la revista Vanity Fair, el director aseguró sin tapujos que Fandango es una de las mejores óperas primas de la historia del cine y confesó haber ido cinco veces al cine a verla en la única semana que permaneció en cartelera, como subrayando el sinsentido de que una película así no haya tenido su público en el momento justo.

“La vi cinco veces en el cine, ¡y solo estuvo en cartelera una semana!”Quentin Tarantino, en Vanity Fair

Pero el párrafo donde más se nota la devoción de Tarantino es el que va sobre Costner, y la verdad que se lee con una entrega casi confesional. Dice que la señal de un actor realmente genial es que, después de ver su actuación, uno quiere actuar como él, y que en su caso eso significó querer vestirse como Costner, empezar a hablar como Costner y querer ponerse un esmoquin mugriento para dormir, orinar, vomitar, beber y sudar dentro de un coche cruzando el desierto, como si esa imagen de pibe desprolijo y a la vez magnético fuese lo más cool del mundo. Cuando lo leí no pude evitar sonreír, porque cualquiera que haya sido adolescente en los ochenta o haya visto esas películas en el cable sabe que Costner, antes de ser el guardaespaldas, el jugador de béisbol muerto o el sheriff texano de Yellowstone, tenía una especie de encanto desprolijo en sus primeros papeles que después, ya convertido en estrella, se le fue apagando.

Reynolds, el director al que Tarantino quiso convertir en Kubrick

El otro vértice de la historia es Kevin Reynolds, el director, porque a Tarantino le gustó tanto lo que vio en Fandango que en los años noventa llegó a proclamarlo como el futuro Stanley Kubrick de su década. La frase es de las que quedan flotando en la historia del cine, porque después uno mira la carrera posterior de Reynolds y se da cuenta de que la profecía no se terminó de cumplir. Sí es cierto que Reynolds volvió a trabajar con Costner en proyectos enormes, entre ellos Robin Hood, príncipe de los ladrones en 1991 y Waterworld en 1995, esta última atravesada por unas fricciones entre ambos durante el rodaje que después, con los años, se fueron acomodando y quedaron más como una anécdota de producción que como una pelea real.

Reynolds y Costner también coincidieron mucho después en la miniserie Hatfields & McCoys, que es justamente el compromiso que, según se supo después, terminó costándole el papel que en algún momento le habían ofrecido en Django desencadenado, la película de Tarantino de 2012, donde finalmente el lugar lo ocuparía otro actor. Son de esas conexiones caprichosas que a mí, como periodista, me encanta rastrear, porque hacen evidente que el cine no es solo lo que se filma sino todo lo que alrededor se cruza, se frustra y se vuelve a cruzar.

La pregunta que sobrevuela todo

Hoy, con el paso de los años, Fandango conserva ese estatus de película de culto que no necesita circuito masivo para sostenerse, y la reivindicación de Tarantino funciona casi como un espaldarazo tardío que ni el estudio ni el director llegaron a tener en 1985. Pero lo que más me interesa, y se lo dejo picando a quien esté leyendo, es algo que parece tan simple como revelador: cuántas películas como Fandango, estrenadas con bombos que nadie encendió y retiradas antes de que el público se acomodara en la butaca, se nos quedaron en el tintero simplemente porque no tuvimos un amigo tan obsesivo como Tarantino que nos arrastrara cinco veces al cine en una semana. ¿La conocías antes de leer esta nota, o es de las que llegaste a encontrar de pura casualidad, en una madrugada de cable, en una filmoteca de pueblo o en el televisor del living de tus viejos?

  • Dónde verla: la película está catalogada en plataformas digitales y suele aparecer en VHS y DVD de colección de Kevin Costner, además de circular en canales de cine clásico y en filmotecas universitarias.
  • Cuándo conviene: cualquier noche de semana en la que uno tenga ganas de un film de bajo presupuesto con alma de road movie ochentosa, ideal en sesiones de doble función acompañadas por otro título de la época.
  • Precio aproximado: depende del formato elegido, pero en general se consigue en alquiler digital por valores similares a cualquier estreno de catálogo y en DVD a precios accesibles en librerías de usados y tiendas online.
  • Para tener en cuenta: Fandango es opera prima de Kevin Reynolds y primera película protagónica de Kevin Costner, lo que la convierte en una pieza clave para entender el cine estadounidense de los años 80.
EB
Emilio BravoCultura y espectáculos

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